Opinión: La ética, los difuntos y los vivos

La ética puede ser fuente de un gran debate cuando la muerte de un familiar o ser querido toca las puertas de un hogar. Esto sucede cuando se trata de cumplir con los mandatos del difunto.para los efectos de esta publicación el concepto que voy a utilizar de la ética es “Conjunto de costumbres y normas que dirigen o valoran el comportamiento humano en una comunidad”

Desde muy niño escuchaba un chiste sobre un inmigrante español que llegó al país: “si muero en Madrid que me entierren en Galicia y si muero en Galicia que me entierren  en Madrid. Cuando alguien le preguntaba las poderosas razones para haber tomado esa determinación respondía “solo Por Joder Hombre, Por Joder.”

Ahora que a los venezolanos nos ha tocado emigrar, muchos entonan la emblemática canción llamada Venezuela, convertida en un tercer himno, : “y si un día llegó a naufragar, y el tifón rompe mis velas, enterrad mi cuerpo cerca del mar, en Venezuela”.

La utilización de la cremación,  ha hecho que este cuento se convirtiera en realidad o en pesadilla para muchas familias. Lo cual ha generado profundas discusiones y debates sobre La ética, lo ordenado por el difunto y los deudos.

Mandato legal versus mandato afectivo

Para los efectos de este artículo voy a excluir del mismo aquellos mandatos plasmados en documentos legales como un testamento. Cuando el difunto vía legal le ordena  a sus herederos que cumplan una instrucción, estos deben acatar o sino atenerse a las consecuencias legales. Las Leyes suelen ser muy poco flexibles a la hora de hacer cumplir los testamentos.

El caso al que quiero referirme  es cuando el difunto en sus últimas palabras, les  ordena o pide a sus herederos, que al morir cumplan con sus últimos deseos. Este mandato afectivo, pudo tener una intencionalidad positiva de evitar dolor o sufrimientos a los que le sobreviven, puede más bien convertirse luego en una fuente de controversias y conflictos muy poderosos que pueden terminar disolviendo a la familia.

Mandatos éticos o mandatos emocionalmente incumplibles

En la mayorías de los casos la personas  en la medida que se aproximan en convertirse en un adulto mayor o cuando están conscientes sobre si padecen alguna enfermedad terminal comienzan decirles sus familiares y seres queridos sus deseos o peticiones sobre que hacer con sus restos mortales. Un primer dilema comienza con si darle sepultura  o proceder con la cremación, aquí las creencias religiosas del difunto y las creencias religiosas de los sobrevivientes así como los niveles de TOLERANCIA de cada uno de los integrantes de la familia, juegan un papel crucial. ¿Que pasa cuando los hijos desean efectuar la cremación de su progenitor y su cónyuge se opone?.  Si este dilema fue resuelto sin contratiempo y  recibes las cenizas de su familiar, aparece el mandato afectivo ¿que hacer con las cenizas?

La disponibilidad Económica otro elemento

¡Cuando muera quiero que arrojen mis cenizas al mar!,¡sean arrojadas en la montaña más alta!.Que pasa si la familia sobreviviente no posee los recurso económicos necesarios par trasladarse hasta el mar, río o montaña solicitada en el mandato?. Conozco familias que recurren a  la venta de los pocos bienes de fortuna  para cumplir este mandato.  También están aquellos que ante la falta de recurso económicos guardan las cenizas durante años esperando algún día poder cumplir el mandato de escalar o viajar al sitio predestinado. Para luego terminar desechando las cenizas.

Ahora bien cuando el mandato es un poco descabellado a los ojos de algunos de los sobrevivientes :¡arrojen mis  cenizas por el inodoro!!que entierren mis cenizas en mi oficina!. Es aquí cuando comienzan las divergencias. Cuando un grupo de hijos no está de acuerdo con cumplir este mandato y quien ejerce el liderazgo familiar si. Es ético que las familias que sobreviven se disgusten o separen sólo por un designio que fue dicho solo por “joder”.

También he conocido  de algunos casos en el cual los cónyuges sobrevivientes toman la decisión sin la venia o autorización de otros integrantes de la familia. Lo cual genera grandes procesos de discusión e incomodidad emocional en grupos familiares enteros.

El muerto al hoyo y el vivo a cumplir

Con el debido respeto a las creencias religiosas de todos aquellos que están leyendo estas líneas, sin ser simplista o debatir sobre qué nos pasa después de la muerte, creo que después de la partida de un ser querido tú debes hacer un alto en el dolor que sientes en esos momentos aciagos. Lo ético es que abras un espacio para hablar o para una conversación amena, franca con tus familiares y buscar de los acuerdos necesarios para hacer cumplir con los designios que ha dejado el fallecido.

Un manejo asertivo de los juicios y una gran tolerancia debe privar al momento de entender las decisiones que tome el familiar responsable. Sobre todo si esta persona considera que el mandato efectuado por el fallecido no se ajusta a la realidad actual de la familia. Si considera que tal acción, es contrario a las normas que rigen a la sociedad y sobre todo que atente contra la integración del núcleo familiar.

Yo considero según mi juicio que la ética y la moral debe ser para con los sobrevivientes, los que seguimos aquí en la tierra. Siempre actuando bajo las leyes de hombres y con las leyes divinas que forman parte de nuestras creencias espirituales.

Norberto Peña Quintero

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