En la Colombia contemporánea nos encontramos ante una sociedad indiferente y obcecada parcialmente ante su propia realidad, en donde a las personas no les interesa los problemas nacionales y se abstienen de participar activamente para solucionarlos; por el contrario, buscan equivocadamente sacar una ventaja efímera inmediata, en perjuicio de un buen futuro a largo plazo, a partir de las relaciones políticas locales.

Hace un tiempo, invitaba a la sociedad a abandonar la sumisión a la corrupción, pero hoy los llamo a ir más allá y liberarse de esas ataduras de la historia de Colombia, en donde la transgresión del ordenamiento jurídico se ha vuelto cotidiano dentro del nuevo Estado de naturaleza que se vive al interior de una estructura estatal completamente deslegitimada. Le corresponde a absolutamente todos el comenzar a construir una verdadera nación.

Si bien es cierto los políticos se encuentran investigados por una justicia que flaquea en su transparencia, hay una parte de estos funcionarios que se encuentran realizando bien su tarea y esperamos que den los resultados esperados; pero la historia de Colombia sólo se puede iniciar a transformar a partir de actos personales, somos los ciudadanos quienes elegimos a nuestros verdugos y en vez de buscar darle vuelta a esta situación, la sociedad ha ido retrocediendo y sometiéndose sin oponer resistencia alguna.

Hace un tiempo un gran amigo me decía: en este país es necesaria una reeducación en el marco del posconflicto; frase que describe elegantemente una realidad descarnada. Esa realidad hace referencia a una sociedad compuesta por personas que no le interesa lo que le suceda al otro, egoísta, pragmática, no respetan las normas, no cumplen las sentencias judiciales, le dan mal ejemplo a los hijos, los docentes quieren educar a una nueva generación con doctrinas discriminatorias y excluyentes del pasado, no hay tolerancia y mucho menos respeto, entre muchas circunstancias más que han convertido a Colombia en un maremágnum moral.

Hay una seria preocupación con la clase política, pero el problema más grande de Colombia es su sociedad inactiva y cómplice; a la cual le llegó el momento de reaccionar y autogestionarse en el marco de un momento que podría ser histórico si se logra consolidar un acuerdo de paz con todos los actores del conflicto armado interno. Un ejemplo sería que constitución política y el código civil se lo deberían saber todos los colombianos de memoria, pero no para practicar el derecho sino para vivir en comunidad.

Llegó el momento en que la sociedad dé un paso al frente, hoy más que nunca se necesita de un líder nacionalista, y no hay que tener miedo a decirlo, no un político que se dedique que desprestigiar al adversario utilizando demagogia, sino que se interese por Colombia nada más, lastimosamente no lo hay en la abundancia de candidatos frívolos.

Fredy Socarras

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