El hombre del año

Recientemente el presidente francés, Emmanuel Macrón, electo hace poco menos de un año, ha sido elegido personaje del año 2017 (el hombre del año) por el diario El Mundo, que a propósito del galardón le entrevistó en París. La distinción bien podría haber sido realizada por cualquiera del resto de grandes medios o por todos al unísono, toda vez que la importancia del eje franco-alemán es el eje de la UE y la irrupción de Macrón coincide con un gobierno alemán (el de Merkel) cada vez más debilitado.

Fue lo que me llevo a hacerme una serie de preguntas: ¿quién es Macrón?,¿qué es o qué representa en el panorama político?,¿es un político de raza, es un líder social, es un intelectual (allende acreditaciones académicas), o un producto de las enredaderas de la política internacional actual?. La respuesta la encontramos en su trayectoria, ya que todos somos el producto de una trayectoria. Trayectoria es aquello que nos hace, nos moldea, nos impulsa, nos define.

Proveniente de la clase media acomodada, hijo de médicos, primero estudió filosofía (tesis sobre Hegel incluida) a renglón seguido se gradúa en la Escuela Nacional de Administración, pasa a trabajar en el Ministerio de Finanzas como inspector y de ahí da el salto al mundo de la banca, incorporándose a Rothschild & Co. Acabaría alcanzando el puesto de director general. Ingresa en las filas del partido Socialista y traba relaciones con Hollande, quién le hace primero secretario adjunto y después Ministro de Economía.

En el 2015 se desvincula del Partido Socialista pero continúa con su cargo en el gobierno, no dimite, lo haría más tarde en agosto del 2016, la coartada era la desaprobación de los procedimientos gubernamentales y sus desacuerdos con Hollande. Curiosamente unos meses antes en Amiens, su ciudad natal, ya había dado carta de oficialidad a su nuevo proyecto político; En Marche (EM). Se atisbaba en el horizonte el derrumbamiento de la credibilidad de Hollande y el del Partido Socialista. Ese proyecto era ya carne de cañón. La izquierda francesa estaba condenada a perder las próximas elecciones y el fenómeno Le Pen emergía cada vez con más fuerza. ¿Era el momento de cambiar de caballo, justo antes de cruzar el rio y él lo sabía?. “La honestidad me obliga deciros que ya no soy socialista”, esas fueron sus palabras.

A todo esto hay que añadir que formando su propio proyecto no tuvo que enfrentarse a unas primarias de partido, lo que le garantizaba la concurrencia a las elecciones del 2017, cuya candidatura lanzó en noviembre del 2016. En mayo del 2017 salía elegido presidente. Pero ¿que pasó a lo largo de esos meses?. De aquello ya no se habla apenas.

El camino hacia el Elíseo

Estamos en periodo electoral previo a las presidenciales, en la derecha francesa gana de manera aplastante Francois Fillon (recibió el 67% de los votos en la segunda vuelta de las primarias), con un discurso basado en el liberalismo económico y la recuperación de valores tradicionales (detalle significativo este último), se convierte en el auténtico favorito, según indicaban todos los sondeos, para ascender al Elíseo en la segunda vuelta de las elecciones. Asunto más que importante porque hasta ese momento se consideraba que solo un líder fuerte del centro derecha podría parar la carrera hacia el Elíseo del Frente Nacional (FN); la izquierda estaba hundida, a la par que Macrón y su EM eran aun advenedizos, y en las principales cadenas tenían aún una repercusión secundaria, pero todo llega.

Fue entonces cuando el panorama electoral dio un giro dramático: Fillon había aludido a la recuperación de fronteras y de los valores cristianos como nueva apuesta para defender con solidez la Unión Europea (esto capidisminuía buena parte de las opciones de victoria de Le Pen). En Enero, sale en cascada en todos los medios un posible caso de corrupción relacionado con unas pagamentas a la mujer y a los hijos de Fillón, lo que se conoce como desvío de fondos públicos , supuestamente Penelope Fillón recibía pagos pero no en concepto de sueldos desde el año 2002, pero el asunto se destapó nada menos que en el año 2017, nada menos que en año de elecciones, y nada menos que cuando Fillón había ganado las primarias en la derecha y las encuestas indicaban que Fillón iba lanzado a la presidencia de Francia.

