¿Dónde estará Philip Marlowe?

Dónde estará Philip Marlowe

A veces pienso que vivimos en una sociedad donde no movemos un dedo ni aun cuando “las barbas del vecino veamos pelar”. No solo nos hemos vuelto cómodos, sino conformistas con nuestro destino. Primero vemos como se despeña el de los demás, aprendemos a permanecer impasibles y posteriormente cuando nos llega el turno ya estamos anestesiados.

Estamos perdiendo la vitalidad espontánea que irrumpe cuando nuestra conciencia dice que algo va mal y tenemos que tomar cartas en el asunto, y lo que es peor capacidad contemplativa. Tanto nos ha afectado la decadencia moral que vive hoy Occidente, que la inacción se ha ido apoderando de una gran masa crítica. No solo predomina la incapacidad para buscar soluciones a problemas colectivos procedentes de las estructuras de poder que nos tienen maniatados, tampoco reaccionamos cuando en nuestro quehacer diario descubrimos la crueldad de aquellos cuyas almas huelen a cuerno quemado.

Hace ya un año, me enteré de la publicación de la nueva novela de John Banville llamada “La rubia de ojos negros”, la cual rescata a un antiguo personaje de la novela y el cine negro: el detective Philip Marlowe. Fue entonces cuando recordé a ese intrépido personaje interpretado extraordinariamente por Humprey Bogart en el “Sueño Eterno” en 1946.

Es cierto que el cine negro (sobre todo el americano de antaño) posee un magnetismo muy especial: miradas intrigantes, conversaciones ágiles, pasiones intrincadas… pero había algo más; también había todo un mar de propósitos oscuros que revelaban el lado negro del alma humana.

El Sueño Eterno es una obra maestra del cine negro marcada por una atmosfera tensa, pesada y una línea argumental cargada de suspense intentando descubrir la trama que hay detrás de un delito de asesinato. Ahí estaba Marlowe tratando de descubrir, ¿quién y porque?. Pero además de todo esto, había un componente ético en este detective privado, de apariencia cínica.

Durante el trayecto de su investigación se dio cuenta que también había un leitmotiv más allá de sus honorarios: arreglar las cosas en un mundo donde la codicia, la extorsión, el chantaje, la conspiración y demás lados tenebrosos del ser humano se vestían con sutileza y actuaban como hienas en la sombra. En ese escenario, Marlowe emplea toda su astucia y estratagemas detectivescas para poner patas arriba a las hienas y acabar con ellas y a buena fe que lo consigue, al final vuelve a caer en la cuenta de una verdad realmente dura: solo había ganado una batalla, porque el mal también se reproduce, muta y es escurridizo.

Mira a su alrededor y se encuentra justamente en una sociedad corrompida a derecha e izquierda, donde hay más mentiras que verdades, donde el pez grande se come al pequeño sin pestañear, los demás no lo ven y él se pregunta si realmente lo saben, pero, “¿qué más da?, nadie va a ayudarme-se dice así mismo-  además he de pensar que se trata solo de un trabajo más, de no ser así no seré lo suficientemente listo como para descubrir el pastél y no podré poner las cosas en su sitio”.

Al margen del atractivo que transmite la figura misteriosa del detective de  novela negra, había un halo de esperanza alrededor de lo que hacía Marlowe. Representaba a alguien que desde una posición invisible, para no mostrar puntos flacos al enemigo, se erigía en alguien que no estaba dispuesto a conformarse  con todo aquello que olía a podrido a su alrededor y que de un modo calculado y empleando a su favor la perversión del enemigo, lo haría saltar por los aires.

Comentaba una periodista, en relación a Philip Marlowe, en una descripción sencilla y precisa:” Sabe que el mundo es malo y no tiene solución, pero él lo intenta”. Así camina una parte de la sociedad de hoy día: buscando a Philip Marlowe.

Eduardo Gomez

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