Monopolio digital: Solo mil personas son dueñas del 40% de los bitcoins

Los potentados del bitcóin se están convirtiendo una de las amenazas más significativas para quienes comienzan a invertir en la criptomoneda. Es lo que aseguran varios expertos citados por Bloomberg, indicando que las cerca de 1.000 personas dueñas del 40% de los bitcoines pueden llegar a arruinar a muchos con sus movidas coordinadas.

El monopolio del bitcóin

Ari Paul, cofundador de la compañía de inversión digital BlockTower Capital, explicó que: “como en cualquier clase de activos, los grandes tenedores individuales e institucionales pueden manipular los precios, y se confabulan para ello”. Por su parte, Kyle Samani, codirector del fondo de inversión Multicoin Capital, agregó: “creo que se trata de unos cuantos cientos de tipos que probablemente conversan entre ellos”.

Estos poseedores de la moneda digital son en su mayoría anónimos, y se les conoce como ‘ballenas’. Entre los acaparadores está ‘el padre del bitcóin’, quien se identifica bajo el pseudónimo de Satoshi Nakamoto, de quien se cree es dueño de una cuenta donde reposan alrededor de 980 mil bitcoines. Esta cifra equivale a más de 17.000 millones de dólares (según cotización del bitcóin en la fecha de este artículo), más o menos el 5% de todo el acumulado de la criptomoneda.

Varios expertos en la materia coinciden en que las eventuales manipulaciones de las mencionadas ‘ballenas’ podrían ocasionar que los precios de las monedas virtuales se desplomen estrepitosamente. Según precisan, esta posibilidad es mayor a medida que el precio del bitcóin se dispara, que tras haber iniciado el 2017 en 1.000 dólares no dejó de multiplicarse mes a mes a lo largo de este mismo año.

Muy distinto a lo que ocurre en los tradicionales mercados de valores, el problema para los nuevos inversionistas de criptomonedas radica en que aún no cuentan con sistemas legales que los respalden apropiadamente. Especialistas explican que este tipo de monedas se prestan a la especulación porque no hay activos físicos que las respalden, y al no ser reconocidas como valores, a los grandes inversionistas no se les obliga que declaren su patrimonio.

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