Muchas especies animales tienen sus propias formas de hacer las cosas: sea respecto a la forma favorita de capturar comida, utilizar una herramienta o, sí, incluso aprender un dialecto local.

En los últimos años, estos indicios han llevado a señalar que las orcas, los chimpancés y algunos tipos de aves podrían tener un componente cultural en sus vidas, similar al de los humanos. Y, ahora, los cachalotes podrían sumarse a la lista.

Un nuevo trabajo, publicado en el journal académico Nature Communications, sugiere que esta especie de ballenas comparte un aprendizaje social –en lugar de pura transmisión genética–, y que esta cultura compartida es clave para que estos mamíferos gigantes se adhieran a distintos clanes.

El estudio comenzó en 2013, por iniciativa de Mauricio Cantor, profesor de biología en la Universidad Dalhousie, en Canadá, e involucró a otros colegas de instituciones internacionales para recolectar y analizar 30 años de trabajos de observación de campo sobre los cachalotes que viven en los océanos que rodean las Islas Galápagos.

Colocando todos los datos en las computadoras, los investigadores crearon escenarios simulados que pudieran generar cantos de ballenas, y luego dejaron que esta población simulada evolucionara durante miles de años.

“Estos modelos nos permiten hacer suposiciones informadas sobre qué genera clanes con distintos ‘dialectos'”, dice Cantor. Pero su equipo fue un paso más allá: si estos ‘dialectos’ se enseñan socialmente, y se comparten entre los miembros de los clanes, ¿podríamos realmente hablar de una cultura compartida entre ballenas?

La posibilidad de que los animales sean capaces de compartir su propia cultura ha sido un tema controversial durante los últimos 15 años, especialmente para los antropólogos, que descreen de la idea de que las ballenas, delfines, simios, elefantes y algunas aves podrían ser más parecidos a nosotros de lo que imaginamos.

“No sugerimos que la cultura animal sea igual de diversa, simbólica y acumulativa que las culturas humanas”, dice Cantor. “Pero, igual que nosotros, los animales pueden descubrir cosas nuevas, aprender, copiarse uno al otro, y transmitir esa información a otras generaciones”.

Las investigaciones actuales son cada vez más persuasivas en este sentido. Otros estudios, por ejemplo, mostraron que los complejos cantos de las ballenas jorobadas –diferentes en todas las regiones– cambian tan rápidamente que solo la enseñanza social podría explicar su evolución. También se ha observado cómo las orcas le enseñan a otros ejemplares de su especie trucos de caza.

Sin mencionar que, de hecho, un trabajo anterior ya había llegado a los mismos resultados que el de Cantor. En 2011, los reconocidos investigadores de Hal Whitehead, de la Universidad de Dalhousie y Luke Rendell de la Universidad de St. Andrews en Escocia, llegaron a la misma conclusión en un estudio publicado en Behavior Genetics.

Por su parte, Cantor espera que, al verse más reflejadas en los animales, las personas comenzarán a pensar más en el medio ambiente y, quizá, llegar a actuar en sus esfuerzos de conservación.

¿Qué te parece? ¿crees que los animales son capaces de desarrollar y transmitir su propia cultura? Cuéntanos en los comentarios.

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