El favorito a ganar las presidenciales francesas era un candidato conservador y católico que representaba a la derecha francesa católica (así eran el 60% de sus votantes). En Francia hay más de 48 millones de católicos, aproximadamente el 75%. En aquellos momentos el analista Benoit Pellistrandi aseveraba: “Fillón es una síntesis casi perfecta de las derechas, seduce al núcleo duro y a los centristas pasando por los democristianos”. Aglutinaba a gran parte de la derecha y no generaba especial repudio en la izquierda, olía a presidente por los cuatros costados.

Pero la derecha de Fillón no era la derecha habitual del sistema (una derecha líquida, eurófila y sin convicciones) por el contrario era liberal en lo económico pero muy tradicionalista en lo social y moral. No era lo que se demanda hoy día desde Bruselas. Desde que en Enero del 2017 salen a la luz los pagos sin justificar a su esposa, y más tarde a sus hijos, durante cuatro meses es vilipendiado en buena parte de los medios, día y noche, pese a todo sigue adelante, no renuncia, pero ya estaba sentenciado, buena parte de su electorado le había retirado la confianza, a tres meses de las elecciones presidenciales había empezado a sufrir un golpe del que ya no se repondría.

Si el 40% de los votos, no católicos, estaban concentrados en el sector liberal (la derecha económica) y la bajada en intención de voto fue muy significativa a partir del Penelopegate, no hace falta especular demasiado para deducir dónde se produjo la sangría de votos y hacia donde fueron a parar, habida cuenta de que los liberales no iban a votar a un partido socialista hundido ni al ala radical de la izquierda francesa, menos aún a Le Pen cuando su programa económico era extremadamente proteccionista y en general cercano a la izquierda. A aquellos (y fueron muchos) que abandonaron a Fillón solo les quedaba una bala en la recámara: Emmanuel Macrón.

Fue entonces cuando el proyecto de Macrón (EM) que no tenía aparentemente opciones en la primera vuelta (las encuestas le daban el tercer lugar), irrumpió con fuerza en los medios y en poco más de un mes en todos los sondeos, donde le otorgaban un segundo y hasta un primer puesto en la primera vuelta. A menudo la causalidad genera la casualidad, o dicho de otro modo, una determinada ´inspiración´ es capaz de generar una aparente autoderiva. La prueba de que es improbable que Macron hubiese ganado sin un vilipendio continuo (a saber si ex profeso) por supuesta corrupción sufrido por Fillon, estriba en lo siguiente:

Las tendencias se mantenían desde hace varios años y una tendencia no se invierte así como así: en las regionales del 2015 el FN era el partido más votado con un 27% y las derechas consiguieron el 40,2 % de los votos nacionales, mientras las izquierdas solo el 28,8%.

Hasta enero del 2017, Fillón era el principal candidato. En el primer sondeo post primarias le daban el 32% de los votos. En aquellos momentos Macrón solo era tercero a una distancia muy considerable de los otros dos candidatos (13%), un segundón muy segundón.

– Pese a que algunos medios decían unos días antes de que destapara el caso de corrupción de Fillón que la intención de voto para Macrón podría alcanzar el 20% (estamos hablando de los primeros días de enero), realmente estas expectativas eran infundadas a tenor de lo que decían los primeros sondeos justo antes de la Navidad. Entre ambos sondeos mediaba la temporada de Navidad. Eran castillos en el aire. Los vientos en Francia solo soplaban a favor de la derecha. Recordemos que el candidato socio-liberal lanza la candidatura en noviembre del 2016.

– Pese al escándalo con imputación incluida, Fillón aún quedó tercero en la primera vuelta y muy cerca del segundo lugar: 20% de los votos para su partido, por un 21,3% para el Frente Nacional y un 24% para Macrón. Después de toda la tormenta que le había caído en los medios a lo largo de cuatro meses con un escándalo que eclipsó incluso la campaña de sus rivales, solo obtuvo 300.000 votos menos que Le Pen y 1.200.000 votos menos que Macrón.

