Oscura estrella del estallido financiero de 2008 en todo el mundo, la llamada “banca en la sombra” está otra vez en la picota.

El sector cumple un clásico rol de intermediario entre un inversor que quiere rentabilizar sus fondos y un prestatario que necesita dinero para una proyecto, pero el nombre con que se ha popularizado llama al equívoco.

No se trata de actividades ilegales (“en la sombra”), sino de operaciones que no son suficientemente supervisadas y que, por su volumen, opacidad y ausencia de un mecanismo de rescate de última instancia en caso de que las apuestas salgan mal, conforman un cóctel capaz de producir la peor de las resacas globales.

Según Dan Steinbock, CEO del Difference Group (una red de fundaciones en Estados Unidos, China y Europa), este sector vituperado en 2008 ha recuperado su dinamismo.

“Decreció inmediatamente después de la crisis, pero en los últimos años ha crecido constantemente”, le dijo a BBC Mundo.

¿Es China el problema?
Banca en la sombra

Desde hace meses no pasa semana sin que aparezca un artículo periodístico advirtiendo sobre el impacto que podría tener un derrumbe de la banca en la sombra de China.

Sin embargo, el informe anual sobre el sector publicado por el organismo que más se parece a una estructura regulatoria mundial, el Financial Stability Board (FSB), integrado por ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales de todo el planeta, afirma que, a nivel global, el 80% de la banca en la sombra opera en el mundo desarrollado, mientras que apenas un 8% lo hace en las economías emergentes.

Según el “Informe global sobre la banca en la sombra 2015” (Global report on Shadow Banking 2015) del FSB, un 40% del sector tiene operaciones en Estados Unidos, un 21% en Francia, Alemania e Irlanda, un 11% en Reino Unido y un 7% en Japón.

En comparación, China tiene una participación minúscula: un 4%.

Anastasia Nesvetailova, directora del City Political Economy Research Centre(Cityperc) de la City University de Londres, le dijo a BBC Mundo que esta diferencia es crucial.

“Una crisis de la banca en la sombra en el mundo desarrollado tiene un alcance global que no se da con China”.

“En el caso de China podría afectar a sus inversores, su bolsa de comercio y su economía, pero no tendría efectos sistémicos mundiales”.

El eterno tema del tamaño
En el complejo sistema financiero, la debilidad de unos actores puede arrastrar al resto.

En Estados Unidos la banca en la sombra equivale a un 82% del Producto Interno Bruto (PIB), en Reino Unido a un 147% y en un país como la República de Irlanda, que ha estado en la mira por su funcionamiento como paraíso fiscal, un extravagantemente desproporcionado 1.190% del PIB.

A este alto grado de exposición interno hay que añadir el riesgo que supone la fuerte integración global del sistema financiero.

Los grandes bancos comerciales, que pertenecen al sector regulado, suelen tenerramas de inversión que forman parte de la banca en la sombra y con frecuencia prestan o piden prestado a este sector en operaciones que abarcan el planeta entero y tienen como horizonte excluyente la creación de ganancias.

Hedge Funds (fondos de cobertura de alto riesgo), firmas financieras, aseguradoras de créditos, fondos mixtos y un largo etcétera completan este complejo ecosistema en el que la debilidad de una especie puede arrastrar al resto.

Sombras invisibles
Banca en la sombra

En 2008, la cadena de pagos rota de este sector en relación con las hipotecassubprime dejó a todo el ecosistema al borde del precipicio: sólo un masivo rescate estatal evitó el colapso.

En un intento de evaluar el grado de riesgo de un sistema tan intricado, el último informe del FSB, el quinto desde su fundación, presenta por primera vez una medición limitada y una amplia del sector.

En la limitada, la banca en la sombra maneja unos US$36 billones, equivalente a la mitad del producto mundial y que ha crecido en US$1 billón en el último año.

Sus actores operan con instrumentos financieros de alto riesgo, son muy dependientes de préstamos con fondos a corto plazo o están excesivamente apalancados (sus inversiones dependen de un excesivo endeudamiento).

Los hedge funds, que manejan un 10% de la inversión global, son actores típicos de esta medición limitada.

En teoría, la medición amplia incluye a actores mucho más blindados (y poderosos) como serían los poderosísimos fondos de pensión y las aseguradoras.

La inseguridad de los seguros
El riesgo de las aseguradoras

Los fondos de pensión son el máximo inversor globalcon unos US$36 billones, equivalente a la mitad del PIB de todo el planeta.

Las aseguradoras son otro actor clave del mundo financiero con más de US$30 billones.

Las actividades de ambos están más reguladas que las de otros intermediarios financieros.

Sin embargo, según Dan Steinbock, el CEO del Difference Group, no están exentos de riesgo.

“Hay que tener en cuenta que en el actual estancamiento, los fondos de pensión y las aseguradoras, que serían más sólidas, pueden incurrir en actividades de más riesgo para mantener sus ganancias”, le comentó a BBC Mundo.

A esto se añade que el sistema financiero tiene una velocidad de innovación que supera ampliamente los reflejos y el conocimiento de las autoridades regulatorias.

Mientras éstas tratan de entender lo que pasa, el sector financiero crea nuevos instrumentos que prometen un paraíso de ganancias siderales sin riesgo.

Crisis financieraLa desestabilización de la banca en la sombra puede desencadenar en una gran crisis de cara al futuro.

Según Anastasia Nesvetailova, directora del Cityperc, uno de los grandes peligros del actual sistema financiero es esta posibilidad de contagio a los fondos de pensión.

“No sabemos lo que hacen los fondos de pensión. Quizás ellos mismos no saben por la opacidad de los productos financieros que compran”.

“La gran crisis del futuro se puede dar si un fondo de pensión o una gran aseguradora quedan vinculadas a una crisis de banca en la sombra”, le dijo a BBC Mundo.

El peligro es alto si uno compara esta situación con la famosa carrera entre la liebre (el sector financiero) y la tortuga (el sector regulador).

Sólo que, en este caso, no hay que esperar un sorpresivo final feliz y aleccionador, como en la fábula de Esopo.

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