En los lineales de los supermercados ya llevan décadas, usualmente cerca de las bebidas hidratantes y justo enseguida de los refrescos, ¿pero tienen estos productos alguna similitud con las bebidas energizantes? La verdad es que sí, existen algunas similitudes, pero no deben confundirse nunca porque ni producen el mismo efecto y menos aún contienen las mismas sustancias.

Cuando se habla de bebidas energéticas, llamadas también bebidas hipertónicas o en inglés energy drinks, se refiere a una bebida sin alcohol que posee propiedades estimulantes. Por su contenido elevado en azúcar y cafeína, así como la notable presencia de sustancias como la taurina, el ginseng, el guaraná o el extracto de té verde; reducen la sensación de cansancio o agotamiento e incluso pueden producir euforia.

En los últimos años su popularidad ha aumentado, especialmente promovida por campañas publicitarias de gran alcance, pero en muchos países se encuentran de forma masiva desde hace unas dos décadas. Una de las pioneras, apareció a principios de los sesenta por primera vez y desde entonces se convirtió en imprescindible para los estilos de vida desenfrenados y estresantes, marcados por un demencial ritmo laboral.

Son varias fuentes las que atribuyen la llegada de estas bebidas energéticas al vacío que en el mercado dejaron las anfetaminas al ser retiradas en países como Japón y Estados Unidos, luego que muchos soldados consumieran masivamente esta sustancia durante la Segunda Guerra Mundial y algunos de sus derivados por el común de la población.

Los pros y los contras del consumo de bebidas energéticas

La combinación de ingredientes que tienen, con pocas diferencias entre una marca y otra, es el causante de que su consumo produzca efectos sobre el agotamiento y la fatiga, disminuyéndolos o disfrazándolos. También actúa sobre la capacidad de reacción o el estado consciente e inconsciente de alerta en nuestro cuerpo. Básicamente, lo que provocan, es que una persona no se duerma, soporte mejor el cansancio y prolongue su trabajo o diversión por más tiempo.

Pero contrario a lo que su nombre sugiere, estas bebidas no aportan más energía, o por lo menos no más de lo que una lata de coca-cola aportaría. Lo que hacen es inducir ese efecto “energizante” que las caracteriza y que “ayuda” a muchas personas en sus actividades diarias, pero nada más. No obstante, los beneficios aparentes que proporcionan son objeto de múltiples discusiones.

Consumir una sola lata de bebida energética de tamaño normal, equivale a consumir dos tazas de café expreso, unas tres o cuatro latas de coca-cola o cuatro tazas de café de filtro, teniendo en cuenta solamente el contenido de cafeína. En azúcar, aunque puede variar su cantidad entre marcas, se podría estar tomando más o menos trece cucharas.

Ingerir varias latas en un corto lapso de tiempo o incluso habituar su consumo a lo largo de períodos, puede causar sobredosis de cafeína manifestándose con síntomas como taquicardia, insomnio, hipertensión  e incluso llegar en casos extremos, aunque poco frecuentes, a provocar la muerte. Y puede también ocasionar efectos con menos lesiones, pero de igual manera preocupantes, como elevar los niveles de estrés, ansiedad o nerviosismo.

Por lo tanto, el consumo de estas bebidas energéticas se debe hacer con absoluta responsabilidad, siendo conscientes de los ingredientes que las componen, la cantidad de los mismos y sus efectos tanto aparentemente buenos como malos pueden ocasionar. Su ingesta no está recomendada para menores de edad, mujeres embarazadas o lactantes, personas sensibles a la cafeína, con deficiencias cardíacas o trastornos neurológicos.

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FUENTEBON VIVEUR
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