Si nos mostramos tal cual somos, siendo personas optimistas y propositivas, lo que nos ocurre se nos tornará más amable y, por ende, seremos más felices.

Este mensaje es, de manera literal, un llamado a la sencillez. Ser auténtico no cuesta nada, es algo natural y, sobre todo, compagina con cualquier situación.

Que se sepa, nadie que sea sencillo cae mal. Mejor dicho: Usted no necesita maquillaje alguno para llamar la atención. La vida sin ‘decorados’, de esos que nos han impuesto algunos, es más interesante.

No debemos perder la capacidad de maravillarnos por lo sencillo. Cada día es una bendición y nos permite gozar el milagro de la vida, apreciar la belleza de la naturaleza, sentir amor puro, disfrutar de los amaneceres y compartir con alguien un rato de sano esparcimiento.

Hay quienes no saben apreciar tales cosas y, en lugar de ello, viven amargados.

¿Saben algo? En la sencillez no hay desperdicio porque todo se disfruta en el momento preciso. Alguien que tiene esa filosofía de vida valora los minutos que comparte con alguien, intercambia sus pensamientos de manera libre y convierte su esencia en su verdadero insumo para actuar.

De la sencillez surgen cosas tan bellas como la generosidad, la solidaridad, la bondad, la amistad, el propio amor y, algo más valioso y escaso por estos tiempos, el respeto.

Los valores y los principios, al menos en alguien que se comporte con sencillez, no solo no son negociables sino que se promueven entre quienes le rodean. Porque alguien que sea sencillo actúa en los demás como esa ‘voz de conciencia’ o ese ‘espejo’ que llama a dichas personas a replantearse o a cuestionarse si se portan mal.

La vida es sagrada para quien es sencillo. Si usted se comporta así es consecuente con lo que dice y con lo que hace. Además, brilla por su espiritualidad y ella se le manifiesta en sus actitudes y en su cotidianidad.

Un ser sencillo, tal y como ocurre con la Luna, irradia luz, frescura y serenidad. La gente dirá que la persona sencilla puede tener una apariencia ‘corriente’ o que sea ‘carente de atractivo’; pero ese punto de vista es solo para aquellos cuya visión está acostumbrada a lo superficial.

Quienes poseen la vista sutil de un artista, cualquier vislumbre de sencillez es suficiente para reconocer la maravilla de ese ser humano.

La gente no debe vivir de apariencias, debe ser natural. Usted no tiene porqué ir demostrando nada con una chequera en la mano, solo para que los demás sepan si tiene o no dinero. La vida no nos manda ni cuentas bancarias ni heraldos, mucho menos fórmulas exactas por cumplir.

Todas las cosas que le pasen en su vida, ‘buenas’ o ‘malas’, forman una ‘salsa’, que viene bien a todos los ‘guisos’ del espíritu y que se asumen mejor si se adopta un comportamiento sencillo.

Déjeles las apariencias a las personas vacías y mejor dedíquese a vivir de una manera tranquila. La vida no se promedia por lo que tenga, sino por la sana actitud que asuma.

Lo bueno que usted haga, la bondad que irradie, el amor que entregue y la voluntad que disperse le regresarán multiplicados en diferentes maneras.

Por último, sueñe cosas con los pies en la tierra pero con la vista puesta en el cielo. Recuerde que su imaginación es la facultad más poderosa y si tiene convencimiento de su prosperidad, no hay nada qué temer; tampoco hay nada por aparentar.

¡alcanzar la luna con las manos!

¿Alguna vez ha intentado alcanzar a la Luna con las manos?

¡Muchos sostienen que eso es imposible!

Hay quienes afirman que ni siquiera los astronautas, desde sus ‘órbitas’, lograron hacerlo.

Otros argumentan que ni los geógrafos, quienes viven creando sus propios mapamundis, se pueden dar ‘semejante lujo’.

Es probable que tengan razón. En la vida a veces no concretizamos todos nuestros grandes anhelos. Lo único claro es que, más allá de estrechar con nuestros abrigos al mundo, tenemos la opción de soñar y creer en nuestras capacidades.

¡Es como soñar con nuestra propia carta de navegación!

Una sencilla ruta y una pócima de sueños, con buen viento y buena mar, al lado de una acertada meta, se convierten en el agua dulce que ahuyenta la sed de nuestra vida.

Encontrarle el sentido a nuestro mundo no es tan difícil. A veces, el sentir la riqueza de la vida se logra con cosas tan elementales como tener voluntad de progresar y, lo más importante, imprimirles gotas de amor a las cosas pequeñas que se hagan.

El fuego que calienta el frío, el frío que templa el ardor o el manjar que quita el hambre se encuentran con acciones, no con supuestos o disfraces por una vida que, muchas veces, no nos es propia.

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