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El Estado colombiano de manera paulatina y desordenada nunca conseguirá ponerle fin al conflicto armado tan cruel y violento que lleva más de medio siglo viviendo. El actual Presidente Juan Manuel Santos en su mandato ha optado por políticas públicas dirigidas a ponerle fin a este problema histórico mediante la reparación integral a las víctimas del mismo y la firma de un acuerdo con las FARC – EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo), que garantizaría una “paz estable y duradera”, objetivo de muy difícil cumplimiento con lo que se puede observar en la actualidad del país.

La solución del conflicto armado colombiano siempre se ha encontrado presente en la agenda de los distintos periodos presidenciales, la razón de esto es que cumple con 4 de las cinco dimensiones expuestas por Charles D. Elder y Roger W. Cobb: es un problema fácil de identificar, tiene un alto grado de relevancia social por el daño que le ha hecho a la sociedad civil, tiene relevancia temporal por la cantidad de años que lleva vigente, y por lo tanto tiene precedentes históricos; pero el que sea de fácil identificación, no significa que no sea complejo, por el contrario es un “wicked problem” o “problema maldito” de tal complejidad que no se puede solucionar con una sola política pública, pero sí se puede ir aplicando varias de manera gradual y coordinada, o mejor aún en simultáneo para llegar a la consecución de ese fin.

La firma de un acuerdo de paz es una posibilidad de mejora en ese conflicto armado eliminando a su actor principal, hecho que ha originado la reducción de los múltiples delitos que eran cometidos en los 242 municipios donde tenía presencia esta organización según datos suministrados por la Fundación Paz y Reconciliación, la Silla Vacía y Ministerio de Defensa.

Infortunadamente se percibe que el gobierno no logró coordinar en simultáneo la implementación de los referidos acuerdos de paz, la negociación con el ELN (Ejército de Liberación Nacional) y la ocupación por medio de la Fuerza Pública de esos puntos neurálgicos en donde hacían presencia las FARC; aunado a lo anterior la multiplicidad de organizaciones criminales antes llamadas Bandas Criminales (Bacrim) y ahora nombradas GAO (Grupos Armados Organizados) y GDO (Grupos Delictivos Organizados), unidas con grupos de disidencia de las FARC – EP y del desmovilizado EPL (Ejército Popular de Liberación), han ocupado inmediatamente esas zonas sin protección, retomando el accionar delictivo y el resurgimiento de una nueva ola de violencia.

Ejemplo de lo anterior son las informaciones presentadas por el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) sobre el resurgimiento del narcoparamilitarismo, en donde en 2016 se identificaron 13 estructuras ilegales que hacen presencia en 351 municipios de 31 departamentos del país. En Gabarra ya fueron informados 200 personas desplazadas, retomándose las amenazas a los líderes de víctimas y defensores de derechos humanos; es decir: no se estarían logrando ningunas soluciones, sino un simple cambio de actores.

Si bien es cierto lo expresado por Fernando Vallespín referente a que en los últimos años la política no decide cómo vive una sociedad, sino cómo se defiende a poderes que ya no controla, o lo manifestado por Bruno Dente respecto de que el problema no es ¿Cómo tomar decisiones? Sino ¿Qué decisiones tomar?; el Presidente Santos las ha sabido tomar pero no armonizar.

Santos en las políticas públicas nombradas anteriormente a pesar de enfrentarse a una fuerte oposición, y no contar con estadísticas de favorabilidad dentro de la sociedad, ha tratado de generar espacios de democracia participativa en donde todas las redes de actores han podido hacer parte del diálogo presentando cada uno sus visiones y opiniones; en la misma medida se fundamenta en todos los temas trascendentales de esta problemática, pero como la sociedad es un medio incierto y el político trabaja con dianas en movimiento como lo expone Wildavsky, hay que tomar medidas urgentes que no dejen la tarea a medio camino, porque no es justo con Colombia que el Estado vuelva a fallar en su misión de proteger a sus ciudadanos.

Fredy Socarras

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