Blade Runner 2049 o Lágrimas en la lluvia [Opinión]

Que Denis Villeneuve no lo tenía nada fácil lo sabíamos, que ha tenido intención de alejarse de la obra original lo ha manifestado, que lo consigue también y que su proyección pase o no de ser una buena película de ciencia ficción lo dirá el tiempo. Buena parte de la crítica internacional la ha calificado como la película del año. Hay dos maneras de enfocar la crítica; desde la óptica de la ciencia ficción o desde el punto de vista del legado de Phillip K. Dick y Riddley Scott y lo que significó y significa dentro del cine.

Treinta y ocho años después nos encontramos con lo que se ha denominado la “secuela” de Blade Runner, que más que secuela apunta al unísono a la continuación argumental y ruptura existencial con la cinta original. Ambos largometrajes están muy separados no solo en el tiempo (el cine y la sociedad han cambiado muchísimo) sino también en el espacio (poco tiene que ver la nueva con su predecesora en lo esencial).

Blade Runner 2049 es una secuela paradójica sí, aunque no sabemos si exactamente como lo deseaba su director Villeneuve el cual quería encontrar “su propia visión”. El distanciamiento ha sido de tal calibre que podemos hablar de dos productos cinematográficos que poco tienen que ver. Desde esa óptica se puede hacer una crítica justa a la nueva entrega dentro del cine de ciencia ficción, pero también desde el lado nominalista ha abanderado la continuación abriendo el abanico hacia una saga y troncando lo que era un obra única e irrepetible, por eso no se debe obviar en buena medida la de 1981, aunque la recién estrenada, en comparación, quede o no en berlina.

Se miran de frente dos obras distintas por concepto, por principio activo, en algunos momentos casi opuestos. Las coincidencias se circunscriben al género de ciencia ficción, a la temática (replicantes) y a una atmósfera visual que impresiona. Pero ahí acaba todo; ni la historia, ni la esencia, ni los personajes guardan un mínimo de semejanza. Todo aquel que busque esos conectores experimentará una decepción.

Blade Runner 2049 es una película basada en una trama según la cual el protagonista caza-replicantes descubre un secreto tremendo en una de sus misiones: los androides podrían crearse a sí mismos mediante la reproducción y a partir de ahí rebelarse frente a los humanos y otros replicantes que les persiguen y buscan su extinción. Un argumento que se sale completamente de la órbita de la cinta de Riddley Scott, quien ofrece un escenario futurista pero con muchas connotaciones existenciales y un manto de cine negro (sin olvidarnos de una banda sonora inolvidable de Vangelis) que aquí brillan casi por su ausencia. Ya que la última se centra mucho más en el continente que en el contenido; se prioriza claramente la ambientación y la puesta en escena, sobre la historia y sus personajes, los cuales quedan secundarizados por la fotografía, los efectos especiales y el hilo conductor (interesante aunque un tanto desconcertante por momentos). En ese contexto los personajes tienden a evaporarse.

La atmósfera es más apocalíptica aún, una apocalipsis grisácea, en contraste con el apocalipsis vivo y colorido de la cinta original. Desde luego es más rica aún en matices visuales (uno de los puntos fuertes) con la curiosa e interesante novedad de la mujer holograma que acompaña al protagonista, y del que él en sus entendederas de replicante se enamora.

La nueva película posee instantáneas muy bellas y bien filmadas pero es escasamente evocadora a causa de su planicie emocional: la trama tiene su interés pero no termina de conectarte a la película, a la cual le falta alma, ¿motivo?, los personajes no conectan ni con el relato ni con el espectador, se encuentran desposeídos de toda mística y trascendencia supeditados al “minuto a minuto de la trama” a excepción del nuevo blade runner ( Ryan Gosling), único personaje que en contados momentos nos transporta a la cinta original, aunque eso sí de manera tibia, áptera.

La carencia en el desarrollo de personajes y sus relaciones entre ellos y la consiguiente ausencia de sentimientos, convierte la película en algo plano, romo desde el punto de vista emocional: carece de momentos grandiosos, de diálogos sugerentes, de historia de amor, aspectos que la dejan capidisminuida desde el punto de vista existencial con respecto a la antigua. La preeminencia por ofrecer una película tan distinta, ha conducido a la pérdida de todas las grandes connotaciones no escenográficas requeridas para ser algo más que un buen film de ciencia de ficción.

