Ética: ¿Recuperar la esperanza?

Para nadie es un secreto que las tecnologías de la información y la comunicación han transformado la vida cotidiana de las personas y que a pesar del avance tecnológico del cual estamos siendo testigos, hay cosas que nunca pasan de moda, como la ética y los valores.

Vivir en comunidad requiere una serie de normas y reglas que se deben seguir para que las cosas funcionen, es tener presente que los actos individuales afectan positiva o negativamente a las otras personas.

¿A quién le gusta que le pisoteen sus derechos?, ¿Que le traten de manera injusta, que le atropellen? A nadie.

Por eso, la ética no solo como valor sino como estilo de vida, está cada día más vigente, y debería estar presente en todas las actuaciones públicas y privadas, individuales y colectivas.

De nada sirve criticar a los gobiernos, a los políticos, a los vecinos, si los ciudadanos no dan ejemplo de honestidad, buenos modales, buen trato, transparencia. Los principios individuales no se pueden ocultar, salen a flote con cada uno de los actos, se plasman en la cultura, en la forma de ser, pensar, actuar y conducirnos.

Para todo existen normas, preceptos, lineamientos que se deben cumplir, ¿se imagina una ciudad donde no existieran normas de tránsito? (Aunque las hay), sería el caos completo. Así mismo, el comportamiento social debe seguir normas éticas, especialmente en una sociedad que se acostumbró a la “cultura” del todo vale, la ley del más vivo, ¿Usted no sabe quién soy yo?, etc.

Los principios, los valores y la ética, no se tratan simplemente de retórica o de discursos viejos y desgastados, olvidados, o de lo bueno y lo malo, sino de tomar conciencia de que si la sociedad se desgasta, se desvaloriza, es porque lo hemos permitido.

Frecuentemente se relacionan la ética y la moral con las religiones o con ciertas doctrinas, pero la ética es la parte de la filosofía que se ocupa del obrar del hombre, de sus acciones. Los valores, son el reflejo de nuestro comportamiento basado en los principios, son conductas o normas consideradas como deseables, es decir, cualidades de todos los seres humanos.

En un artículo del Diario del Huila publicado en diciembre de 2016 bajo el título: La Crisis de la ética en Colombia, dice: “Tenemos la tendencia de asumir, en nuestra vida cotidiana, diferentes posturas que van de acuerdo al ambiente en donde nos encontramos. Muchas personas asumen un comportamiento ético en el hogar, otro en el trabajo y otro en la calle. Dentro del ambiente familiar se identifican con los conceptos de justicia, rápidamente se aceptan acuerdos no muy santos para conseguir contratos y/o de honestidad, pero en la calle hacen gala de la “viveza criolla”. En la vida profesional para obtener ganancias extras, porque aquí “el que parpadea pierde…” y si yo no lo hago, otro lo hará, así después se nos venga el mundo encima. Al final, con plata, todo se puede arreglar. Parecería que esa frase que escuchamos desde niños “vaya a robar al gobierno” es un mandato popular que produce frutos”.

Existen entidades como Transparencia por Colombia que tiene como ideal: “lograr un país libre de corrupción, donde esta no sea tolerada y donde la ciudadanía, el sector privado y el sector público de manera activa sancionen los actos de corrupción y se comprometan a combatirlos”.

La clave está en recuperar el terreno cedido desde lo cotidiano, lo diario, retomar en todas las instancias los principios y valores como las bases para fortalecer la convivencia pacífica.

La esperanza resurgirá en Colombia cuando la ética forme parte de las entrañas de cada persona, cuando no se dé un voto a cambio de un tamal o un ladrillo, cuando se respeten las señales de tránsito, cuando hagamos la fila, cuando se entienda el verdadero significado del respeto, de la tolerancia, en fin cuando entendamos que no hay delito pequeño y que así desde lo básico podemos construir una nueva sociedad, entonces a ¡Recuperar la esperanza!

Janeth Franco Silva

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