Colombia: En plena campaña

“Vote por mí para que salga de la pobreza con seguridad, empleo y libertad”

En plena campaña

La paquidérmica sociedad se extasía, confabulando sobre estraperlos y chanchullos presuntamente cometidos por los avispados políticos, que ahora los usufructúan haciendo su campaña, direccionada a la captación de potenciales y reclutados votantes –a su favor –exponiendo ante la comunidad agobiada de necesidades, la más pomposa y rimbombante  artimaña  publicitaria, que se muestra y queda en el derroche de dinero materializado en vallas, “decoraciones” de carros, afiches, y demás elementos propios de la parafernalia, requeridos para captar esa atención del ciudadano y enamorarlo del número y el color, para que el día de E , voten por él y lo elijan congresista.

Hay que entender que ésta conducta y exhibición de poder sobre el pueblo, ha sido permitida y establecida por la misma comunidad, que se mantiene atenta a tildar con morbo la procedencia y lo que se robará el elegido, pero realmente no hace nada para asumir una verdadera posición crítica y que examine en el candidato, las cualidades y calidades por las que ha merecido su auto-nominación, asegurando ante todos que responderá con responsabilidad, honestidad y gestión, a la confianza del pueblo por entregarle temporalmente la extensión de su poder soberano.

Cada vez que se llega a esta época de campañas políticas, para elegir democráticamente a quienes participaran directamente en las decisiones administrativas  o legislativas del Estado –se confirma más– la inmadurez e irresponsabilidad del mismo elector, con el deber de votar y elegir bien, y promocionar realmente a quienes por su convicción o capacidad pueden representarlo, sin la preclara intencionalidad de saciar sus intereses personales y los de sus aduladores, obteniendo la franquicia para suscribirse a la corrupción y sacar no solo el capital sino las utilidades que compensen los manirrotos gastos, que contribuyeron para legitimar su investidura.

El listado de candidatos es muy selecto y cerrado, de quienes se dice que –son los mismos con las mismas–, pero tampoco se manifiesta de por sí, otra convocatoria antagonista capaz de contrarrestar a los publicitados, con argumentos contundentes y llenos de explicitas razones que reformulen una real solución a los problemas de la sociedad.

Aparecen en escena, los fustigadores, “expertos en fórmulas de campaña”, columnistas detractores y pontífices de la comunicación política –arremetiendo hasta injuriosamente, y –señalando explícitamente conductas deshonrosas, en aquellos candidatos que no han participado al final, con una buena untada de dinero o que definitivamente están dentro de la animadversión y el odio partidista.

El ciudadano hipopótamo, que contempla desde su zona de confort –el descuartizamiento de incautos– por las hienas políticas, en la playa del abrevadero. Tiene esa capacidad de resoplar y embestir las campañas con el fin de seleccionar a aquellos que no tengan ascendencia en la corrupción, como primer presupuesto y luego el del potencial intelectual y autoritario que permita atisbar un individuo, con características de prominente senador.

Es en definitiva y hasta la saciedad, muy certera la premisa de que “el pueblo elije los gobernantes que se merece”, entonces no existe otra razón más, para creer que exteriorizando apatía al proceso electoral y denigrando de quienes serán honrados –por encima de improperios– como “padres de la patria” se está dando cumplimiento al deber de elegir libremente a quienes honrosamente gobernaran por un periodo el comportamiento civil.

Al final después de recibir abrazos, promesas, tamales y quizá una suma de dinero para alegrar y estimular esa anhelada votación, solo quedará reflexionar que seguimos siendo esclavos de lo que decimos y dueños de lo que callamos.

Alfonso Suárez

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