La capa negra

Hay una capa negra que nos ronda
y que nos suele dar miedo nombrar.

Pese a no mentar su nombre,
esa capa negra nos ronda y sin descanso se mueve,
como nube en vendaval,
oteando, desde arriba (o abajo) a quién llevarse esta vez.

Todo es más sencillo si creemos que no está,
que a nosotros no llegará,
mientras apuntamos un sinfín de tareas pendientes,
de aquí a veinte años si me apuras:
cambiar de trabajo, ser mucho más feliz, hacer más deporte,
tener hijos (o no), volver a los libros, esperar tiempos mejores,…
Y también anotamos los, ya mañana le llamo, ya mañana le pregunto,
ya, si eso, la semana que viene o mejor el mes que viene,
ah, y que no se me olvide decirle que le quiero, apuntado también,
en cuanto tenga tiempo lo haré todo…
El tiempo, curioso concepto que tenemos limitado y también carecemos de él,
que no nos pertenece y del que, sin embargo, somos dueños.

Así, con el vaivén de ese tiempo,
vamos pasando sin hacer mucho ruido al caminar,
pensando que tenemos la certeza de que esa capa,
no se detendrá -al menos todavía- a plantarnos cara.

Ay, amigo, pero la capa, en sus rondas,
siempre se detiene, tiene esa mala costumbre.
Da igual si parece justo o injusto, pasa, mira, y decide.
Es la que manda en quien señala.

Y es cuando esa parada cae cerca de uno,
tanto que puedes sentir su respiración en tu nuca,
ves llegar la lucidez,
la que te dice que eres finito,
y que no sabes ni cuándo ni cómo será,
que tienes el ahora, que ahora es solo un instante.

Que ahora,
mientras escribes esto,
es lo que tienes,
sólo
esto.

Esa lucidez, es la que te empuja a empezar a vivir
y dejar de caminar sin hacer ruido,
a hacer ‘ahora’ y, sobre todo, a no callarte nada bonito,
ni gestos, ni sonrisas.
A disfrutar del tiempo que tienes con las personas que quieres.

Otra vez, el tiempo…ese curioso concepto de antes,
que también hace que esta brillante lucidez se difumine,
hasta que la capa vuelve a rondar…

No somos dueños de nada y mucho menos de la vida,
aunque la llamemos “nuestra”; no lo es, ni lo fue, ni será.
Y ahora, no quiero que se me olvide.
Créeme si digo que quiero.
Y a tí, te quiero.

Reyes

¡Compártelo en tus Redes!