Las mujeres más violentas y despiadadas de la historia

Los hombres han sido, regularmente, los autores de los crímenes en serie más sonados de la historia, pero no son menos las mujeres que aniquilaron a decenas y hasta centenares de personas. Unas lo hicieron por obtener algún beneficio, otras en respuesta a perturbaciones de carácter psicológico, o sencillamente en atención a una inexplicable sed de venganza y odio.

La nada optimista lista que te presentamos conforma el “top 6” de las mujeres más violentas y despiadadas de la historia:

Antonina Makárova: verdugo y prostituta

Antonina Makárova-Guinzburg bajo el arresto, 1979. / wikipedia.org

Antonina Makárova, quien nació en Unión Soviética en 1923, fue una de las tantas mujeres a las que se les adjudica la salvación de vidas durante la II Guerra Mundial en el Ejército Rojo. No obstante, al ser su zona dominada por los alemanes, ofreció sus destrezas a los nazis y en sus manos murieron al menos 1500 soldados y guerrilleros ejecutados. Irónicamente, al finalizar la confrontación, Makárova fue reconocida como madre de familia.

“No conocía a quienes fusilaba. Así que no me avergonzaba”, afirmó Makárova al ser sometida a interrogatorios.

Antonina se cuenta entre las 3 mujeres condenadas a ejecución por sus asesinatos en la posguerra de la URSS. Mucha de la documentación que sustenta sus crímenes sigue bajo estricta clasificación.

También conocida como “Tonka de la ametralladora”, Makárova protagonizó una de las historias más sorprendentes de su época. Como enfermera durante la Gran Guerra Patriótica, en 1941, Antonina cayó en territorio ocupado al ser derrotada su unidad del Ejército Rojo en Viazma. Viendo la calidad de vida de quienes colaboraban con la ocupación alemana, Antonina decidió sumarse a la unidad auxiliar de policía de Lokot, un distrito de la zona, donde le fue dada la labor de verdugo. Su trabajo era fusilar a las víctimas con un arma larga tipo Maxim, lo que le valió el sobrenombre de ametralladora.

Bajo su puntería fallecieron cerca de 1500 personas, según reportes oficiales. Cada víctima lograda se traducía en 30 marcos alemanes para su bolsillo. Además, combinaba este cruel oficio como meretriz. Al terminar la guerra, “Tonka” adoptó el apellido del soldado veterano V. S. Ginzburg, con quien se casó tras obtener documentos falsos y engañarle sobre su pasado.

Apenas fue liberado el distrito de Lokot, su búsqueda empezó. Dar con sus pasos no fue fácil, pues ella había conseguido destrozar cualquier camino que condujera a su captura, incluso siendo numerosos los testigos de sus crímenes. Makárova logró tener toda una vida nueva, y levantarla en base a su esposo y sus dos hijas. Sin embargo, en 1978, el KGB finalmente dio con ella en la población de Lépel, donde se había dado a conocer como trabajadora y madre ejemplar de una familia modelo.

Falleció fusilada en 1979, tal como había terminado el destino de tantas de sus víctimas. Su esposo, al conocer la historia de su cónyuge, se mudó a otro lugar para nunca más volver a Lépel.

Daria Saltykova: aristócrata y sádica

Retrato de Daria Saltykova (1739-1802) / wikipedia.org (François-Hubert Drouais)

Famosa por haber torturado y asesinado a decenas de sus siervos —al menos a 75, según los testigos—, esta aristócrata rusa nacida en 1730 solía cometer sus crímenes en vísperas de sus bodas, con especial “atención” en las chicas jóvenes.

Casada por primera vez muy joven, Saltykova enviudó a la temprana edad de los 26 años. Heredera de una gran fortuna, siguió viviendo con sus hijos y un gran número de siervos como la señora del castillo que habitaba. Pero, antes, tuvo carta abierta para torturar y matar a muchos de sus súbditos, crímenes de los que consiguió librarse gracias a los privilegiados vínculos con las autoridades que tenía por su posición.