En la recta final, se adhirió al proyecto de Macrón el centrista Francois Bayrou, a quién las encuestas daban un 5%. Más empuje para En Marché.

La subida fulgurante de la extrema izquierda de Mélenchon (20% de votos) deja sin validez la posible coartada de que En Marche (EM) pescara una gran cantidad de voto de las izquierdas aprovechando el hundimiento del Partido Socialista. Otra prueba más de a qué río revuelto echó las redes EM. El filón estaba cantado.

– Por primera vez, ninguno de los candidatos de los dos partidos políticos que habían ostentado hasta ese entonces la presidencia de la Quinta República se encontraba presente en la segunda vuelta. Los electores tenían la oportunidad de apoyar a nuevas formaciones inéditas en la Presidencia, y los abstencionistas en la segunda vuelta respecto a la primera fueron aún un millón y medio más.

– Francia se estaba jugando no caer en manos de Le Pen, su proyecto antieuropeista y el anatemizado por casi todos los medios Frente Nacional, y la abstención en las postrimerías se acrecentaba. El miedo al futuro tenía tan escaso peso como las certidumbres del presente.

La abulia electoral existente en la víspera de las elecciones donde alrededor de 14 millones de franceses se iban a quedar en sus casas sin votar, los cuales no iba a conseguir movilizar En Marche, si hubiera mantenido Fillón su cuota de credibilidad. Las nuevas alternativas no parecían tan alternativas.

¿Realmente Macrón y su formación ilusionaban a alguien?. Desde luego hay más indicios de lo contrario. Si hubo golpe de mano o no para que Fillón no ganara no es lo de menos, desde luego los medios hicieron su trabajo, ¿fueron las contingencias o fueron las contingencias deliberadas por el sistema?. Algún día habrá que abordarlo con mayor profundidad. Lo fundamental es que el partido de Macrón fue el gran beneficiado del Penelopegate (el supuesto caso de corrupción que volteó las elecciones) el que a la larga le convertiría en presidente.

A todo esto hay que añadir lo siguiente: habría que escarbar mucho en los anales de la historia electoral para encontrar unas elecciones ganadas por un partido advenedizo, que no solo concurría por primera vez, sino que además estaba recientemente constituido.

Desde el Elíseo

Dueño y señor del Elíseo, la trayectoria espumosa de Macrón sufre desde el verano un desplome de popularidad. Veamos a continuación posibles causas.

Una vez elegido presidente la prensa le acusó de cercenar la libertad de prensa, no era para menos, por decidir qué periodistas acompañarían al presidente de la V República. La reacción no se hizo esperar: en una carta abierta firmada por los responsables de medios como Le Monde, Le Figaro, Libération, Le Parisien o France Info, entre otros, aseguraban que ningún otro presidente había adoptado antes ese sistema “en nombre de la libertad de prensa”.

Entrado en faena presidencial, a principios de julio al terminar la reunión del G20, declaró que para acabar con el terrorismo había que luchar contra el cambio climático, y más concretamente que el sistema productivo de los países occidentales había ocasionado el cambio climático que había propiciado el fenómeno del terrorismo islámico. Todavía habrá quien se pregunte la conexión entre ambas variables, desde luego él no lo arguyó. Es lo que tiene lanzar un señuelo, se desvía la atención con facilidad de la zona donde anida el problema real.

Casualmente, a finales de abril el think tank alemán Adelphi había sacado a la luz un informe según el cual el impacto del cambio climático contribuía a la aparición y crecimiento de grupos terroristas. No deja de ser curiosa, tal concatenación de hechos.

