Después de años de tener una rutina de asignaciones estresantes y exigentes para instituciones poderosas como el Banco Mundial, el experto en desarrollo y política, William Powers, llegó a un límite.

Powers, quien se describe a sí mismo como un adicto al trabajo, vivió durante un año en una cabaña de Carolina del Norte sin depender de la red, experimentando con un estilo de vida más lento, y cuando regresó a su ciudad natal de Nueva York, decidió que no podía volver al mismo estilo de vida.

“No podría volver a trabajar con un horario de 9 a 5”, dijo Powers. “Ese tipo de trabajo parecía ser una forma de esclavitud, en la que dejabas tus capacidades mentales, emocionales e intelectuales”.

Powers recortó sus horas de trabajo de más de 50 a la semana a solo 20, limitada a martes y miércoles, con un fin de semana de cinco días. Dividía su tiempo entre ser consultor independiente y en trabajos como escritor y orador.

Dos teorías fueron fundamentales para hacer que la nueva disposición funcionara. La ‘Ley de Parkinson’, que el trabajo se expande para llenar el tiempo disponible, y el ‘Principio 80/20’ del empresario Richard Koch, que argumenta que nosotros alcanzamos el 80% de la productividad en el 20% de nuestro tiempo… y viceversa.

¡En resumen, el paraíso!

“Me fijaba fechas límites muy cortas para todo lo que tenía que hacer”, dice Powers. “Pensé en cuáles eran las cosas más eficaces que podía estar haciendo y despedí a otros clientes. Me deshice de las tendencias laborales superfluas, y aunque mi horario se redujo en un 60%, mi horario solo bajó en un 20%”.

Adherirse estrictamente a la nueva rutina —respetar las pausas de la tecnología e ignorar los correos electrónicos a deshoras— le dio nuevas fuerzas al espíritu agotado del neoyorquino, ya que pudo pasar más tiempo con su familia, salir de la ciudad y comer bien, pero esto también aseguró que le diera un buen uso a su horario de trabajo más corto.

“Me iba a mi oficina virtual el martes por la mañana sintiéndome refrescado”, dice Powers. “Me enfocaba en las fechas límite más estrictas, y debido al 80/20, hacía el trabajo que me resultaba más interesante”.

Trabajar menos, lograr más

Con un nuevo lanzamiento de su libro “New Slow City”, Powers quiere convencer a otros de los beneficios de cambiar de rutina.

Él argumenta que se necesita un nuevo paradigma para reemplazar la semana de ocho horas y cinco días que ha prevalecido desde que Henry Ford la introdujo en 1914.

La productividad de los trabajadores estadounidenses ha aumentado en casi el doble desde los años setenta, pero los estadounidenses aún tienen una de las jornadas laborales más largas del mundo.

“Me doy cuenta de que no todos pueden hacerlo porque el costo de la vida es tan alto en algunas ciudades que algunas personas apenas logran salir adelante con dos trabajos”, dice Powers. “Pero si los creativos culturales y los líderes de opinión hacen el cambio, a la larga puede alcanzarlos a todos”.

Powers dejó de ser un adicto al trabajo de la noche a la mañana, pero recomienda que otros hagan ajustes más graduales, como experimentar con fechas límites más cortas y tomar el tiempo libre que tienen pendiente.

“En Estados Unidos, nuestras identidades se forman en torno a dos cosas: ser trabajadores y consumidores. Se trata de abrir pequeños espacios para la creatividad y el tiempo libre que te ayudarán a avanzar en una dirección nueva”.

Powers no está solo en promover las nuevas prácticas. En el “experimento de Gotemburgo”, la ciudad sueca ha implementado una jornada de seis horas para los trabajadores públicos, y muchas firmas privadas se han unido, con el argumento de que lo que es bueno para el personal mejorará su trabajo.

“Hoy en día, logramos hacer más en seis horas de lo que otras compañías equiparables hacen en ocho”, escribió Maria Brath, directora ejecutiva del emprendimiento tecnológico Brath. “Creemos que esto viene con el alto nivel de creatividad exigido en esta línea de trabajo. Creemos que nadie puede ser productivo y creativo en ocho horas seguidas”.

Brath menciona como evidencia de su valor que los ingresos han aumentado desde que se implementó el cambio. Ella también menciona los beneficios más allá de la moral del personal, como ofrecer una ventaja en el reclutamiento y la retención, y un perfil y reputación mejorada para la empresa.

Las compañías estadounidenses con pensamientos de vanguardia, como 37signals y Treehouse han implementado y mantenido semanas de cuatro días. Ellas mencionan una mejora en la moral del personal, en la retención y la calidad de la producción.

La carrera mundial por bajar el ritmo

Estudios recientes respaldan el cambio, y cifras de la OCDE demuestran que las semanas más cortas en Francia y Alemania han tenido como resultado una mayor productividad por hora que sus contrapartes británicas con una jornada más prolongada. La correlación se extiende aún más para demostrar que la productividad disminuye bruscamente a partir de la segunda hora.

También se ha demostrado que las jornadas excesivas son contraproducentes; la investigación del profesor de Stanford John Penceval concluye que trabajar más de 55 horas a la semana “aumenta la probabilidad de errores, accidentes y enfermedad que le implica costos al empleador”.

La organización de investigación británica New Economic Foundation (NEF) ha propuesto una semana de 21 horas como la base de un nuevo modelo laboral con un mayor énfasis en el bienestar y la sostenibilidad del personal.

 

“Existen imperativos sociales, ambientales y económicos para cambiar la rutina normal”, dice Anna Coote, directora adjunta del NEF. “Para la economía, es mejor esparcir a los trabajadores pagados en la población para reducir el desempleo y tener a menos personas con beneficios (asistencia social). Tendrías una fuerza laboral estable y comprometida, y existe evidencia en relación a que las personas son más productivas en una semana laboral más corta”.

Coote cree que los cambios culturales hacen que la visión sea más probable, ahora que los trabajadores modernos están más abiertos a cambiar la rutina, al igual que a las posibilidades de la automatización para reducir la carga laboral. La amenaza creciente del cambio climático podría reducir la necesidad más amplia de que exista un constante crecimiento económico.

El experto en política social quiere ver más incentivos para que los empleadores consideren un nuevo modelo y más investigaciones sobre qué podría convencerlos, como pagar impuestos por hora. Ella propone pasos de transición como reducir el horario en los dos extremos de la escala de edades.

Una crítica recurrente es que los trabajadores con bajos sueldos se verían perjudicados por las jornadas más cortas, pero Coote considera que esto puede ser abordado.

“El cambio debe ir de la mano con los esfuerzos para abordar los salarios bajos. La respuesta no es que las personas con menos ingresos sigan trabajando en una larga jornada para mantener un techo sobre su cabeza, sino tener mejores tarifas por hora”.

Esta sería una justa recompensa para los aumentos en la productividad que aún no han beneficiado a quienes tienen bajos ingresos, argumenta.

Coote está consciente de que los empleadores no implementarán rápidamente un nuevo modelo, pero ella cree que en cuestión de 10 años, esto podría convertirse en algo generalizado. Al comparar la campaña con las campañas por los derechos de las mujeres a votar y las campañas en contra de fumar en lugares públicos, ella cree que un cambio social importante a menudo es imperceptible hasta que ocurre algo decisivo y lo inimaginable se convierte en una práctica común.

De ser así, la vida laboral pronto podría volverse más aventurera.

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