La inyección, que ya está siendo ensayada, remplazaría el tratamiento con antirretrovirales.  La vacuna contra el sida podría ser administrada a partir del próximo año, afirmó el director ejecutivo de Onusida, Michel Sidibé, en una entrevista con Efe, en la que dibujó un horizonte optimista donde este mal dejaría de ser una preocupación de salud pública a nivel mundial.

“Creo que la inyección podrá empezar a ser administrada a partir del próximo año porque el descubrimiento ya está hecho”, destacó el maliense durante una visita a Santiago de Chile enmarcada en la primera misión del directivo al Cono Sur de América Latina.

El objetivo de la nueva vacuna, que ya se está ensayando en pacientes de distintas partes del mundo, es conseguir lo que los médicos denominan como la “curación funcional”, es decir lograr que los enfermos puedan dejar el tratamiento antirretroviral diario, que su sistema inmunológico esté intacto y que la carga viral se normalice.

“Hace unos años una persona con virus de inmunodeficiencia humana (VIH) debía tomarse 18 pastillas diarias, hoy solo debe tomarse una y mañana puede que con una inyección cada seis meses le baste”, destacó el director ejecutivo.

Sidibé está convencido de que los avances científicos en esta materia van a permitir transformar la lucha contra el VIH. Para Sidibé una de las grandes victorias del combate contra el VIH ha sido lograr controlar la epidemia y reducir drásticamente el número de nuevos contagios, motivo por el cual augura que, aunque el virus no desaparecerá nunca, dentro de poco tiempo “dejará de ser un tema que centre la preocupación sanitaria de los gobiernos”.

“Hemos hecho unos avances inimaginables”, declaró el representante, quien se mostró orgulloso de que el mundo haya logrado romper con la conspiración del silencio y aplacar la trayectoria del virus.

“La gente antes se moría, los hospitales estaban llenos de enfermos de sida y hoy podemos decir orgullosos que vivimos un contexto completamente distinto”, manifestó Sidibé.

Se avanza en A. Latina

América Latina y el Caribe, la única región del planeta que ha consensuado un conjunto de metas regionales de tratamiento y prevención del VIH para poner fin al sida como amenaza de salud pública para el 2030, está avanzando “a pasos agigantados” para lograr esta meta.

En la región, en la que viven 1,7 millones de personas con VIH sida, el número de nuevas infecciones se redujo, entre el 2000 y el 2014, en un 17 por ciento, y el número de muertes relacionadas con la enfermedad cayó un 29 por ciento.

Los avances en la cobertura también han sido notables, pues actualmente el 47 por ciento de los adultos latinoamericanos y el 54 por ciento de los niños de menos de 14 años infectados por el VIH reciben tratamiento farmacológico.

Ello es fruto, según Sidibé, de la puesta en práctica de la llamada “responsabilidad compartida” de los países de la región, que consiste en implementar mecanismos de financiación innovadores que incluyen al sector privado y el establecimiento de obligaciones mutuas entre los distintos países en materia de responsabilidad.

No obstante, para el representante, a nivel mundial aún quedan muchos desafíos pendientes en la materia, entre los que destaca la persistencia del estigma social hacia los infectados por el VIH y la lucha contra la complacencia entre los jóvenes.

Para Sidibé, la falsa seguridad frente al sida puede ser uno de los peores enemigos que tenga que enfrentar la enfermedad en los próximos años, un rival que solo podrá ser derrotado con una inversión firme y sostenida en el tiempo, en programas preventivos, acceso universal al tratamiento, atención sanitaria y apoyo a los contagiados.

“El sida no va a terminar hasta que no logremos construir sociedades inclusivas donde haya menos riesgos, pues no se trata solamente de combatir una enfermedad, se trata de cambiar la sociedad y de respetar la dignidad de las personas”, sentenció.

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