Dicen que contra los males del amor solo se necesitan dos cosas: tiempo (para dejarlo pasar) y tierra (para ponerla de por medio).

No es mal consejo. Sin duda, el tiempo ayuda a cicatrizar toda herida física o emocional, y la distancia hace su trabajo con eso de que “ojos que no ven, corazón que no siente”.

El error…

Lo que sí es un error, es creer que podemos forzarnos a no pensar en ese amor que hemos perdido o que no es correspondido.

Hagamos un experimento…

¿Sabes cómo es un oso blanco? Bueno, intenta no pensar en un oso blanco…

Puedes hacerlo mucho mejor que eso. Inténtalo con más fuerza, ¡NO pienses en un oso blanco!

Seguro no has podido evitar pensar en un oso blanco.

Experimento del oso blanco de Wegner

Daniel Wegner, profesor de psicología de Harvard, realizó este experimento con sus alumnos. Les pidió que no pensaran en un oso blanco. Después les pidió que hablaran durante cinco minutos sobre cualquier cosa que se les ocurriera. Y, adivina qué, mencionaron un oso blanco enseguida.

Con un experimento tan sencillo como éste, se demuestra lo difícil que resulta a una persona cumplir con lo que consciente y libremente ha escogido.

En otras palabras, decidirte a no pensar más nunca en tu amor, no funcionará. Más bien, tendrá el efecto contrario, probablemente pienses en eso más de lo acostumbrado.

Este experimento es conocido como “Experimento del oso blanco de Wegner” y se ha repetido hasta con animales imposibles como un conejo verde, por ejemplo. Y siempre se obtiene el mismo resultado.

Esta situación está relacionada con algo que se conoce como supresión del pensamiento, es decir, dejar de tener en la mente ciertas ideas.

Como técnica de control mental, puede llegar a crear obsesiones.

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