¿Te pones mal humor cuando tienes hambre? Hay una explicación científica para esto.

La comida que ingerimos, carbohidratos, proteínas y grasas, se transforman en azúcares (como la glucosa), aminoácidos y ácidos grasos que el cuerpo utiliza como energía.

Entre más tiempo pasa entre una comida y otra, el nivel de estos nutrientes en la sangre baja y si se reduce demasiado el cerebro lo percibe como si se tratara de una situación amenazante porque este órgano depende especialmente de la glucosa para funcionar.

La falta de glucosa se manifiesta en situaciones que quizá has experimentado. Cuando tienes hambre te puede resultar más difícil concentrarte y eres más propenso a cometer errores, por ejemplo.

Otra cosa que te puede pasar cuando has pasado mucho tiempo sin comer es que se te dificulte comportarte dentro de las normas sociales aceptables. Quizá puedas evitar ser malhumorado con colegas importantes, pero seguramente reaccionarás explosivamente con personas con las que tienes una relación más cercana.

Además, cuando baja el nivel de glucosa en la sangre, el cerebro le envía señales a varios órganos para que sinteticen y liberen hormonas que incrementarán los azúcares.

Entre esas hormonas están la epinefrina y el cortisol, que también se liberan en situaciones de estrés y nos hacen reaccionar de manera defensiva en situaciones que podrían amenazar nuestra vida.

Por último, tanto el hambre como el enojo son controlados por genes comunes que producen el neuropéptido Y, un químico natural que estimula patrones de alimentación voraces y que además dispara las acciones agresivas.

¿Cómo prevenirlo?

La forma más fácil es comer antes de que tengas demasiada hambre. Aunque te provoque comer comida chatarra, que en principio te puede hacer sentir mejor porque estos alimentos elevan rápidamente el nivel de azúcar en la sangre, la glucosa reduce con la misma velocidad. Por eso es mejor optar por otro tipo de alimentos más nutritivos.

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