El cloroformo es un líquido incoloro altamente volátil, dulcemente perfumado, que es más conocido por su uso histórico como anestésico, aunque este empleo se ha ido abandonado debido a preocupaciones sobre su seguridad. Hoy en día, el cloroformo se usa en una variedad de procesos industriales, incluyendo la fabricación de productos químicos, refrigerantes y disolventes.

Si bien es relativamente estable, también es tóxico y debe ser manejado con cuidado.

La exposición directa puede causar daños a la salud de varios órganos importantes.

Altas concentraciones pueden producir dolores de cabeza, mareos y problemas gastrointestinales, como náuseas y vómito.

El principal efecto sobre la salud es la depresión del sistema nervioso después de una inhalación aguda. En casos severos, esta acción puede llevar a un paro respiratorio.

Inhalado, también puede causar irregularidades en los latidos del corazón, las cuales pueden llegar a ser mortales y causar a largo plazo daño en los riñones y el hígado. Además, el cloroformo se ha clasificado como un potencial cancerígeno.

En los últimos años, nuevos anestésicos han sustituido al cloroformo en la sala de operaciones.

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