Cómo cuidar un cachorro huérfano

Durante sus dos primeras semanas de vida, un cachorro no se dedicará mucho más que a comer, dormir y evacuar. Recién a partir de la tercera semana se mostrará más activo y comenzará a explorar el mundo a su alrededor, a partir de la cuarta comenzará a jugar y a la quinta se irá preparando para gradualmente dejar el biberón y comer por su cuenta.

Sin embargo, las primeras semanas son cruciales y los cuidados que se tengan durante ese periodo influirán directamente en el desarrollo físico y neurocognitivo del perrito. Es por eso que es importante saber proporcionarle correctamente los cuidados que necesita.

Al encontrarnos con un animalito huérfano, la primera opción a considerar es la posibilidad de encontrar una perra con cría que esté aún amamantando a sus cachorros. Muchas perras estarán felices de adoptar un hijo prestado, aunque siempre hay que echarle un ojo hasta que nos aseguremos que lo acepta sin evidenciar ningún tipo de comportamiento agresivo y lo trata como a uno de sus propios hijos.

En caso de no tener una hembra lactante a la vista, deberemos cuidar el cachorro nosotros mismos, para lo cual tendremos en cuenta tres objetivos principales:

1. Asegurarnos que reciba comida adecuada y suficiente

Como en todas las especies de mamíferos, la dieta ideal de un cachorro lactante es la leche materna: la misma está perfectamente formulada para asegurar un crecimiento óptimo del animal, e incluso provee al cachorro de los anticuerpos presentes en el organismo de su madre. De manera que al encontrarnos con un cachorro huérfano, deberemos asegurarnos de que la dieta que reciba sea lo más parecida posible a la receta de la naturaleza. Existen numerosas fórmulas especialmente creadas para cachorros en distintos momentos de desarrollo que se pueden conseguir en clínicas veterinarias y tiendas de mascotas, y han de ser la primera elección de alimentación.

Sin embargo, en caso de que las circunstancias no permitan adquirirlas, un veterinario cualificado puede enseñarte la receta de una fórmula casera . Pero ojo, si bien esta receta nos permitirá salir del paso por un tiempo, lo ideal es intentar conseguir una mezcla específicamente formulada para satisfacer las necesidades nutricionales del cachorro.

Al momento de suministrar la fórmula, hay que utilizar un biberón de tetilla pequeña o un gotero. Las recetas ya formuladas para cachorros suelen venir con un biberón adecuado incluido en el paquete. En caso de urgencia y de no disponer de uno, puede utilizarse también una jeringuilla sin aguja e ir empujando el émbolo lentamente.

El cachorro ha de estar acostado sobre su vientre, nunca de espaldas como un bebé humano, ya que así corre riesgo de ahogarse. Debe comer a su propio ritmo, y no se le ha de forzar cuando ya no tenga hambre. Si salen burbujas de su nariz quiere decir que está comiendo demasiado rápido. Luego de comer, hemos de estimular la eliminación de aire dando toquecitos suaves sobre su espalda, como si fuese un bebé humano.

Los cachorros tienen un estómago muy pequeño, y se llenan rápido. Aunque también se vacían rápido, por lo que es importante darles de comer poca cantidad cada pocas horas, en vez de mucha cantidad cada varias horas. Por regla general, un cachorro en las primeras semanas de vida ha de consumir 30 ml de fórmula por cada 225 gramos de peso corporal al día , dividido en pequeñas tomas cada 2 a 3 horas.

2. Ayudarlo a evacuar

Inmediatamente después de comer, el cachorro sentirá la necesidad de evacuar sus intestinos y vejiga. Es muy importante entender que no puede llevar a cabo estas tareas por sí mismo, y el no ayudarlo a realizarlas puede tener un desenlace fatal.

Unos minutos después de comer, cuando nos aseguremos que no queda leche en el tracto digestivo superior, hay que poner al cachorro sobre su espalda y con un algodón o trapito suave mojado en agua apenas tibia, frotar muy suavemente la zona genital y perineal, imitando el lamido de la madre. Esto estimula la micción y defecación, que no sólo liberará al cachorro de cierta presión abdominal que le permitirá digerir con más tranquilidad, sino que además lo dejará satisfecho y listo para una larga siesta. Es importante asegurarse que la zona genital quede limpia y seca después de cada evacuación.

3. Proveerle las condiciones necesarias de descanso

La vida de un cachorro de pocas semanas gira en torno al sueño: duerme más de un 80% de su día! El dormir correctamente lo ayuda a desarrollarse y permite una madurez correcta de su sistema nervioso por lo que, como a todo bebé, no se le debe molestar mientras duerme y no se lo debe privar de sus horas de sueño necesarias.

El lugar de descanso del cachorro debe ser acogedor y seguro. No ha de tener astillas, ni clavos, ni alambres, ni nada que pueda hacerle daño. Ha de ser una superficie firme pero mullida, calentita y seca, con bordes que no permitan que se escape o se caiga. No ha de tener una rejilla como base, ya que además de ser incómoda puede ser peligrosa. Ha de estar también protegida de la humedad, de corrientes de aire y, si bien ha de ser cálida porque los cachorros bebés no generan mucho calor corporal por sí mismos, ha de estar alejada de fuentes excesivas de calor como estufas o lámparas.

Los perros nacen en camadas, y a los cachorros les gusta, por instinto, dormir rodeados de su madre y sus hermanos. En caso de tener dos o más cachorritos huérfanos, lo ideal es dejar que duerman siempre juntos. En caso de tener sólo uno, existe un pequeño truco para mimar su alma: poner un reloj debajo de la camita hará que el tic-tac le recuerde al corazón de su madre.

Antes que nada, es importante tener en cuenta que nadie mejor que un médico veterinario para asesorarnos sobre el cuidado de un animal: lo primero que has de hacer al encontrar un cachorro es ponerte en contacto con un profesional capacitado. Si estás en una zona que no conoces o en la que no dispones de una clínica aledaña, puedes utilizar alguna plataforma online que te permita encontrar fácilmente al veterinario más cercano.

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