Opinión: Mariacheros

“Tú nunca has sido tú” con esa frase comenzaba interpretando el mariachi aquella canción, poniéndole enorme sentimiento. Imaginen que esa frase fuera extrapolable a las naciones y sus pueblos. La nación española no puede decirle a su pueblo que nunca fue nación, pero si puede decirle que dejo de serlo, sin consultar a sus fundadores y continuadores. ¿Cuándo?. Difícil precisar fechas.

Tal encrucijada descubre a los muertos que están vivos y delata a los vivos que están muertos. Nadie inmortalizará en sus legajos a los que enterraron sin honores cuanto hicieron sus antepasados. En las últimas semanas hemos asistido a un canto airado a la renuncia de España como nación. Véase que nación no es la mera sujeción institucional de la territorialidad de Cataluña a España como los seguidistas de la Unión Europea que protagonizan la agobernación actual quieren hacer ver. Son solo fuegos artificiales para- jugando al despiste- seguir remozando la conversión de una de las naciones más antiguas de Europa en satélite de Bruselas y de los grupos de interés que la pilotan.

La humillación a la que ha fue sometida España por un juez alemán y una ministra alemana en el caso del golpista Puigdemont no tiene paralelo, hubiera sido a todas luces motivo de ruptura de relaciones entre países si la dignidad política no estuviera a punto de prescribir en nuestro país. La respuesta no pasó de dos o tres disensos mojigatos del Ministerio del Interior y del Presidente del Gobierno. Días después, la vicepresidenta del Gobierno apeló a continuar construyendo una “aldea global mientras haya quienes busquen una aldea local” y para terminar de capitular el presidente del Gobierno durante su estancia en Buenos Aires calificó de “modélica” la actuación del gobierno alemán.

Toda esta secuencia de actos es el mayor ejercicio de mariachismo político que se recuerda en mucho tiempo. Un gobierno (el alemán) convirtiendo en hojarasca la orden europea de detención y entrega, también llamada euro-orden, un juez de Alemania negando la mayor en un golpe de Estado y la capacidad legal para poder juzgar a un delincuente en España por el delito cometido en España, y la ministra de justicia alemana sellando públicamente la decisión del juez y añadiendo que España tendrá que explicar por qué lo acusa de malversación si llegara el caso, ¿alguien da más?.

Decir que un golpe de estado no lleva implícito el delito de rebelión es tanto como aseverar que hacer el amor puede limitarse a unas cuantas carintoñas en un parque bajo la luz de la Luna. Para más inri tal delito se tipifica en el ordenamiento jurídico teutón como alta traición. No se concibe semejante tomadura de pelo ni siquiera cuando aún queda el respeto institucional , pero un gobierno débil que pide ayuda a sus amos de Europa para controlar a cuatro parias amotinados permitiéndoles que hagan turismo a sus anchas en lugar de emplear el poder coercitivo del Estado, como mucho puede inspirar compasión. Tal vez por eso la socialdemócrata Katarina Barley se compadeció de Catalá y le llamó para aclarar “el malentendido”.

El gobierno de España, semanas antes tocando la misma canción para contentar a sus vecinos europeos ya había expulsado a varios diplomáticos rusos aunque Rusia no nos había hecho directamente nada. Pero a nadie se le ocurrió, después de semejante afrenta a nuestro ordenamiento jurídico, ni siquiera advertir o insinuar que a lo mejor algún diplomático alemán podría emprender en primera clase el camino de no retorno hacia Alemania.

El mariachi, como sabemos, es un género tradicional mejicano basado en música de cuerda, canto y trompetas, interpretado por un conjunto de músicos que amenizan fiestas ya sean públicas o privadas. Llevado al ámbito político, la conversión de políticos o países en mariachis o mariacheros de otros es un fenómeno habitual pero poco explicitado. Fue el gran entrenador de fútbol Helenio Herrera quién dijo: “con el bueno, bueno; con el malo, malo; y con el listo, tres veces y media listo”. Dándole la vuelta se encuentra en el mundo de la política la definición del mariachi ideal para amenizar las decisiones de su contratante: “con el bueno, malo; con el malo, bueno, y con el listo, tres veces y media tonto”. Es lo que tiene asumir las relaciones exteriores con complejos.

La clase política socialdemócrata española pasa por la mas acomplejada de toda Europa, su letanía de alabanzas a ese oráculo de cartón piedra que es Bruselas quedará grabada en el firmamento. Las élites saben que sus mariacheros son participes de la división interna y de la fobia a la propia nación española unos por acción otros por inacción. Desde la transición toda la política exterior ha girado en torno a Europa nunca en torno a España, es decir, se ha partido de la posición errónea de que el proyecto de la nación española era exclusivamente el proyecto de Occidente ofreciendo un cheque en blanco a nuestros vecinos y sus gurús, porque ellos en su infinita munificencia nos guiarán por buen camino. Una suerte de fe ciega en Europa. Una versión moderna y mariachera del afrancesamiento.

Unidas a la falta de unidad y autoestima nacionales por desgracia ya tan archiconocidas, nos ha dejado en una situación de debilidad extrema. No tiene otra explicación el haber expulsado a dos diplomáticos rusos en solidaridad con Inglaterra por el caso Skripal, y el haber tomado cero medidas en solidaridad con la justicia española, ninguneada y puesta en evidencia delante del mundo entero.

El pragmatismo y la dignidad son compatibles, establecer acuerdos y tomar parte en espacios internacionales comunes no impide poner límites a injerencias y perfidias forasteras. España es una bicoca para las intenciones ajenas. Un país convertido en escupidera de su propia historia, entusiasmado con ser la cuna del mariachismo político se expone a cuantas humillaciones le sean proferidas.

Hasta hace 40 años España aún hacía política exterior, 40 años después ya no necesita política interior. En tan servil materia hay unanimidad en una clase política que solo por corrupción exige dimisiones de entre sus congéneres, nunca por incompetencia (la corrupción de los atributos). Y cuando concluía la canción se escuchaba:”tú siempre has sido tú, mariachero”.

Eduardo Gómez

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