A raíz de las pruebas nucleares realizadas por Corea del Norte y la tensión que estos actos han provocado en el mundo, han surgido muchas preguntas respecto al riesgo que podría significar una bomba de hidrógeno en comparación con una bomba atómica. A pesar que ambas representan un riesgo masivo, cada una de ellas posee un sistema de funcionamiento y una capacidad destructiva diferente.

¿Cuál es la diferencia?

Básicamente la diferencia radica en el proceso que necesita cada bomba para lograr liberar grandes cantidades de energía, fenómeno del cual depende su poder destructivo.

Por una parte, la acción de la bomba atómica o bomba de fisión nuclear consiste en la división (fisión) de un núcleo en dos o más núcleos de elementos más ligeros produciendo consigo una reacción en cadena y liberando energía en forma de radiaciones gamma y energía cinética.

Por otra, el proceso de la bomba de hidrógeno o de fusión nuclear, consiste en la unión (fusión) de varios núcleos atómicos de similar carga (hidrógeno en este caso), formando un núcleo de mayor peso que desata igualmente grandes cantidades de energía.

No obstante, para que tal reacción pueda producirse, se requiere un considerable aporte de energía que solo puede ser provisto a partir de una detonación de una bomba de fisión que actúa como gatillo.

Como producto de la radiactividad, se genera la fusión de tritio y deuterio, isótopos pesados del hidrógeno, y consecutivamente, la fisión de isótopos de uranio.

¿Cuál bomba es más poderosa?

La medida de la potencia o capacidad destructiva (cantidad de energía liberada) de una bomba atómica es el kilotón, que equivale a 1.000 toneladas de TNT. Se estima que el proceso de fisión propio de las bombas atómicas es menos eficiente y más limitado.

Así entonces, dada la complejidad en su estructura, las bombas de hidrógeno generalmente son más poderosas que las bombas atómicas. Según publicación en ‘The Guardian’, esto se debe a que es más complejo controlar la radiación que genera, por lo que los expertos consideran que su potencia es teóricamente ilimitada.

Hasta ahora, la bomba rusa Tsar (50 millones de toneladas de TNT), probada en 1961, es la bomba de hidrógeno más poderosa sobre la cual se tenga conocimiento. Su diseño original hacía viable una explosión de 100 megatones.

¿Cuál es el futuro de estos dispositivos?

Los primeros artefactos de este tipo que se desarrollaron eran dispositivos muy pesados y “demasiado grandes para ser incorporadas en un misil balístico”, según señala el experto en armas Jeffrey Lewis. Y aunque han tratado de reducir su peso y tamaño gradualmente, en realidad lo que se busca es miniaturizarlas.

Sin embargo, que un misil balístico pueda albergar una bomba en su parte superior significa un gran reto que requiere pruebas e innovaciones de diseño para conseguir un balance entre su tamaño y su poder destructivo. Es por ello que el empeño de Corea del Norte por desarrollar su programa nuclear evidencia su propósito de alcanzar ese objetivo.

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