En un fresco día de otoño de 1915, 38 ornitólogos se reunieron en un diminuto pueblo suizo, Zimmerwald.

Pero no estaban allí para observar pájaros.

Eso era sólo una fachada.

En realidad eran socialistas de toda Europa y se habían encontrado para discutir las maneras de devolver la paz a un continente devastado por la Primera Guerra Mundial.

Era lo que después se conocería como la Conferencia de Zimmerwald y que tuvo lugar del 5 al 8 de septiembre de aquel año.

Dos de los participantes más conocidos eran rusos: Vladimir Ilyich Ulyanov, alias Lenin, y León Trotsky.

Mantener su campaña de paz en secreto era necesario, ya que muchos países consideraban traición la oposición a la guerra.

Para entonces Lenin y Trotsky ya eran refugiados políticos.

Y ambos vivían en la neutral Suiza: Trotsky en Ginebra y Lenin en Berna, planeando en silencio el derrocamiento de la Rusia zarista.

El nacimiento de una revolución

Zimmerwald no ha cambiado mucho desde aquel día de 1915.

Es un tranquilo y pequeño pueblo, de 1.100 habitantes, con unas pocas granjas, una iglesia y los Alpes enmarcando majestuosamente el valle.

No hay señales de que los fundadores de la revolución bolchevique estuvieron una vez aquí.

Pero a miles de kilómetros al este, Zimmerwald se hizo gradualmente famoso.

En las aulas de toda la Unión Soviética se le conocía como el lugar en el que nació la revolución.

“¡Zimmerwald era tan conocido en la Unión Soviética!”, exclama Julia Richers, una historiadora de la Universidad de Berna, en Suiza.

“Todos los niños soviéticos sabían de su existencia”, asegura.

Trotsky fue otro de los famosos asistentes a la conferencia.

“Sin embargo, pregunta a cualquier alumno suizo y verás que ninguno sabe nada sobre Zimmerwald”.

Richers describe la actitud de Suiza hacia su historia como una especie de “olvido forzado”, especialmente en el propio Zimmerwald.

De hecho, en la década de 1960 la alcaldía de la localidad vetó el proyecto de colocar una placa que recordara la presencia de Lenin en lugar.

Puede que la famosa neutralidad Suiza tenga su raíz en esa actitud, en esa reticencia a reconocer su pasado.

Durante la Guerra Fría los suizos temían mostrar una simpatía manifiesta por uno u otro bando.

Y gastaron miles de millones de dólares en un vasto ejército y en búnkeres para cada familia, con la esperanza de mantenerse neutrales ante cualquier otro conflicto futuro.

Aún así, la presencia de Lenin se recordaba a diario en Zimmerwald, por medio de las decenas de cartas que llegaban a los buzones de la localidad.

Cartas de alumnos

El alcalde Fritz Broennimann tiene un vasto archivo de aquellos envíos.

Son cartas, postales y dibujos enviados por cientos de niños de la Unión Soviética, muchos de ellos dirigidos al “presidente de Zimmerwald”.

Todos ellos pedían información y fotografías de su “héroe nacional”.

“En las cartas pedían fotografías y folletos”, explica Broennimann, mostrando una ajada postal con la estatua de Lenin en Moscú.

“Algunos niños incluso enviaban las dirigían al museo de Lenin de Zimmerwald”, añade.

Por supuesto, no existe tal institución en el pueblo de 1.100 habitantes.

 

Y tampoco hay fotografías de Lenin, ni panfletos.

La mayoría de las cartas no recibieron respuesta.

Pero ocasionalmente algún funcionario de la localidad, quizá ansioso por la excesiva cantidad de correo con sellos soviéticos que se acumulaba sobre su mesa, trató de para el flujo.

Así decía una carta que se envió con esa intención en 1945 desde Zimmerwald a la Unión Soviética:

“Señor, he sido informado de sus simpatías políticas. Sin embargo, no me inclino a proveer a un extremista político material que podría ser utilizado por los enemigos del Estado”.

Incluso hoy, en el centenario de la conferencia, no parece haber mucho interés en recordarla.

“Tuvimos una idea para un artículo”, cuenta el alcalde.

“Se titularía Cien años, cien opiniones“, recuerda.

“Así que pusimos un anuncio en el periódico local. Y recibimos unas seis respuestas”.

Lecciones de historia

Pero a unos pocos kilómetros al norte, en Berna -la capital de Suiza y con mayoría de izquierda- el aniversario de la Conferencia de Zimmewald atrae cada vez más atención.

“La de Zimmerwald, de hecho, fue una conferencia de paz”, dice Fabián Molina, el presidente de las juventudes socialistas de Suiza.

“Eran jóvenes de izquierda de toda Europa que se reunieron para discutir sobre la paz, sobre su estrategia contra la guerra”, asegura.

“Y cien años después de Zimmerwald, estamos en una situación similar si tenemos en cuenta las guerras en marcha y los 60 millones de personas que huyen de sus países”, añade.

“Tenemos una crisis de refugiados que nos recuerda cuán violento es el mundo”.

“Así que es importante traer a la memoria que aquí una vez tuvo lugar una conferencia en la que la gente se unió a favor de la paz”.

La historiadora suiza Julia Richers está de acuerdo con esa idea.

Además, subraya que la conferencia fue la única reunión que se llevó a cabo en Europa en contra de la guerra y que el manifiesto final contenía algunos principios fundamentales.

“El manifiesto de Zimmerwald recogía tres puntos importantes”, explica.

“La paz sin anexiones, la paz sin contribuciones a la guerra, y la autodeterminación de las personas”, enumera.

“Si te fijas en los tratados de paz de la Primera Guerra Mundial, estas tres cuestiones apenas son tomadas en consideración”.

“Sabemos que es primer conflicto fue en parte lo que condujo a la Segunda Guerra Mundial, así que creo que el manifiesto recogía unos puntos muy importantes para una Europa en paz”, dice.

Lo que no es muy conocido es que el manifiesto no era lo suficientemente revolucionario para Lenin y Trotsky.

Estos querían que se sustituyeran la referencias a la guerra entre naciones por el conflicto armado entre clases.

Pero eran minoría entre el resto de socialistas y socialdemócratas reunidos en Zimmerwald.

Al fin, el reconocimiento

Aun así, Lenin continuó albergando la esperanza de que aquella Suiza podría ser tierra fértil para organizar una revolución.

“Una vez dijo que los suizos podrían haber sido los más revolucionarios de todo, porque casi todos tenían un arma en casa”, cuenta la historiadora Julia Richers.

“Pero concluyó que la sociedad era demasiado burguesa. Así que se rindió con los suizos”, añade.

“Creo que después de unos años reconoció que no era buena idea empezar una revolución en Suiza”, se ríe el joven socialista Fabián Molina.

“Suiza siempre ha sido un país un tanto de derecha. Nunca ha tenido una mayoría de izquierda, y creo que Lenin vio que en Suiza había muy poco potencial revolucionario”.

Sea como fuere, en Zimmerwald no queda rastro alguno de la histórica conferencia y del paso de sus famosos participantes por la localidad.

Una pequeña señal marca el lugar en el que se alojó Lenin, un hotel que derribaron en la década de 1960 para poder construir una estación de autobuses.

La señal es de madera multilaminada y cartón.

“No durará el invierno”, reconoce el alcalde, Fritz Broennimann.

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