Depredadores del derectum

Cada vez que oigo hablar del derecho a la autodeterminación pienso que no hay nada más temerario que la autodeterminación de derechos. El centro de los desmanes dentro de ese mundo de locura, ya de aspiración universal, es el asalto sistemático a dos palabras que son en términos jurídicos y sociales padre e hijo: Derecho y derechos. El asalto a la primera desde la segunda, supone el control de la norma y la eliminación deliberada de su fundamento básico. El asalto a la segunda desde la primera, supone la posibilidad de institucionalizar intereses particulares.

El proceso es bidireccional: los principales organismos internacionales están presionando a los países para impregnar de nuevos derechos el Derecho y desde el Derecho se están sojuzgando los derechos y libertades de toda la vida (valga la expresión).

Para demostrar que están siendo atacados hemos de acudir al origen de las cosas. Todos sabemos qué es el Derecho, pero de dónde mana?. El Derecho Natural tiene su base en la naturaleza y razón humanas y precisamente esa naturaleza es lo que lo hace inmutable. Por eso actúa como base del Derecho positivo (aquel establecido a voluntad del legislador).

El Derecho es algo muy serio, tan serio como que es el ordenamiento jurídico que nos protege de nosotros mismos y de los demás, nos impone las normas que regulan el marco en el que las naciones y pueblos se han de desenvolver. De hecho la palabra derecho tiene su origen en el término latino derectum que significa recto, referido al equilibrio de una balanza, es decir, mantener el equilibrio entre derechos contrapuestos o lo que es lo mismo, se podría extrapolar a lo que hoy día se considera igualdad de derechos. Esa es la naturaleza del Derecho; la búsqueda normativa de la justicia.

Cicerón decía “un hombre debe a todos los demás y es debido a todos los demás”. Dos posibles lecturas: por un lado el deber inexcusable de los ciudadanos del cumplimiento de la Ley y por otro lado la potencia del Derecho Natural como el elixir de toda fuente de derecho. También decía que la principal función de la Ley era prescribir la conducta correcta y prohibir la conducta mala.

Si el Derecho puede ser manejado al antojo de quien posea la carta más alta de la baraja, sin ningún tipo de restricciones, entonces la tesis de Cicerón no puede cumplirse y la labor del Derecho resulta inservible empero no existen derechos objetivos, inherentes al ser humano, (más allá de cualquier sistema político) que el ordenamiento jurídico pueda proteger.

¿Qué dictamina nuestros derechos y libertades?. Lo hace el Derecho. Sus fuentes son: la Constitución, la Ley, la Costumbre y los Principios Generales del Derecho principalmente. Fuentes que tienen su anclaje en el Derecho Natural. Dentro del ordenamiento, es la Constitución la norma de mayor rango y ninguna norma de rango mayor puede ser contravenida por otra de rango inferior.

Pero, ¿qué ocurriría si el Derecho Natural fuese torpedeado y el positivo vulnerado?. Pongamos encima del tapete algunos supuestos. En primer lugar el proyecto de Ley LGTBI llevado fulgorosamente al Congreso en España: ley que vulnera el Derecho positivo al contravenir una norma de rango superior como es la Constitución (concretamente ciertos derechos elementales como el de los padres a educar a sus hijos) y desde ahí asalta el Derecho Natural sojuzgando la integridad moral y la libertad.

En segundo lugar, las normativas en favor del aborto y los ingenierilmente llamados ‘derechos reproductivos’, donde el derecho a la vida de los concebidos y no nacidos es vulnerado dramáticamente, otro caso más donde se asalta el derecho positivo y se viola su raíz, su esencia (el Derecho Natural).Otro supuesto revelador; el intento de referéndum secesionista por parte del independentismo catalán que también vulnera la Constitución en base a un derecho ficticio denominado derecho de autodeterminación, digno de la factoría Disney pero, al igual que las balas, cargado por el diablo hasta el punto que representa un avasallamiento de la libertad del resto de los españoles.

