Siguen aumentando las razones para determinar que hay vida en TRAPPIST-1. Científicos de la Universidad de Harvard consideran que los planetas de este sistema están ubicados tan cerca unos de los otros que es posible que entre ellos puedan viajar moléculas. Una información que incrementa las posibilidades de abiogénesis en TRAPPIST-1, en otras palabras, el surgimiento de organismos vivos a partir de materia inerte.

Con este dato, los científicos creen que si un meteorito choca contra la superficie de uno de estos planetas, la escoria resultante puede volar hacia un cuerpo celeste próximo. Esto podría hacer aún más probable de lo que se pensaba la vida alienígena en el recién descubierto sistema planetario.

Tres planetas en zona de habitabilidad

Los planetas ‘e‘, ‘f‘ y ‘g‘ del sistema se encuentran en lo que en astronomía se denomina ‘zona de habitabilidad‘: es decir, tan lejos de la estrella central que las temperaturas en ellos no exceden los 100 grados Celsius, pero tampoco llegan a cero. Los investigadores creen que allí puede haber agua, elemento fundamental para el surgimiento de vida.

“Encontrar las mismas formas de vida en los 3 tres planetas habitables de TRAPPIST-1 no sería ninguna sorpresa”, explicó el coautor del estudio Abraham Loeb a la revista ‘New Scientist’.

Los otros tres planetas del sistema se encuentran tan cerca de la estrella que en su superficie no podría hallarse agua debido a que las temperaturas son demasiado altas. A su vez, el séptimo cuerpo celeste de TRAPPIST-1 está muy lejos del centro y por lo tanto es extremadamente frío.

Un extraordinario hallazgo

En febrero de 2017 los científicos de la NASA hallaron un nuevo sistema planetario similar a nuestro Sistema Solar. En torno a la estrella enana fría llamada TRAPPIST-1, localizada en la constelación de Acuario (a 39 años luz de la Tierra), orbitan siete planetas que pueden contener agua.

Los planetas del sistema TRAPPIST-1 están separados por una distancia significativamente menor que la existente entre la Tierra y Marte. Según los expertos, esta característica facilita la transferencia de moléculas orgánicas entre cuerpos celestes, fenómeno citado por la ciencia en la teoría de la panspermia molecular.

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