Reviéntame

Reviéntame,
venga, hazlo de nuevo.
Como ya supiste hacer.

Reviéntame las alas
y la fuerza de mis ganas,
con el adiós nauseabundo,
de la huida repentina.

Reviéntame las manos,
que esperaban un anillo.
De paso, ya que estás,
reviéntame el pecho
que se sale por la boca
cuando caes, con la suerte,
al otro lado del teléfono
y estás “escribiendo”.

Reviéntame la inocencia,
de esperar que la fuerza del viento,
te siente en mi cocina,
con un buen vino,
y la cesta de la ropa sucia,
llena de tus faltas.

Revienta el mar,
que se me sale por los ojos,
cada vez que ese “te lo dije”
se cumple, y no aprendo.

Venga, si revientas todo esto,
se que no quedará rastro alguno.
Y prendamos fuego a todo,
ayúdame a extinguir todo atisbo
de brasas; que todo quede en cenizas,
y las pueda esparcir lejos.

Ya no hay primavera.
Y si algo queda, llévatela.
Cómo van a salir rosas,
en el constante invierno
de las venas.

¿Lo harás por favor?
Ya desisto en retenerte,
y en mis ganas.

Sin nada, me despido.

Reyes

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