El efecto Wallenda, en la toma de decisiones [Coaching]

Quién fue Wallenda

El efecto Wallenda, la toma de decisiones denominado así por los investigadores de las ciencias sociales y del liderazgo, en homenaje al famoso equilibrista Karl Wallenda, quien falleció  trágicamente en el 1978 al caer de una cuerda floja durante una exhibición en la ciudad de San Juan de Puerto Rico. Durante tres meses previos al evento, pensar en caer fue en lo único que Wallenda ocupó su mente. Él consideraba que era la más peligrosa de sus caminatas.

Durante los días previos se dedicó a supervisar personalmente todo el proceso de instalación de la cuerda, algo que nunca había hecho. Luego del lamentable accidente, su esposa señaló que Karl había destinado todas sus energías a no caer más que en caminar sobre la cuerda. Es difícil saber qué estados emocionales abrigaban la mente de Karl pero probablemente el miedo y la ansiedad por la evaluación negativa del evento a realizar eran las que mas afectaron su toma de decisión.

¿Cuándo aparece el factor Wallenda?

Cuando un Líder o gerente tiene que tomar decisiones y sufre del efecto del factor Wallenda, se preocupa principalmente de las percepciones propias del resultado del suceso. Tiene que ver más con el juicio sobre el resultado de la acción y menos sobre el juicio propio sobre la eficiencia de si mismo. Es decir, algunos ellos pueden estar muy seguros de sus propias capacidades, pero darse por vencidos porque creen que sus esfuerzos no producirán ningún resultado. El efecto final del nerviosismo excesivo o miedo es que introduce estímulos adicionales al proceso de toma de decisiones de la gerencia o empresa.

En las organizaciones se presenta el factor Wallenda cuando los individuos han identificado factores externos en su proceso productivo y se percatan de una paradoja laboral: que un minimo de desempeño y con un nivel dado de productividad en el trabajo obtienen un salario fijo, pero desempeños superiores no producen resultados monetarios superiores.

Esto es mas recurrente en países con altos niveles inflacionarios como es el caso de Venezuela en el cual la motivación salarial ya no produce los efectos deseados en sobre el aumento de la productividad laboral.

Otra manera de ver el factor Wallenda es el enfocarse en los pensamientos positivos de las acciones. Los investigadores y gurús del liderazgo Bennis, W. y Nanus B. en 1985 señalaron que: “el efecto Wallenda también se podría definir como la capacidad de embarcarse en objetivos, de verter todas las energías en una tarea, no mirar hacia atrás y en tejer excusas por los hechos pasados”.

Cuando se va a tomar una decisión o realizar una acción determinada, si el sujeto centra su preocupación en los problemas, en las amenazas, en la posibilidad del fracaso; pierde la concentración y energía que debe utilizar en la ejecución del proceso, y muy probablemente los resultados que obtenga no sean los esperados.

La toma decisiones es más emocional que racional

Goleman Daniel, en su libro de la Inteligencia Emocional de 1985, señala que “El temor, en la toma de decisiones, puede ser un estímulo a la búsqueda de mejores alternativas, ante los peligros o amenazas que podemos anticipar. Pero, si se instala de manera obsesiva en la mente de la persona que decide, tiene un efecto paralizante, no solo bloquea la capacidad de decidir, sino también de razonar y de actuar”. Los líderes y gerentes que se dejan invadir por el temor.

Si las decisiones inician el proceso de liderazgo y gerencial y mueven el trabajo en las organizaciones, su ausencia o postergación pueden afectar su efectividad e impacto en el entorno. No obstante, hay que saber diferenciar dos situaciones: una, la postergación de la decisión para la búsqueda de más información o de mejores alternativas; otra, la que se dilata sin proporcionar nuevos elementos, y que puede conducir a  dos situaciones: la primera “parálisis por análisis”. Expresiones típicas de este estado pueden ser: “necesito estudiar más el asunto”; “investiguemos más a fondo”; “conviene pedir otra opinión”; o “aún no estoy seguro”. La “parálisis por análisis” surge cuando colocamos tanto énfasis en el proceso de análisis que quedamos atascados en él y no llegamos a decidir. Cuando esta situación se convierte en hábito termina impregnando cada vez más el proceso de decisiones, llegando a las más simples y triviales como ‘qué detergente debo comprar’.

Y la segunda, “La Esperanza paralizadora”. Esta condición hace que, por temor, muchas personas se detengan a esperar por las condiciones ideales para actuar y quedan estancadas en el tiempo sin moverse ni evaluar otras opciones de acción, ya que “algún día vendrá un tiempo mejor”. De las dos me parece la mas dañina por conducir a la inacción.

El enfocarse en los resultados negativos, en las cosas que pudieran salir mal es una forma de pensar común en sociedades en crisis o empresas que han perdido su rumbo. Esta podría hasta llegar a convertirse en una conducta tóxica que puede traer repercusiones desfavorables en las propias vidas de quienes usan frecuentemente estos pensamientos.

Es necesario que las personas dejen de ver el punto negro en la hoja de papel blanco y observen todo el panorama, no quiero plantear que las personas vean todo en color rosa, o que anden como si estuvieran en aquel festival de rock de los años 60, sino que se centren en las cosas posibles de lograr. Recuerden que toda intención humana es positiva al menos al comienzo.

En otras palabras, enfoquen su mente en los resultados que esperan alcanzar y trabajen arduamente para ello, tengan una Neuro comunicación positiva con ustedes mismos y con las personas que les rodean, salgan de su zona de confort y muévanse hacia sus metas tomando las decisiones que tengan que tomar.

Norberto Peña Quintero

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