¿Qué posibilidad hay de que existan los Zombis?

Qué posibilidad hay de que existan los Zombis

En la última década el concepto de los zombis ha calado en el mundo del cine y la televisión. Y es que de alguna forma los no vivientes resultan fascinantes para las personas, y series de TV como “The Walking Dead” o películas como “Guerra Mundial Z” los han enaltecido.

¿Cómo comenzó la idea de los zombis?

El término zombi podría derivar de la palabra nzambi, de origen Kongo, que se traduce como “espíritu de una persona muerta”. Las primeras historias de los muertos vivientes provienen de Haití, pero comenzaron a tomar popularidad luego que se estrenara, en 1932, la película “White Zombie (La legión de los muertos sin alma). Luego tomó mayor vuelo con el clásico “La noche de los muertos vivientes”, estrenada en 1968.

¿Podría un zombi existir en la realidad?

La ficción nos tiene una idea muy configurada de cómo son los zombis: criaturas que se muevan de forma increíblemente lenta, pero con una paciencia envidiable. Casi siempre terminan atrapando a una que otra víctima.

Pero los zombis carecen de lógica. A pesar de que se están muertos, logran moverse y caminar como los vivos. Evidentemente al estar sin vida son seres fríos y sin pensamiento, pero son capaces de romper un cráneo humano en busca de sesos. Su cuerpo está putrefacto pero, aun así, tienen la habilidad  de capturar a sus víctimas. Pero, yéndonos a la vida real, aunque algunos crean que son muy cool, según la biología humana no hay manera de que los zombis existan. 

El clima de la Tierra

No hay que olvidar que los zombis son, esencialmente, carne podrida. Entonces, el clima de la tierra los afectaría: el calor y la humedad lograrían que su fisiología se deteriorara. Básicamente, serían el escenario perfecto para la proliferación de bacterias e insectos que terminarían descomponiéndolos todavía más. Si estuvieran en un desierto, durarían tan solo unas horas.

El frío tampoco sería un aliado, pues las bajas temperaturas harían que sus huesos se tornaran más frágiles de lo que, en teoría, deberían ser. Un simple golpe o tropezón y quedarían vuelto añicos. Incluso su propio peso podría jugar en su contra.

Entre otros elementos que harían imposible su existencia están los rayos ultravioletas provenientes del sol, los vientos huracanados, lluvia o granizo. Quizás por eso en las historias de ficción los zombis prefieren atacar en una casa o sótano, para estar lejos del mal clima.

Por otro lado está el hecho de que los seres humanos podemos movernos gracias a la unión que existe entre músculos, tendones, esqueleto y otras áreas de la fisionomía humana. Entonces, lógicamente un ser no viviente carecería de todos estos elementos, lo que lo dejaría imposibilitado de moverse o agitarse siquiera.

Y ni hablar del órgano que centraliza todas nuestras actividades: el cerebro. Ya que ellos no tienen uno, no tendrían esa pieza valiosa que controla nuestro sistema nervioso central y, por ende, no existiría nada que enviara las señales nerviosas al cuerpo para que este se mueva o realice alguna función. Y aunque lo tuvieran, el cerebro de un zombi estaría dañado y no funcionaría completamente, así que la idea de que estos caminen es simplemente absurda.

Pero por otro lado, los zombis serían el huésped perfecto para bacterias, hongos, virus y cualquier otro ocupante microscópico. Los seres humanos gozamos de un sistema inmunológico repleto de glóbulos blancos que son fieles defensores de nuestro organismo y nos mantienen protegidos de estas amenazas. Pero como los zombis no están vivos, representan un campo ideal para que estos organismos proliferen, lo que acabaría con su “no vida” en poco tiempo. En pocas palabras, los aniquilaría desde adentro hacia afuera.

De seguro existen más motivos y teorías científicas que explican por qué los zombis no pueden sobrevivir.

Aunque algunos tengan la inverosímil idea de que el hecho de que exista un mundo apocalíptico donde los zombis dominen la tierra, pues no habría colegio o trabajo al que ir, solo la idea de sobrevivir, no han considerado otros elementos como la falta de comida, medicinas, gasolina o servicios básicos.

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