Familiarmente se le llamaba “Saltychija”, y no se le conocía ninguna tendencia particular para disfrutar con los actos violentos. En cambio, era tachada de muy religiosa. Sin embargo, al fallecer su esposo, Daria Saltykova dejó salir su lado sádico, cambió su personalidad y comenzó a cometer las más atroces crueldades. Se llegó a conocer cuánto le divertía matar y torturar, aunque por otro lado se comportara como toda una creyente devota. Algunos doctores rusos, en la actualidad, encuentran explicación en esta ambigüedad en una psicopatía epileptoide.

Bajo sus órdenes y con directa participación en el acto, la señora llegó a azotar, privar de alimento y lanzar al frío, sin ropa, a sus siervos, tras haber transcurrido seis meses de la muerte de su marido. Sus propias manos arrojaban agua hirviendo sobre la cabeza de campesinas y criadas, e incluso llegó a quemarles el pelo. También se los arrancaba con sus propias manos.

En 1762, la zarina Catalina II decidió poner bajo arresto a Saltykova y juzgarla en público, después de que los familiares de las víctimas consiguieran entregarle una petición.

Saltykova estuvo presa durante seis años —hasta 1768—, período seguido de una exhaustiva investigación. Finalmente, el Colegio de Justicia declaró a la aristócrata como culpable de la muerte y tortura de 38 criadas, y fue condenada a la pena capital. Pero, en vista que esta sanción no se empleaba desde 1754, Saltykova cumplió su condena con un simple encadenamiento durante una hora sobre una plataforma, con una nota al cuello que decía: “Esta mujer ha torturado y matado.” Después fue encerrada de por vida en un convento, donde estuvo hasta 1801, durante 33 años.

Irma Grese, “El ángel de Auschwitz”

Irma Grese en esperas del juicio, agosto 1945. / wikipedia.org

Irma Grese empezó su carrera como supervisora de prisioneros en los campos de concentración de Auschwitz, Bergen-Belsen y Ravensbrück durante la Segunda Guerra Mundial. Tenía 19 años cuando comenzó como guardia en Ravensbrück.

En 1943, Grese fue cambiada a Auschwitz, donde fue asignada a la SS Oberaufseherin —guardia femenina—, y al terminar el año fue promovida a supervisora, lo que se traducía en la segunda mujer de importancia en el campamento, tras María Mandel. Tenía bajo su mando cerca de 30.000 presas de origen judío. En su promoción le fue de gran ayuda su visible y enorme fanatismo nazi, además del considerable sadismo que logró demostrar.

Así se ganó el apodo de “La bestia bella” y “El ángel de la muerte”, dado su sádico y perverso modo de ser. Entre otras aberraciones, se le atribuye a Irma Grese la muerte a latigazos de centenares de personas, la tortura de niños y numerosos casos de abusos sexuales.

Otra de sus costumbres era no dar alimento a los perros para que estos devoraran a los presos apenas tuvieran la oportunidad.

Grese siempre utilizaba unas aplomadas botas negras y llevaba consigo un arma y un látigo.

En 1945 fue capturada por las tropas británicas a sus 22 años y condenada a la horca en el juicio de Bergen-Belsen. Antes de la ejecución, Grese demostró un buen ánimo, incluso un tono alegre que la llevó a cantar. Calmada hasta el final, Grese se dirigió a su verdugo, Albert Pierrepoint, instantes antes de morir, y le dijo: “Schnell!”, ¡rápido!

Belle Sorenson Gunness, la Viuda Negra estadounidense

Belle Sorenson Gunness. / wikipedia.org

Estadounidense de origen noruego, Belle Gunness (1859-1908) se convirtió en la asesina en serie más reconocida de la historia americana. Esto le valió dos apodos: la Viuda Negra y Belle Infernal.

Se le atribuye la muerte de sus cinco hijos biológicos, la de su hija adoptiva, así como la de sus dos esposos. También a una o a dos de las hijas de su segundo marido, y al menos a una treintena de trabajadores de su granja.

En su momento, se comentó que Gunnes anunció la búsqueda de una nueva pareja con un cartel, pero a todos los candidatos que llegaron para ser entrevistados por la cruel mujer no se les volvió a ver.

Lo que llevaba a Gunnes a cometer estos asesinatos era el reclamo de seguros. Cada uno de sus hijos estuvo asegurado, por lo que, cuando fallecían envenenados por ella, la “Belle infernal” reclamaba la cantidad correspondiente a las compañías aseguradoras. Algunas veces también se manchó las manos de sangre para quitar del camino a los testigos de sus crímenes.

