Carlos Henrique Raposo

Cuando al futbolista brasileño Ricardo Rocha, campeón con su país en la Copa Mundial de  1994 celebrada en los Estados Unidos, se le preguntó sobre su compatriota Carlos Henrique Raposo afirmó: “no sabía ni jugar a las cartas. Tenía un problema con el balón”. Lo de Raposo ha sido catalogado por los especialistas como el mayor fraude del fútbol mundial.

Raposo llegó a jugar como delantero, pero lo cierto es que no tenía ningún tipo de destreza para manejar el balón. Apodado como “el Kaiser”, el brasileño quiso ser futbolista desde niño, o mejor dicho, quería llevar la vida de un futbolista exitoso, pero había un pequeño detalle: odiaba el fútbol.

El jugador se valía de buenos contactos, una buena relación con los medios de comunicación y su carisma para desarrollar su carrera como futbolista. Raposo jugó en unos 10 clubes, pero nunca completó los 90 minutos que dura un partido.

Valerse del carisma

Su historia comenzó en 1996 cuando tenía 23 años de edad. En su afán por conocer futbolistas de élite comenzó a recorrer las discotecas más afamadas. Este fue el paso que le permitió conocer a Mauricio De Oliveira Anastácio, que en ese entonces fue un jugador insignia del club Botafogo.

Carlos Henrique Raposo 'el kaiser'Al conocerlo, Anastácio se rindió ante su carisma y posteriormente se encargó de convencer a los directivos de su equipo para que lo contrataran. El jugador fue quien ideó su apodo, en referencia a la leyenda del fútbol alemán  Franz Beckenbauer. Pensó que sería una buena ayuda.

Con el paso de las semanas, Raposo se dedicó a armar una hoja de vida que hablase bien sobre su pasado. En este punto inventó una de sus primeras grandes mentiras. Alegó que formó parte del equipo argentino Independiente que tenía en su palmarés haber ganado la Copa Libertadores en 1984. De esta forma logró su primer empleo.

En una entrevista concedida al portal “Globo Esporte” Raposo señaló: “Iba a las prácticas, pero a los pocos minutos de efectuar los ejercicios me tocaba el muslo o la pantorrilla y solicitaba ir a la enfermería. En ese entonces no existía la resonancia magnética. Estaba lesionado durante 20 días”.

Y añadió: “En Botafogo pensaban que yo era un crack, por lo que era un objeto de misterio. Tenía un amigo que era dentista quien me facilitaba los certificados médicos alegando algún problema físico. Así pasaban los días y luego lo meses”.

Modus operandi

Aplicando el mismo modus operandi, Raposo luego formó parte del Flamengo. Al llegar a los entrenamientos simulaba que estaba hablando por teléfono con agentes europeos. Sobre este punto, Ronaldo Torres, expreparador físico del equipo recordó: “Fingía que hablaba inglés, pero lo hacía mal. Un día descubrí que no hablaba con nadie”.

el mayor fraude del fútbol mundialMás tarde Raposo migró al fútbol de México producto de sus buenos contactos y a varios artículos de prensa falsos. Formó parte del equipo de Puebla y luego jugó en los Estados Unidos. Ahí fue contratado por el Paso Patriots de la llamada Premier Development League.

En el año 1989 su director técnico le solicitó que abandonara la banca para ingresar al campo de jugo. Raposo aprovechó los insultos que le decían desde la tribuna, saltó el alambrado y comenzó a pelearse, lo que luego le costó su expulsión. Una vez más logro su objetivo: no jugar un partido de fútbol.

Ya en 1990 el brasileño aterrizó en el fútbol europeo, la meca de este deporte en todo el mundo. Lo contrató el club francés Ajaccio y fue recibido como una estrella. No jugó un solo minuto y luego regresó a Brasil, en donde luego formó parte de América, Fluminense, Vasco da Gama, Palmeiras y Guaraní. Su retiro se produjo a los 38 años.

En declaraciones Raposo dijo sobre su carrera: “No me arrepiento de nada. Los equipos engañan mucho a los futbolistas. Alguien tenía que vengarse de ellos”, aseveró satisfecho por ser el protagonista de la mayor farsa del fútbol mundial.

¡Compártelo en tus Redes!