Investigaciones no publicadas sugieren que la estancia en un hospital nos debilita tanto que, en lugar de devolvernos la salud, nos hace más propensos a enfermar de nuevo despues de recibir el alta.

Un profesor de la Universidad de Yale en Estados Unidos considera que es necesario repensar completamente la atención a los pacientes.

Cuando un hospital da el alta, tanto el médico como el paciente están unidos en la esperanza de no tener que volver a verse las caras de nuevo en un plazo breve.

Pero desde hace tiempo se sabe que alrededor de una quinta parte de los pacientes que abandona un hospital en Estados Unidos regresa en menos de un mes.

En Reino Unido la cifra es inferior (7%), pero las readmisiones le costaron al Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés) US$3.580 millones durante el año fiscal 2012-2013.

En ambos países, y en muchos otros, las tasas de readmisión son consideradas como una medida de la calidad de la asistencia sanitaria provista por un hospital.

Pese a ello, cuando el doctor Harlan Krumholz, del Centro de Investigación y Evaluación de Resultados de la escuela de Medicina de la Universidad de Yale, consultó a los médicos acerca de las readmisiones obtuvo una respuesta más bien curiosa.

Hospitales

“Ellos decían: ‘¿Cómo me puede culpar cuando ellos regresan con neumonía después de haber estado ingresados por un problema del corazón? Nosotros nos hicimos cargo de la afección cardíaca, no es nuestra culpa que hayan regresado con neumonía'”, recuerda el experto.

El estrés hospitalario

Las causas por las que los pacientes vuelven a los hospitales son diversas y se relacionan con sus sistemas inmunológicos, funciones cognitivas, fuerza, metabolismo y sistema respiratorio.

Es como si se encontraran mental y físicamente por debajo de su estado de salud normal, desequilibrados, desfasados.

Krumholz se preguntó si sería posible que la experiencia de ir al hospital hubiera hecho a los pacientes más vulnerables a la enfermedad y a los accidentes.

En una serie de artículos en las revistas académicas de medicina más respetadas, el investigador ha desarrollado el concepto de “síndrome post-hospitalario” (PHS, por sus siglas en inglés), al que define como “un periodo adquirido, transitorio, de riesgo generalizado”.

“Mi hipótesis es que esto ocurre por el efecto acumulado de muchas afrentas al cuerpo, de todo el estrés procedente de muchas direcciones distintas”, apunta.

“¿Qué les hacemos? Les privamos de sueño, los alimentamos mal, les estresamos, alteramos sus ritmos circadianos (que regulan las horas de sueño y de vigilia), los obligamos a quedarse en una cama y los dejamos fuera de forma, los confundimos (al ponerlos en contacto) con un montón de personas distintas y nuevas rutinas y no les damos ningún control (sobre lo que ocurre)”.

Un estudio reciente, que aún no ha sido publicado, apoya la teoría de Krumholz.

El doctor Paul Kuo, jefe de cirugía del Centro Médico Universitario Loyola en Illinois, EE.UU., supervisó un estudio en el que se investigó el historial de unos 58.000 pacientes que habían sido ingresados en centros médicos de California para ser operados de una hernia.

Cuidado hospitalario

El equipo de investigación identificó a un subgrupo de 1.332 pacientes que habían estado hospitalizados en los 90 días previos a la operación.

Hallaron que en los 30 días siguientes a la intervención quirúrgica, este grupo tenía casi el doble de probabilidades de visitar la emergencia y eran cinco veces más propensos a tener que ser ingresados en el hospital como pacientes.

Parecía como si su estancia previa en el hospital los hubiera destonificado, haciéndoles más vulnerables a las complicaciones que pudieran derivarse de la operación de la hernia, pese a que éste es un procedimiento muy directo, que se hace en un día.

Campo de batalla

Una de las ideas de esta investigación apunta a que los doctores de los hospitales deberían resistir la urgencia por curar a los pacientes en rápida sucesión y deberían reservar cierto tiempo para la recuperación postoperatoria.

“Estos hallazgos están generando nuevas hipótesis”, indica Paul Kuo y sugiere que nuevos estudios clínicos son necesarios para entender qué está causando el “síndrome post-hospitalario” y confirmar si existe un vínculo entre el PHS y las tasas de readmisión en los hospitales.

Pero Krumhloz piensa que, más que estudiar el problema, los profesionales de la salud deberían arreglarlo. Para él, es urgente mejorar la experiencia de los pacientes durante su estancia en el hospital, tanto como combatir las infecciones propias de los centros sanitarios.

En un artículo escrito junto con el doctor Allan Detsky de la Universidad de Toronto, Canadá, el profesor de Yale enumera una larga lista de opciones para reducir el estrés de los pacientes y deja las siguientes preguntas:

¿Por qué son tan impersonales los hospitales? ¿Por qué su personal no puede ser un poco más alegre, como los que trabajan en las salas de ingreso de niños? ¿Por qué en la actualidad les hacen pruebas de sangre a los pacientes tan frecuentemente? ¿Por qué la comida en los hospitales es tan poco apetitosa?

En lugar de pensar en el hospital como un lugar para sanar, Krumholz dice que sus colegas lo ven como un campo de batalla. El personal médico piensa en “combatir” contra la enfermedad y las heridas, y en esta lucha las cortesías cotidianas quedan completamente al margen.

Kate Granger

Krumholz añade que el sistema hospitalario se ha desarrollado para servir a la gente que trabaja en los centros de salud, no a sus clientes.

Como ejemplo cita los casos de las rondas matutinas en las que los médicos les dicen a sus pacientes que por la tarde los visitarán para conversar con más tiempo o examinarlos detenidamente.

Pero como no se especifica ninguna hora, el paciente, y a veces su familia, se queda esperando horas sin moverse de su cama por miedo a que el doctor no lo encuentre.

“Eso funciona para nosotros, el decir ‘estaré ahí cuando esté ahí’, pero honestamente es una suerte de abuso de poder”, dice Krumholz.

Experiencia propia

La mayoría de los especialistas en el campo de la salud termina, eventualmente, convirtiéndose en pacientes.

Esto ocurrió con la doctora británica de 29 años Kate Granger, quien fue diagnosticada con una rara clase de cáncer.

“A veces me sentía como si no tuviera un rostro, era simplemente la joven del cáncer raro”, indica Granger y recuerda las visitas de grupos de médicos y estudiantes que la observaban durante las rondas.

Kate GrangerKate Granger recibió una condecoración de la Orden del Imperio Británico en junio de 2015.

“Uno se siente vulnerable, sabe que no se ve bien, estás en pijamas, y de repente tienes toda esa gente parada alrededor tuyo”.

Pero lo que cambió completamente su percepción fue un portero del hospital que se presentó ante ella luego de haber sido readmitida en Emergencias con una infección postoperatoria. En ese momento se dio cuenta de que muy pocos doctores y enfermeras habían tenido la misma cortesía con ella.

Entonces Granger contó en un tuit su experiencia con el hashtag #hellomynameis(hola mi nombre es) y muy pronto un gran campaña se lanzó para que todo el personal médico de Reino Unido se presente ante sus pacientes.

“Es una gran muestra de compasión, porque si te presentas, eso significa que ves frente a ti a un ser humano, conectas con él; si no te presentas, lo que estás haciendo es esconderte detrás del anonimato de todo el sistema de salud”, opinó la doctora quien, cuatro años después de que le diagnosticaran el cáncer, continúa con su campaña para mejorar el trato en el sistema de salud británico.

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