El extraño y milenario origen del popular mal de ojo y de las maneras de curarlo

En muchas localidades del mundo existe la fuerte creencia de que ciertos amuletos son capaces de alejar a todas aquellas místicas e inexplicables fuerzas que quieran hacernos daño. A estas se les conoce comúnmente como “mal de ojo”.

Hay uno en particular que es el más conocido. Se trata del llamado “ojo turco”, de color azul cobalto, y que se puede conseguir en casi todos los países del mundo en bazares, tiendas de Feng Shui o esoterismo.

Este ojo ha aparecido, incluso, en el mundo del espectáculo. Kim Kardashian West, la famosa estrella de reallity, fue vista usando joyería con este símbolo. Pero ella no fue la única, la supermodelo Gigi Hadid lanzó una línea de zapatos completamente inspiradas en el ojo azul.

Si bien las estrellas han popularizado su uso, lo que sugiere que los talismanes están en pleno auge, este emblema ha estado presente en los idearios humanidad desde hace miles de años.

Desde hace miles de años el “mal de ojo” y los amuletos para ahuyentarlo están presentes en el imaginario humano. Foto OZGUR TOLGA ILDUN / Alamy Stock Photo

Hay que dejar en claro que el talismán y el “mal de ojo” no significan lo mismo, aunque muchas personas suelen confundirse. El símbolo del ojo turco, también llamado “nazar”, es el emblema que tiene como función protegernos del “mal de ojo” que, según la creencia, es una poderosa maldición que se transmite a través de la mirada, y que es alimentada por la envidia.

Si bien este ojo omnipresente existe desde hace miles de años, la maldición del “mal de ojo” es aún más antigua. Sus orígenes, de hecho, aún son confusos.

Hay quienes piensan que el éxito de alguien, atrae la envidia de otro. La maldición se manifiesta a través del “mal de ojo”, muchas veces de forma involuntaria, y es capaz de acabar con la buena fortuna del envidiado.

Algunos amuletos oculares tallados en yeso de alabastro fueron encontrados en el sitio arqueológico de Tell Brak, en Siria, y se cree que datan de antes del 3500 a.C. (Crédito: Metropolitan Museum of Art)

Por supuesto que el “mal de ojo” es considerado como una creencia que ha sido transmitida durante muchas generaciones y en diversas culturas. El trabajo de Frederick Thomas Elworthy, titulado “El mal de ojo: la cuenta clásica de una antigua superstición”, recoge todas las leyendas urbanas sobre esta mística suposición.

Cada cultura tiene su propia historia o leyenda relacionada al mal de ojo. Uno de los más conocidos es el cuento de las gorgonas, que con su mirada lograban petrificar a una persona, o el de hombres irlandeses que podían hechizar caballos con la mirada.

Ojo por ojo

¿Pero cómo llegó el mal de ojo pasar más allá de la pura superstición? Fue a causa de antiguos pensadores, que dieron testimonio de su autenticidad.

Uno de ellos fue Plutarco quien durante un simposio trató de darle una explicación científica y aseguró que los humanos teníamos la capacidad de liberar una especie de rayos invisibles de energía. Algunos de esos rayos, según la teoría del filósofo griego, eran tan poderosos que incluso podían matar animales pequeños y hasta niños.

Pero eso no fue lo único que sugirió Plutarco. También afirmó que algunas personas tenían una especie de habilidad especial para maldecir a otros, haciendo referencia, en la mayoría de los casos, a aquellos con ojos azules. Este color de ojos era raro en el Mediterráneo para esa época.

En el antiguo Egipto, los faraones venían enterrados con el Ojo de Horus, también conocido como ‘colgante Wadjet’, para protegerlos en el más allá. Foto Alamy

Todas estas creencias y teorías hicieron que civilizaciones antiguas encontraran una forma de “repeler” estas maldiciones. Fue de allí que nacieron los primeros esquemas del ojo azul o de “nazar”, que sigue usándose en la actualidad con el mismo fin.

Nese Yildiran, un profesor de arte de la Universidad Bahçeşehir, con sede en Estambul, asegura que se han encontrado amuletos con este símbolo de hace 3.300 a.C

Tras excavaciones realizadas en Tell Brak, una de las localidades más antiguas de Mesopotamia, donde actualmente se ubica Siria, se encontraron imágenes rusticas hechas de alabastro que tenían ojos grabados.

Este amuleto ocular encontrado en Tell Brak dista mucho del clásico ojo azul de cristal que conocemos actualmente. Este último comenzó a aparecer alrededor del 1500 a.C en el Mediterráneo.

El Hamsa es un amuleto en forma de palma con un ojo en el medio, usado por judíos, cristianos y musulmanes en el norte de África y el Medio Oriente. Foto Alamy.

Otra interrogante que surge es cómo se pasó de ese símbolo rústico de alabastro a una versión más moderna con color y en materiales más delicados.

En las islas del Egeo y Asia Menor se realizaban abalorios de cristal. El color azul tiene que ver con el material usado, el barro glaseado egipcio, que por su alto porcentaje de óxido proveniente del cobre y el cobalto genera esa tonalidad.

Otro predecesor del ojo turco moderno, comenta el profesor Yildiran, pudieran ser los colgantes del Ojo de Horus de color azul que se encontraron en Egipto durante algunas excavaciones.

El uso de estos abalorios azules se comenzó a dispersar rápidamente en la región. Lo usaron los griegos, romanos, fenicios, asirios y hasta los otomanos.

Si bien su uso se concentraba en mayor proporción en tierras del Mediterráneo, terminó por expandirse a todos los rincones del mundo.

El Ojo de la Providencia, a menudo adoptado por los masones con la intención de simbolizar la omnisciencia de Dios, aparece en la parte posterior del billete de un dólar de EE.UU. Simon Belcher / Alamy Stock Photo

¿Ciegos a su significado?

El uso de este longevo símbolo se desvirtuó un poco con el pasar de los milenios. Lo podemos ver hoy en día plasmados en aviones, tal como lo pintaban los egipcios en sus naves para procurar un viaje más seguro.

De hecho, en países como Turquía y algunos de Latinoamérica constituye algo normal, una tradición, que se regale un ojo azul a un recién nacido, para evitar que le caiga un “mal de ojo”.

Con el tiempo las costumbres y tradiciones se van transformando, pero no queda claro si el ojo turco será significando lo mismo dentro de unos años. Hay quienes afirman que con el ojo turco ya se puede hablar de “apropiación cultural”. Un ejemplo palpable es la moda del Hamsa, muy sagrada para el judaísmo y el islam.

La modelo Gigi Hadid, cuyo padre es jordano-estadounidense de ascendencia palestina, tiene una línea de zapatos con el símbolo del ojo llamado EyeLove.

Sin embargo, Yildiran no se muestra preocupado porque el ojo turco pierda su verdadero significado, pues, a su juicio, ha sido capaz de trascender a todo tipo de prácticas en miles de años.

El ojo azul ya no forma parte solo del mundo religioso, ahora incluso constituye un símbolo muy demandando en el mundo de la moda.

Hay muchos que no usan el ojo con ligereza, ya que mal implementado podría inutilizar sus habilidades protectoras y hacer que se caiga en una maldición más poderosa. Claro, esto solo aplica para aquellos que creen.

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