El Apolo 13, la tercera misión tripulada con el objetivo de llegar a la Luna, despegó el 11 de abril de 1970. Pocas personas se imaginaron que, luego de dos días, los astronautas a bordo de la nave vivirían una odisea muy particular que pudo terminar en catástrofe.

¡Houston, tenemos un problema!, esta fue la frase de auxilio pronunciada por el astronauta Jack Swigert que pasaría a la posteridad, y que dio paso a una intensa actividad en la que tanto la tripulación completa del Apolo 13 como todo el equipo de ingenieros y demás integrantes de la misión en Tierra colocaron a prueba su capacidad de reacción.

La nave Apollo 13 despega del Centro Espacial Kennedy, el 11 de abril de 1970.

Uno de los tanques de oxígeno de la nave explotó, lo cual hacía imposible el alunizaje y ponía en riesgo la supervivencia de los tripulantes pero, por fortuna, tres días después todos los astronautas aterrizaban sanos y salvos en nuestro planeta, a bordo del peculiar “bote salvavidas”: el Aquarius.

Improvisar fue la clave para evitar una catástrofe

El Aquarius era el módulo lunar de la misión Apolo 13, un vehículo espacial de dos etapas diseñado especialmente para el alunizaje. Aunque nunca llegó a cumplir con su función, gracias a él se pudo evitar una tragedia.

Para ello, los tres tripulantes tuvieron que superar varias dificultades. Por una parte, el Aquarius estaba diseñado para mantener durante 45 horas a dos personas, y no durante 90 horas a tres. Sumado a esto, tuvieron que racionar al máximo tanto el agua como el suministro eléctrico que eran recursos limitados dentro del módulo.

El módulo de comando del Apolo 13 siendo izado a bordo del USS Iwo Jima

Esto provocó, entre otros contratiempos, que bajaran cerca de los 3 grados las temperaturas en el Aquarius, y se congelaran las ventanas parcialmente. Además los alimentos estaban fríos, y al no contar con agua caliente no había manera de mezclarla con la comida deshidratada.

Otro punto crítico a solucionar fue la extracción del dióxido de carbono del módulo para que sus tripulantes no se intoxicaran, lo cual requería la utilización de hidróxido de litio. Sin embargo, este componente era insuficiente, por lo que los integrantes de la misión espacial improvisaron un dispositivo al que llamaron ‘mailbox’ (buzón) para realizar un trasvase del químico desde los contenedores del módulo de mando y servicio (Odyssey) al Aquarius.

El aterrizaje

Finalmente, al aproximarse a la Tierra, los tripulantes separaron totalmente al Aquarius del resto de la nave para iniciar el descenso a través de la atmósfera.

La tripulación del Apolo 13

Durante aquellos instantes de tensión, el astronauta James Lovell, comandante de la misión, llegó incluso a bromear con los controladores en Tierra: “Bueno, no puedo decir que esta semana no haya sido emocionante” les comunicó, a lo que respondieron: “De acuerdo James, pero si es así como vas a cuidar las naves espaciales, no te dejaremos ni una más”.

Luego de ingresar a la atmósfera se interrumpió la comunicación con la estación de control durante más de tres largos minutos, esto debido a la fricción con el aire; pero finalmente el “bote salvavidas” con sus tripulantes a bordo cayeron a salvo en el Pacífico Sur, dando por terminado el primer operativo de rescate en el espacio.

¡Compártelo en tus Redes!