Las invenciones científicas por lo general obedecen a necesidades económicas, políticas, de reconocimiento… sin embargo, el caso de los guantes quirúrgicos es un caso atípico, donde las motivaciones obedecían a razones más pasionales que racionales.

La medicina en el siglo XVIII se desarrollaba de manera muy diferente a lo que conocemos hoy en día, la asepsia e incluso la higiene en quirófanos y hospitales era precaria. Se solía sopesar el prestigio de un médico en función a las manchas de sangre en su indumentaria, que sólo consistía de un delantal blanco, similar a los usados en una carnicería.

Para mediados de siglo, se comienza implementar el uso de ácido fénico durante los procedimientos quirúrgicos, los cuales se realizaban con las manos totalmente desnudas; en conjunto a rigorosos programas de lavados de manos, agua clorada y alcohol. Esterilizar las salas de cirugía y aumentar las posibilidades de supervivencia eran el objeto de múltiples estudios de la época.  Y fueron los guantes quirúrgicos los que determinaría un antes y un después en la historia de la cirugía moderna en el mundo.

Fue 1890, cuando el cirujano William Halsted de origen norteamericano, encargará a la empresa Goodrich Rubber Company, el desarrollo de unos guantes de goma que pudieran ser esterilizados.

Una Historia De Amor

Halsted de treinta y tan años, poseía una carrera exitosa en el mundo de la medicina y a su corta edad había ejercido en hospitales de Europa y América. Disfrutaba de una fama en ascenso producto de su buen desempeño y de diversos estudios realizados en los campos de anatomía y cirugía. Era conocido por su elegancia y minuciosidad. 

A finales del siglo, se establece en Baltimore desempeñándose como jefe de cirugía del hospital de la Universidad Johns Hopkins. Es acá donde conoce a la Caroline Hampton, quien llegaría a desempeñarse como enfermera en el mismo hospital durante la primavera de 1889. Una mujer agraciada, amable y elegante proveniente de una familia acaudalada del sur de Estados Unidos. Rápidamente se convierte en la ayudante de Halsted, quien la nombra jefe de enfermeras de quirófano sin mayores méritos que la simpatía ésta le ocasiona.

Ya para este momento parecía evidente que él había fijado su interés en ella, y todo parecía ir viento en popa, salvo por que Hampton se vio afectada por una severa dermatitis ocasionada por los constantes lavados de mano con ácido fénico. Esto podría dar por concluido el naciente romance.

Halsted fue muy discreto en cuanto sus sentimientos hacia la enfermera, sin embargo, es posible inferir que fue la desesperación de perder a su ayudante lo que inspiro la revolucionara idea de los guantes de látex.  Encargó a Goodyear Rubber Company la confección de unos rudimentarios guantes de goma que solventarán el problema de Hampton y evitaran su partida.

Así pues, la enfermera pudo continuar en el quirófano, dando continuidad al romance. En su biografía, Halsted dijo que no quería perder a Caroline porque era muy eficiente, pero en junio del 1890 contrajeron matrimonio, develando los verdaderos intereses del cirujano.

Guantes y neumáticos

Inspirado por el amor o no, Halsted creó unos guantes sin igual; intentos previos con diversos materiales habían fracasado, desde elaborados con intestinos de oveja hasta un modelo de gruesos guantes de goma en la década de 1840, ninguno se adecuaba a las exigencias de la cirugía como lo hacían los de Halsted. 

Estos fueron fabricados por expreso encargo del médico, quien solicitó unos guantes lo suficientemente finos para trabajar en el quirófano a la Goodyear Rubber Company, una conocida firma que fabricaba artículos de caucho y neumáticos para vehículos.

En 1844, Goodyear había desarrollado la vulcanización, método que permitió crear gomas más ligeras y extensibles. Así, estos materiales resultaron más flexibles y fácilmente adaptables. Esto permitió que los guantes elaborados, fueran ligeros y delicados, constituyendo una segunda y fina piel. Podían esterilizarse empleando vapor, relegando el estricto programa de lavado de manos con agua cloradas, acido fénico y alcohol.

Y aunque fue Halsted la mente detrás de esta idea, fue Goodyear la pionera en el desarrollo de los guantes quirúrgicos. A finales del siglo XIX el uso de los guantes quirúrgicos ya era obligatorio para los médicos, cirujanos y enfermeras. Hoy día son clave en el proceso de la asepsia quirúrgica, y garantizan la protección entre paciente y médico.

Ina Castro

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