En casa también repartió culpas a sus compatriotas durante la campaña: ”parte de la culpa de los atentados es nuestra, hemos fallado”. Todo menos culpar a quienes planean, dirigen, y ejecutan. ¿Había que preparar el terreno para llegado el momento proseguir con las consignas de quienes entre unos y otros le habían catapultado?. Cuestión de manejar los tiempos. De hecho ya fue allanando el terreno de su línea en materia antiterrorista cuando finalizando la campaña electoral alertó que los atentados serían “la cotidianidad de los próximos años” poco más o menos que decir que habría que acostumbrarse a la amenaza diaria del terrorismo islámico.

Por el camino lanzó una reforma laboral en septiembre basada en la liberalización de las relaciones sindicales y contractuales. Entre otras cosas; menos trabas a la hora de despedir y fijar un techo para las indemnizaciones por despido improcedente. Una reforma muy en la línea de la reforma laboral española. Siguiendo la consabida consigna de la flexiseguridad europea, según la cual los gobiernos europeos han de jugar un papel muy activo en las relaciones laborales, buscando unas relaciones basadas en un supuesto equilibrio entre flexibilidad y seguridad laborales. Nada nuevo sobre el mar. La jugada le costó la primera huelga general de su legislatura y una importante caída de popularidad (solo un 44% de los franceses le consideraba ya un buen presidente, doce puntos menos que en junio según un sondeo del instituto Odoxa).Parece que eso de la flexiseguridad no es del agrado del pueblo francés.

El año nuevo no lo ha podido empezar ´mejor´. So pretexto de evitar las injerencias extranjeras en los procesos electorales, concretamente las de “las democracias iliberales”, en el discurso a la prensa con ocasión del año nuevo, ha anunciado una ley contra las noticias falsas. Ley que alcanza en periodo electoral a las plataformas en Internet y a cualquier usuario con cuenta en RRSS. En Román Paladino, una suerte de extorsión a las plataformas que tendrán que, para curarse en salud, depurar de las noticias que sean calificadas como “falsas” y fulminar a los usuarios que les publiquen o bien que las propaguen.

La guinda del pastel es que se agilizará la posibilidad de denunciar ante el juez la falsedad de la noticia, y éste podrá eliminarla, cerrar la cuenta del usuario e incluso vetar el acceso a Internet. ¿Cuál es el criterio para considerar como falsa una noticia?.¿Se admite cualquiera?. La arbitrariedad del asunto hace que la opinión de cualquier internauta pueda ser calificada como “noticia falsa” ya que una opinión no es información periodística pero al fin y al cabo es información que se publica en RRSS. ¿A esto se le llama democracia liberal?.

Marine Le Pen afirmaba , con gran oportunismo, que el control de la palabra libre implicaba amordazar a los ciudadanos y acabar con la democracia. A la par el gobierno de España quiere prohibir el anonimato en las RRSS, la Ley ya ha sido presentada y propone que los usuarios han de utilizar por imperativo legal su identidad real, el usuario ha de saber “que está identificado” dijo el portavoz del gobierno. ¿Aquí y allá la misma canción?. Será una coincidencia…o no. Bueno, fue el propio Macrón quien dijo en la entrevista concedida a El Mundo: “la UE no se cambia en solitario, es una obra colectiva”. No le falta razón, al menos en la ejecución los principales actores se ponen de acuerdo.

Si no quedan claros los méritos que hay que hacer para ser nombrado hombre del año, si han quedado claros los que ha reunido Emmanuel Macrón: estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, controlar a la prensa, vigilar de cerca la disidencia y cumplir con los designios europeístas.

El hombre del año fue aquel que dijo que los europeos tendrían que acostumbrarse al terrorismo islamista. El hombre del año fue el Ministro de Economía del infausto Gobierno de Hollande. El hombre del año fue aquel que sacó una ley para dirimir que noticias serían falsas y cuáles no. El hombre que va a mandar vigilar con celo las palabras que transcriben sus compatriotas en las RRSS. El último heredero de algo tan francés como el estatismo. El hijo pródigo de la burguesía capitalomarxista. El hombre de Hegel, el hombre de Rothschild, el hombre de Hollande, el hombre del Elíseo, el hombre del Establishment en Europa. El hombre del año.

Eduardo Gómez

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