A su muerte, en 1908, la rodeó un gran misterio. Nunca logró demostrarse que era su cuerpo el que fue hallado carbonizado y decapitado entre los escombros de su casa, tras un gran incendio. En el incidente también perecieron varios de sus hijos.

María Tudor de Inglaterra, sanguinario azote de protestantes e inspiradora de cócteles

María Tudor (1516-1558), nombrada reina de Inglaterra en 1553 y conocida en la historia por su personalidad cruel. Una proyección de esa crueldad durante su corto reinado de 4 años fueron las ejecuciones en la hoguera de más de 300 católicos.

María fue hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón. A ella se debe el retorno de Inglaterra a la autoridad del Papa, bajo unas técnicas que le ganaron el seudónimo de “María la sanguinaria”, o Bloody Mary, en inglés, un sobrenombre que, incluso siglos después, inspiraría el famoso cóctel a base de vodka, tabasco y zumo de tomate.

Convertida en la bastarda oficial tras la separación de su padre y de Catalina de Aragón para sumarse al protestantismo, María tuvo que renunciar a sus títulos. En 1534, el Parlamento inglés promulgó una nueva ley que le prohibía heredar la fortuna real. Ese panorama entramado hizo que María encontrara cierto respiro en el amor de su madre y en la religión católica, convirtiéndose en una defensora acérrima del catolicismo y detractora de los protestantes.

Después de casarse con Felipe II, el rencor acumulado por no poder quedar embarazada, añadido a la indiferencia que comenzó a tenerle su marido, hizo que María se dedicara a una sus actividades predilectas: la persecución de protestantes. En esos tiempos, en las hogueras morían también aquellos protestantes que habían adoptado el catolicismo antes de ser condenados.

María Tudor falleció de fiebres el 17 de noviembre de 1558, día que pasó a ser fiesta nacional en Inglaterra. Sus antiguos súbditos no erigieron ningún monumento póstumo en honor de la sanguinaria reina.

Erzsébet Báthory, la sanguinaria condesa húngara

Erzsébet Báthory de Ecsed formaba parte de una de las familias más poderosas de Hungría, los Erdély, y su nombre se escribió en la historia como la mayor asesina en serie del mundo, pues a ella se le adjudican 650 muertes, principalmente de chicas jóvenes.

Erzsébet —Isabel, en castellano— se convirtió en señora feudal de un importante condado de Transilvania, tras quedar viuda en 1604, a los 44 años de edad. Fue en ese momento cuando se comenzó a rumorear que algo misterioso ocurría en el castillo de Csejte (o Čachtice, en la actual Eslovaquia). Fue un pastor protestante local quien comenzó a difundir historias sobre que la condesa era practicante de brujería, y que en sus rituales utilizaba sangre de muchachas jóvenes, una acusación, por otra parte, muy habitual en esos tiempos.

El rey húngaro Matías ordenó a un familiar de Erzsébet enemistado con ella que llevara una investigación en el castillo. Era su primo, el conde palatino Jorge Thurzó. En vista de que la señora de Báthory no poseía fuerza militar alguna, este no se opuso.

Según el estudio del conde Thurzó, fueron halladas en el lugar un gran número de jóvenes torturadas, con distintos cuadros de desangramiento, y un sinfín de cuerpos rodeando la fortaleza. En 1612 se inició un juicio en Bitcse. Además de Erzsébet, sus colaboradores también fueron juzgados.

El más relevante de todos, el mayordomo Juan Ujváry, dijo en su testimonio que Báthory había asesinado, como mínimo, a 37 “mujeres solteras”, de entre once y veintiséis años en su presencia; a seis de ellas las había incorporado él personalmente como parte del personal en el castillo. Eran chicas procedentes de familias nobles enviadas a Csejte para ser educadas. Por su parte, las víctimas de orígenes humildes resultaron ser mucho más numerosas.

Erzsébet fue enclaustrada en uno de los recintos de su propio castillo. Selladas las puertas y ventanas, Báthory solo podía recibir alimento a través de un pequeño orificio.

En ese lugar y situación vivió los últimos cuatro años de su existencia, presa entre cuatro paredes, pasando hambre y frío.

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