La repugnante diversidad de bacterias que deja una mosca al posarse en la comida

¿Has sido víctima alguna vez del terrible episodio de la mosca en la sopa? Probablemente no, pero seguro que has escuchado la historia. Se trata de un hecho frecuente, y no solo en las sopas.

Cualquier lugar donde hay comida resulta atractivo para estos insectos, y nada agradable para el comensal que la ve acercarse. Pero, ¿alguna vez te ha asaltado la duda de lo que ocurre con las moscas mientras están encima de tus alimentos?

Pues bien, la mosca más conocida, la mosca doméstica, no es portadora de veneno ni tampoco tiene ningún aguijón con el que pueda picar, así que su modus operandi es, digamos, bastante pasivo.

Sencillamente se dedica a rondar por las zonas con basura o restos de comida para posarse sobre ellos.

El modus operandi

Al no poseer dientes, las moscas se nutren de forma líquida. Para poder comer de este modo lo hacen de forma bastante repulsiva: expelen y devuelven sobre su comida.

Son precisamente los componentes de su saliva y la bilis los que, de cierta manera, diluyen el alimento para poder digerirlo de forma licuada. Del mismo modo que se alimentan en el lugar en que se posan, también así evacúan. Y, si se trata de la mosca hembra, puede desovar en el lugar.

Entender este proceso nos hace verlo como algo inocuo, pero la realidad es que, en el vaivén de este insecto, también se posan en grandes cantidades de desechos orgánicos ya putrefactos, y suelen ingerir incluso las deposiciones de los animales. Con ello, consumen una gran cantidad de patógenos.

Estudios sobre la mosca doméstica

Jeff Scott, experto de la Universidad de Cornell, señala que las moscas domésticas sirven de vehículo para cualquier microorganismo patógeno imaginable, los más asquerosos. Visto así, ten la seguridad de que a tu cena puede llegar fácilmente cualquier virus o bacteria que salga de un animal, transportado por la mosca doméstica.

Los especialistas señalan que estos insectos, en su edad adulta, pueden ser portadores de más de 100 enfermedades y distintos parásitos, como la salmonella o la tuberculosis. Ante este panorama, ¿debemos descartar inmediatamente un plato de comida en el que una mosca se haya posado? No necesariamente. Según Cameron Webb, entomólogo, en la mayoría de los casos es casi inexistente la posibilidad de que en un período corto de tiempo se desaten una serie de acciones que lleven a un individuo con buenos índices de salud a caer enfermo.

Pero tampoco hay que ignorar las advertencias. Webb asegura que “cuanto más tiempo pase la mosca en la comida, los riesgos para la salud aumentarán”.

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