Hombre existencial versus hombre tecnológico

Mientras que en la original todos los elementos incluso los visuales afluyen al mar de la historia, en la nueva esas conexiones no existen; la fotografía va por un lado y la historia por otro, no existe esa simbiosis entre la ambientación, los diálogos, los personajes, la banda sonora, simbiosis que hizo de la obra de R.Scott algo muy poético incluso la soledad que padecían aquellos personajes resultaba poética, en tanto que el film de Villeneuve es de una prosa austera con muy pocas aristas, lo que limita el desarrollo de los temas que, por momentos, parece plantear: la esclavitud, la segregación…

Las concesiones a la lírica, al humanismo esencial y romántico son escasísimas, y se dirigen en pos de otro más vacilante y antropocéntrico que no conecta con la progenie de Blade Runner. Una prueba de la falta de conexión, al menos suficiente, entre los elementos en la nueva película, es la carencia de simbolismos, tan presente en la primera.

La búsqueda de Dios en Blade Runner 2019 es inherente a su esencia, al tiempo que huyen de sus perseguidores, los androides buscan desaforadamente a su creador. Cualidad argumental cargada de simbolismo (la huida de la esclavitud buscando al Dios creador que dé respuestas a sus males existenciales). Búsqueda que desaparece en la nueva película, donde lo que se produce es un alejamiento de Dios en pos de la supervivencia de los nuevos replicantes, lo que nos conduce a un seres, que habiendo sido creados por humanos aspiran a decidir su propio destino al margen de la creación creándose a sí mismos (esencia panteista: el hombre encuentra en sí mismo a su propio Dios). Un ser que aparta la trascendencia de sus orígenes para proyectarse en torno a sí mismo, un nuevo mundo dirigido únicamente por él. ¿Cualquier parecido con la realidad de nuestros días es pura coincidencia?.

El amor en Blade Runner 2019 es una constante en la película, una película no exenta de una violencia natural en pro de la supervivencia y al mismo tiempo llena de amor entre sus personajes; amor romántico (entre Deckard y Rachael, entre Roy y Pris) y amor existencial o amor a quienes te persiguen (la sobrecogedora escena final donde Roy salva la vida in extremis a su perseguidor). Es un amor por la vida, la propia y la ajena. De hecho, la versión en off (narrada) nos habla literamente del “amor a la vida, no solo a la propia sino a la de los demás”.

En cambio, Blade Runner 2049 pone de manifiesto, el amor por la tecnología que padece actualmente el ser humano , por dos razones: 1) la mayor preocupación y primacía de los efectos especiales y el resto de características visuales sobre el resto de la obra, 2) el amor (si se le puede llamar así) que siente el blade runner que interpreta Gosling por la chica holograma; un androide enamorado de un producto de la inteligencia artificial, el súmmum de la tecnología actual . El protagonista siente más cercano ese amor por un ser virtual, inmanente a la tecnología, que por los de su especie. ¿Cualquier parecido con el mundo global actual vuelve a ser pura coincidencia?. Del amor romántico y existencialista de 1981 al amor tecnológico de 2017.

La cinta de 1981 fue un fracaso para la crítica (el tiempo ha demostrado que no la entendió) pero con el paso del tiempo ha encontrado su sitio en el mayor paseo de las estrellas existente: la devoción por ella de millones de cinéfilos de varias generaciones, es más, existe un gran amor por esta película, puede que no exista una obra en el séptimo arte que tenga tan incondicionales e irreductibles defensores. En cambio, la nueva entrega, tan aclamada por sus primeros críticos, da la sensación de que acabará algún día difuminándose en las retinas, “se perderá como lágrimas en la lluvia” (parafraseando a Roy, el magnífico personaje que interpretó Rutger Hauer en la cinta de Scott).

Dos películas futuristas que evocan dos mundos muy distintos cuya única conexión, más allá de replicantes, es la era apocalíptica; es el paso de una era apocalíptica de búsqueda, a otra de simple deconstrucción, esta última es a la que ahora parece que nos acercamos irremediablemente.

Eduardo Gomez

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