Casi como si se tratara de un noviazgo, cada persona tiene una relación con el dinero que varía dependiendo de costumbres, hábitos y enseñanzas o consejos previos que recibió de tiempo atrás.

Cuando se trata de una relación entre personas se pueden dividir en tres categorías: las que se la llevan bien, las que son indiferentes y las que se llevan mal. Todas dependen de la frecuencia con la que se trate a la persona, la “química” o compatibilidad entre las personalidades así como la forma en la que se den las relaciones (la amabilidad, la atención así como la cordialidad).

Y cuando usted piensa en establecer una relación con una persona, las exigencias se vuelven mucho más grandes, ya que las expectativas se incrementan y el relacionamiento empieza a darse de forma constante. Ahora, sin darse cuenta, usted puede haber empezado con un noviazgo desde hace un par de años, con el dinero, y no haberlo notado. Seguramente habrá iniciado en la universidad, cuando empezó a administrar el dinero por su propia cuenta y sin consejo de nadie, o para otros, pudo haber sido desde el colegio.

Sea cual sea el inicio, lo importante es que usted debe reconocer que con el dinero también existe una relación y en la cual, a diferencia de las relaciones humanas, usted siempre va a tener el control sobre ella. Lo que pasa es que el dinero puede generar una gran variedad de emociones: desde la obsesión por tenerlo a toda hora, así como odiarlo pero a la vez reconocer que no se puede sobrevivir sin él.

Entonces, dependiendo de esos sentimientos, obtendrá los resultados de cómo sobrelleva las deudas, las inversiones, los gastos, etc.; que impacta día a día en sus finanzas personales. No obstante, hay cosas que no siempre son tan evidentes como parecieran.

¿Y si sí?

Si quiere hacer un test de cómo es su relación con el dinero y si efectivamente puede que no esté en el mejor camino o que sea bastante tóxica, considere las siguientes señales que ofrecen Wisebready Wealth Horizon:

1. Lo asusta: ya sea porque no le gusta ver sus extractos bancarios o porque detesta que hacer cuentas o presupuestos, puede que su relación con el dinero se base en un sentimiento de frustración y sufrimiento. Sabe que lo usa en su día a día, pero cuando se trata de ver las cantidades por mes o semanalmente, prefiere ver la televisión.

2. Pensamiento: tanto en las conversaciones con otras personas como en aquellos momentos en los que se queda a solas y sin música, odia que el primer pensamiento que se le venga a la cabeza sea el dinero. No lo resiste y busca cualquier excusa para pensar en otra cosa así sea lo más mínimo. Pero también puede ocurrirle todo lo contrario: no para de pensar en cómo hacer con las deudas, obtener más o buscar cómo administrarlo mejor.

3. Sencillamente no lo entiende: como si se tratase de una mujer (a la que “nadie entiende) o de una clase de física nuclear, sencillamente no es de su interés saber cómo llega, de dónde viene, para dónde va o cómo se mantiene. Lo único que usted sabe –y que le interesa- es que le sirve para pagar, no más. El resto, “que se maneje por sí solo”.

4. El gasto: también viene en dos vías o le duele gastarlo o le gusta gastarlo, lo que se traduce en los extremos de la tacañería y de la generosidad excesiva. Es como cuando usted tiene una obsesión con su pareja o le es totalmente indiferente si está o no con usted.

5. Una vez lo tiene, ¡desaparece!: no sabe cómo ni por qué. Pero una vez sale del cajero, simplemente se va de la nada. Y por más que hace cuentas, sólo recuerda que hizo unas compras en el mercado, pagó las cuentas y compró algo en la panadería y ¡pluff! Hasta ahí llegó.

6. A los otros: entre la dualidad de que envidia la gente que sí lo tiene o que odia a aquellos que se quejan y que no tienen dinero. Esto se traduce en la inconformidad de su vida y la desigualdad del ingreso entre las personas, que es algo con lo que usted no puede luchar

7. Conversaciones: No le gusta hablar de él ni que le hablen. No tolera ese tipo de conversaciones y busca evadirlas a toda costa, porque siente una incomodidad al hablar de cuánto tiene o cuánto le falta y que puede llegar a implicar una comparación con los hábitos de otras personas.

¿Qué hacer?

No existe una fórmula clara ni única. Tal como las relaciones interpersonales tienen sus propios problemas y características particulares, las personas y el dinero también lo tienen. Puede que su “trauma” devenga de situaciones del pasado o de su niñez: por ejemplo, al ver que sus padres toda la vida se quejaron por no tener dinero o siempre los vio muy endeudados.

El tema es que tiene que hacerle frente a cada una de estas señales y empezarlas a asumir y cambiar en su vida. El único truco válido es perder el miedo a hacer cálculos y presupuestos, hacerle frente a que “si usted lo trata bien, él lo tratará bien”, porque sólo así sabe de dónde viene, para dónde va y en qué lo gasta.

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