El ingenioso y efectivo método utilizado por el hombre hace 10 mil años para cazar megaterios
Imagen ilustrativa: Alex McClelland, Bournemouth University

Hace miles de años inmensas criaturas caminaban por todo el mundo. Pero un coloso de cuatro toneladas no es un animal que pueda enfrentar un solo hombre con una lanza. La mayoría de los depredadores eran intimidados por su gran tamaño, cinco metros erguido, y también por sus filosas garras. Pero solo uno no se dejaba disuadir.

Era el ser humano, por supuesto, el único animal lo bastante valiente, o loco, como para cazar a un megaterio. Y es que un grupo de paleontólogos publicó un estudio que ilustra la forma en que el hombre de hace 10.000 años lograba doblegar y abatir a este enorme mamífero, que pisó la tierra en la época del Pleistoceno.

así era un Megaterio
Ilustración de un megaterio junto a un esqueleto conservado en el Museo Nacional de Historia Natural de París.

El hallazgo de “huellas fantasmas”

La clave de esta arriesgada forma de cacería milenaria la tiene el Parque Natural White Sands, ubicado en Nuevo México, en sus arenas. La acción del viento muchas veces destapa huellas grabadas en roca, que hace miles de años era barro. Estas, de hecho, son muy difíciles de hallar si el polvo vuelve a taparlas, tanto que los científicos las catalogan como “huellas fantasmas”.

La “danza de la muerte”

Estas “huellas fantasmas” guardadas en el White Sands fueron descubiertas por un grupo de paleontólogos, lo que les permitió reconstruir el momento exacto en que un conjunto de seres humanos daban cacería a un enorme megaterio. Las pisadas conservadas en el barro relatan una especie de “danza de la muerte”, en la que más de un cazador debe haber perdido la vida en las garras de estos extintos mamíferos.

Rastreando las huellas. Imagen: Matthew Bennett, Universidad de Bournemouth.

Las huellas de los humanos siguen en línea recta a las del megaterio por largo tiempo. No obstante, en un momento determinado las huellas del coloso, que es un pariente lejano de los perezosos que conocemos hoy en día, se ven rodeadas en forma circular por las humanas. De forma esporádica un par de cazadores abandona el círculo y se acerca al animal desde diferentes ángulos. Los investigadores creen que mientras uno de ellos llamaba la atención del megaterio agitando los brazos o gritando, el otro intentaba atizarle un  golpe mortal con la lanza.

Estos letales encuentros podrían durar horas, hasta que el grupo de caza daba muerte a su presa. Pero el ser humano no siempre ganaba la partida, teniendo en cuenta que, hace 10.000 años, el parque White Sands era un terreno húmedo donde no solo habitaban megaterios, sino que los acompañaban mamuts, lobos cavernarios y otras criaturas de la época.

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