Sí, quiero.  La fórmula del contrato matrimonial incluye la frase: “tanto en la prosperidad como en la adversidad”. Y con un “sí, quiero” los flamantes esposos sellan un compromiso que, además de todas las bondades del amor, implica compartir los bienes, muchos o escasos, mientras tengan una vida en común.

Con contrato firmado o no, cualquier pareja con un tiempo de convivencia sabe que hay épocas de vacas gordas y de vacas flacas, y que el dinero, poco o mucho, no es un bien sencillo de administrar entre dos. Tan complejo es que, en una inmensa mayoría de los casos, es la causa de la ruptura de una pareja. Más aún, muchos estiman que es la causa número uno de la disolución matrimonial. Porque no se trata de la cantidad, sino de los conflictos que surgen en torno al dinero, los que son tan complicados de resolver.

Postmodernismo

Tanto en la prosperidad como en la adversidad 2

¿Hay un poder en los billetes que no vemos y nos arruina la vida? Como en tantas otras cuestiones, no es la plata el problema, sino nuestra forma de usarla. Un punto de partida es analizarlo no como un fin en sí mismo, sino como un medio útil en función de nuestros valores. “Estamos en el postmodernismo, en la cultura del consumo. El capitalismo alimenta un misticismo sobre el dinero y le otorga poder. Es una fantasía, un sometimiento, pero que el dinero da poder es una mala interpretación. Tendría que ser un trueque a través del cual uno puede mejorar la calidad de vida”, reflexiona la licenciada en psicología Olga Ladovsky, quien tiene más de treinta años de experiencia como terapeuta vincular.

Calidad de vida

Queremos ser felices y vivimos en un mundo en donde necesitamos dinero para obtener bienestar material, ¿cuál es la mejor forma de manejarlo? “Hay que acordar la filosofía sobre el dinero” responde la licenciada. ¿Qué calidad de vida quieres?, ¿cuáles son tus proyectos y tus prioridades?. Todas de acuerdo, no caemos en el materialismo, pero ¿cómo solucionamos las peleas? Hablando y buscando equilibrios entre los dos. La experta es clara: “cada persona tiene distintas inteligencias y capacidades. La clave entonces, es aprovechar las virtudes de cada integrante de la pareja para administrar mejor la economía en común”.

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