Unas precisiones a este último caso; la RAE establece dos significados para la palabra autodeterminación: a) decisión de los ciudadanos de un determinado territorio sobre su futuro estatuto político, b) capacidad de una persona para decidir por sí misma algo.

Nuestra Carta Magna faculta al individuo para la autodeterminación de una profesión, vivienda, religión, o sindicación entre otros derechos pero en ningún caso le permite arrogarse la facultad de autodeterminar individual ni colectivamente cuáles son sus derechos y libertades. Ni el individuo ni ningún colectivo territorial o de otra índole es dador de derechos por el simple hecho de vivir en un país o en una democracia: la democracia no otorga derechos, lo hace la Ley y en su defecto el resto de fuentes del Derecho.

La enfermedad de la que hablamos (creación artificial de derechos) tiene tres focos de infección:

a) Los grupos de poder mundialistas cuyos intereses van encriptados en los mal llamados “nuevos derechos”. Para esos grupos no hay mejor manera de introducir la mentira que esconderse tras la verdad; bajo el escaparate de supuestas almas cándidas se propalan e imponen dogmas contrarios al fundamento básico y primigenio del Derecho (la Ley Natural). A través de su enorme influencia en el concierto internacional crean las plataformas necesarias en los países de su área de influencia (el llamado primer mundo) para inyectar el virus jurídico que complace a sus designios.

b) El imaginario colectivo. En buena medida proceden de las maniobras de distorsión, llevadas a cabo por los protagonistas del apartado a). Colectivos perfectamente estructurados, con el respaldo de grandes masas, empiezan a otear el horizonte normativo tomando conciencia de clase jurídica, esto es, se sienten capaces de luchar e imponer llegado el caso sus propios derechos con independencia de las consecuencias que tengan para sus conciudadanos, y lo que es más grave, con independencia de lo que establezca el ordenamiento jurídico vinculante de rango superior.

Con el proyecto de ley LGTBI, una formación política, de cuyo nombre es mejor no acordarse, ha hecho suya la defensa de la imposición de nuevos derechos y ha declarado abiertamente la guerra a todos los ‘bellacos’ que no adopten una pose genuflexa ante tan ‘magnánima’ obra social. El caso del intento de secesión independentista es similar: se establece el derecho de autodeterminación como propio y se aboca al conflicto colectivo con el resto de españoles postulando como derecho irrenunciable lo que constituye todo un asalto al Estado en Cataluña.

c) La interpretación a título personal. La posibilidad de que los derechos puedan mutar o ser interpretables y salir así de su hábitat natural permite al individuo actuar desde el voluntarismo como Alicia en el país de las maravillas a la hora de interpretar (en lugar de asumir) sus derechos y deberes en la comunidad en la que vive, acomodando la norma a su modus vivendi y no viceversa. Es el supuesto de los denominados ocupas que alegan torticeramente el derecho a una vivienda digna lesionando el derecho a la propiedad privada.

Para archivar el asunto, me gustaría añadir que la exposición puede contener algún error jurídico propio de un indocto en estas lides (mis disculpas). Pero conviene no olvidar, para combatir tan nefasta enfermedad, que el origen de todo se encuentra en el Derecho Natural también denominado Ley Natural: aquellos derechos inherentes al ser humano por el hecho de serlo como idea de justicia.

Si no hay origen, no hay Derecho tal como lo conocemos; entonces el Derecho positivo es víctima del voluntarismo jurídico que depreda el Derecho Natural, y el Estado de Derecho deja de ser el guardián protector de los ciudadanos para ser un dispositivo donde el manejo de la norma no conoce límites, de modo que la mano habilitada para apretar el botón puede destruir cuanto se le antoje: un ordenamiento jurídico desnaturalizado, una bicoca para toda clase de usurpadores y sátrapas que pretendan convertir el Derecho en su coto de caza particular.

Eduardo Gomez

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