Los expertos creen que sus resultados son extrapolables a toda la población sueca, y por lo tanto, probablemente a otras poblaciones europeas con cultura similar en cuanto a la posesión de mascotas.

Después de analizar la información médica de más de 1 millón de niños nacidos en Suecia entre 2001 y 2010 un equipo de investigadores de la Universidad de Uppsala ha confirmado lo que ya se sospechaba: las personas que viven con animales de niños tienen menos riesgo de asma. En concreto, su trabajo que se publica en «Jama Pediatrics» demuestra que los niños que crecieron en un entorno en el que había perros tenían un 15% menos probabilidades de padecer asma que los que no se criaron con animales.

«Estudios anteriores ya han demostrado que el hecho de crecer en una granja reduce el riesgo de asma de un niño a la mitad», apunta la investigadora Tove Fall. «Ahora queríamos ver si dicha asociación existía también en los niños que crecen con perros en sus casas y nuestros resultados confirman que es así».

Los investigadores han analizado los datos de 376.638 niños en edad preescolar (53.460 expuestos a perros y 1.729 expuestos a animales de granja) y 276.298 niños en edad escolar (22.629 expuestos a perros y 958 expuestos a animales de granja). De estos, 18.799 (5%) en el grupo de edad preescolar sufrieron un evento de asma antes de completar el estudio y 28.511 durante el seguimiento. En el grupo de niños en edad escolar, 11.585 niños (4,2%) tuvieron un ataque de asma durante el séptimo año de vida.

Edad escolar

Los resultados del trabajo muestran que convivir con un perro durante el primer año de vida se relacionaba con un 13% menos de riesgo de asma en los niños en edad escolar, mientras que la exposición a animales de granja con 52% menos de riesgo de asma en los niños en edad escolar y un 31% en los niños de edad preescolar.

Aunque según advierte Catarina Almqvist Malmros, autora principal del estudio, y pediatra del Hospital Infantil Astrid Lindgren de Estocolmo, «este tipo de estudios epidemiológicos buscan asociaciones en grandes poblaciones, pero no dan respuesta sobre cómo los animales pueden proteger a los niños de desarrollar asma». Almqvist reconoce que aunque se sabe que los niños con asma deben evitar la presencia de los gatos o los perros, «nuestros resultados indican que los niños que crecen con perros pueden reducir el riesgo de asma de adultos». Y concluye: «gracias a su diseño basado poblacional nuestros resultados son extrapolables a la población sueca, y por lo tanto, probablemente a otras poblaciones europeas con cultura similar en cuanto a la posesión de mascotas».

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