¿Por qué a Hitler se le identifica como el ‘Führer’?

Führer

Adolf Hitler ha sido catalogado como uno de los personajes más desalmados de la historia de la humanidad. Y si bien el significado del apodo del jefe supremo del Movimiento Nazi y el Tercer Reich, el Führer, no es sinónimo de dictador, como muchos creen, su cruel fama ha hecho que esa palabra rusa tenga connotaciones negativas. Pero, de hecho, Führer se traduce como líder, conductor o guía; y se usa para designar a un jefe en cualquier área.

No obstante, aunque fuera de Alemania la palabra quedó contaminada y asociada a maltratos, esta era usada por los germanos en el ámbito militar desde el siglo XVIII. Por ejemplo, un Kompanieführer era el oficial que se encargaba de una compañía del ejército alemán. Incluso, cuando Hitler recién llegó a la política, era común llamar así a los jefes de los distintos partidos.

La palabra Führer en la historia

Pero ¿cómo llegó Hitler a conseguir este apodo que, aún hoy en día, lo identifica? Mucho tuvieron que ver dos personajes. El primero fue Georg von Schönerer, un político austriaco que fue el principal promotor del pangermanismo, un movimiento que buscaba unificar todos los pueblos alemanes; y el antisemitismo. Los seguidores de Schönerer lo llamaban Führer. Por otro lado, estuvo Benito Mussolini, un dictador acusado de crímenes de racismo y hasta de uso de armas químicas en la guerra.

Hitler era arduo admirador del fascismo italiano, así que gran parte de la simbología Nazi se basa en dicho movimiento. Mussolini se hacía llamar a sí mismo Dux, un epíteto italiano que, transformado en Duce, se traducía como caudillo o general, aunque no lo llamaba así oficialmente.

Saludo fascista, abril de 1932. Imagen: Wikimedia Commons

Hitler: líder del Gran Imperio Alemán

Hitler no padecía de complejos de inferioridad. Él consideraba que su autoridad era equivalente a la de los emperadores romanos o los caudillos medievales alemanes. Entonces decidió buscar un apodo parecido a Duce, que significara grandeza y que no dejara duda de quién era la mayor autoridad en toda la Alemania Nazi. Su sobrenombre, con el que pasó a la historia, incluso quedó plasmado en las leyes de la época cuando, tras la muerte del presidente Hindenburg, se estableció el principio de autoridad conocido como Führerprinzip. Este decreto indicaba que bajo la figura del Führer se concentraban los poderes para conducir el Estado y el único partido que reinaba en Alemania para ese entonces: el Partido Nazi.

Así entonces, bajo el mandato del Führerprinzip, los soldados juraron fidelidad a Adolf Hitler, con su apodo oficial de Führer des deutschen Reiches und Volkes, que significaba líder del Reich y de los alemanes.

Pero en 1942 hubo una variación y pasó a ser Führer des Großdeutschen Reiches, que se traduce como líder del Gran Imperio Alemán. Si algo tenía la Alemania Nazi era eslóganes bien constituidos para defender y reforzar su ideología. Uno de los más respetados era Ein Volk, Ein Reich, Ein Führer, que es: un pueblo, un imperio, un líder. Su significado era más que evidente, dejaba ver en control que ejercía el Partido Nazi sobre casi todo y todos. Ese lema recordaba el dominio que tenía Hitler sobre la población y el ejército. Su voluntad era prácticamente santa palabra.

Sin embargo, la figura de jefe único también tuvo otros referentes en la historia mundial del siglo XX, comenzando con el Conducător Ion Antonescu en Rumanía, hasta el caudillo Francisco Franco en España.

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