La clave para bajar de peso es la calidad de los alimentos, no la cantidad

La clave para bajar de peso es la calidad de los alimentos, no la cantidad

Uno de los elementos más importantes al momento de hacer una dieta es la cantidad de calorías que se consumen diariamente, o por lo menos eso es lo que establecen las principales recetas.

Sin embargo, una nueva investigación desmiente esta tesis y asegura que, en realidad, lo que importa es la calidad de la comida. El estudio, que fue publicado en la revista JAMA , revela que las personas que redujeron el consumo de ciertos alimentos demasiado procesados y con azúcares añadidos y que, al mismo tiempo, aumentaron su ingesta de verduras y frutas, lograron bajar de peso. Esto sin tener que preocuparse por la cantidad de calorías consumidas en cada ración.

Los resultados fueron favorables tanto en las personas cuyas dietas restringían la cantidad de grasas, como para las que lo hacían con los carbohidratos. Incluso se demostró que ciertos factores genéticos no influyen en los resultados; lo que, por supuesto, elimina la hipótesis de que las dietas tienen que ser recomendadas según la composición genética del individuo.

La investigación se basa en el principio de calidad, no cantidad. Esto básicamente quiere decir que es el tipo de comida lo que contribuye a que una persona baje de peso, y no precisamente la porción que come. Asimismo, el estudio insta a las autoridades sanitarias evitar decirles a sus pacientes qué cantidad de comida puede ingerir diariamente, lo que puede crear una especie de “obsesión”. Contrario a esto, se debe alentar a evitar alimentos procesados y con azúcares añadidos como el pan, rosquillas y algunas bebidas azucaradas, tal como lo explicó el doctor Dariush Mozaffarian, quien es cardiólogo y decano de la Facultad Friedman de Ciencias y Políticas de la Nutrición en la Universidad Tufts, ubicada en la ciudad estadounidense de Massachusetts.

Según Mozaffarian, Estados Unidos, uno de los países que consume más comida chatarra en el mundo, debe parar de concentrarse solo en el conteo de calorías.

¿Cómo se realizó el estudio?

El director de estudios nutricionales del Centro de Investigación para la Prevención de Stanford, Christopher D. Gardner, y su grupo, fueron quienes estuvieron a cargo de la investigación, que contó con 600 sujetos de prueba. En el estudio se comparó como personas con obesidad respondían ante dietas bajas en grasas y en carbohidratos. Además, buscaba demostrar la hipótesis de que cada persona reacciona a una dieta dependiendo de factores genéticos como el tipo de metabolismo, entre otros. Esto incluso se convirtió en prácticamente una moda, donde cada vez más servicios venden a las personas la idea de “dietas personalizadas” según su genotipo.

Específicamente los científicos tomaron a un grupo de adultos provenientes de la Bahía de San Francisco, Estados Unidos, y lo dividieron en dos. Un equipo tenían dietas reducidas en grasas y otros en carbohidratos, pero a ambos se les enseñó a comer alimentos con alto valor nutricional y a evitar aquellos procesados. De hecho, se les recomendaba que los mismos fueran hechos en casa.

El equipo reducido en grasas tenía permitido comer alimentos como arroz integral, fruta fresca, legumbres y quínoa, y se les pidió evitar el jugo de frutas, arroz blanco, pan blanco y ponqués que si bien, técnicamente, son bajos en grasas, no son tan sanos. Por otro lado, el equipo reducido en carbohidratos tenía una dieta a base de aceite de oliva, aguacate, salmón, verduras, nueces, semillas y otros productos saludables.

A ambos grupos se les pidió agregar rutinas de ejercicio a la dieta, pero, según cuenta Gardner, casi ninguno incrementó sus niveles de actividad diaria. Todos los participantes del estudio recibieron clases con expertos en dietas que le enseñaron estrategias conductuales y de alimentación.

Un nuevo modelo de dieta

Lo más importante de este estudio es que en ningún momento se les restringió a los participantes los carbohidratos, las grasas o se les puso un límite calórico diario. Su modelo estaba basado en el consumo de alimentos saludables, aquellos que son integrales y en cantidades suficientes, para no dejar a la persona con sensación de hambre.

Gardner destacó que en ningún momento establecieron un número o limite que los individuos debieran cumplir a cabalidad.

La mayoría de las personas que se ponen a dieta experimentan el llamado “efecto rebote”, es decir, que recuperan los kilos perdidos. Los participantes de este estudio sí lograron bajar de peso considerablemente, sin embargo, hubo notables diferencias en los primeros resultados: algunos perdieron hasta 27 kilos y otros, por el contrario, subieron de peso. Pero se reveló un detalle importante y es que, los que bajaron de peso aseguraron haber realizado cambios en su alimentación, comiendo comida más saludable y, además, tomaron hábitos como cocinar en casa, comer en la mesa y no viendo televisión, entre otros.

Consumir alimentos de alta calidad, eso fue lo que se les pidió a los individuos. Gardner dijo que la principal petición fue la de evitar productos con azucares añadidas y, en su lugar, comer muchas más verduras y alimentos no procesados. Los alimentos “light” o bajos en calorías no son válidos, porque son “engañar al sistema”, comentó.

Los sujetos de estudio se llevaron una agradable sorpresa al tener que cumplir una dieta donde, básicamente, no se les restringían las calorías. Ni siquiera tenían que pensar en ellas.

Era tan sorprendente este tipo de dieta, cuenta Gardner, que semanas después de haber iniciado el proceso, los participantes peguntaban en qué momento les iban a instruir sobre la cantidad de calorías a consumir durante el día.

Y es que esto es lo más común en las dietas actuales: el conteo de calorías. De hecho, es el principio básico de muchos nutricionistas para la pérdida de peso.

Al cabo de un año, ambos grupos lograron bajar de peso. Esto pasó porque en lugar de concentrarse en la cantidad de comida ingerida, lo hicieron por la calidad. Los del grupo de carbohidratos reducidos bajaron un poco más de seis kilos, mientras que los de grasas reducidas disminuyeron unos cinco en promedio. Pero no solo vieron resultados con los kilos perdidos, sino en sus marcadores de salud, menos cintura y grasa corporal, así como mejores niveles de glucosa en la sangre y presión sanguínea.

Gardner no le resta toda la importancia a las calorías, pues ambos grupos aún consumían menos calorías, solo que no estaban conscientes de ello, y se concentraban en alimentos nutritivos y saludables que satisfacían su apetito.

Finalmente afirma que es una equivocación pedirle a las personas que cuenten su consumo diario, pues eso las hace sentir mal. En lugar de eso se recomienda enfocar la dieta en alimentos saludables de calidad, y no por la cantidad.

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