La policía en Rusia dice que ha acabado con un importante grupo de contrabandistas y que a punta de pistola arrestó a una banda sospechosa de ingresar al país mercadería “peligrosa”. Aunque los productos en cuestión no son drogas o armas, sino queso.

Unas 470 toneladas del producto, para ser precisos, tienen un valor estimado de 30 millones de dólares y, según las autoridades, representan un riesgo para la salud del público ruso que consume queso.

Este solo es el último episodio de la guerra de Rusia contra los alimentos occidentales.

La ofensiva ha hecho que las autoridades locales tomen un enfoque sensato al radical decreto del Kremlin, prohibiendo los alimentos ilegalmente importados del Occidente, en una respuesta a las sanciones occidentales impuestas a Rusia por su participación en Ucrania.

Muchos inclusive están filmando sus esfuerzos para erradicar los productos alimenticios prohibidos.

Desde que las regulaciones fueron introducidas, la televisión estatal e Internet han estado plagados de videos precarios tras otros en los que se muestran las formas de destrucción, desde aplastar hasta tirar a la basura e incluso quemar.

En un video publicado en línea, a los inspectores uniformados en Tartaristán, Rusia central, se les ve incautando tres gansos congelados en una tienda de un pequeño pueblo.

Mientras los testigos observaban, una agente leía los cargos: las aves, importadas de Hungría, no tenían la documentación correcta y estaban mal etiquetadas, informa, lo que las convierte en ilegales bajo la ley de Rusia.

Posteriormente, se muestra que los gansos fueron enterrados en un vertedero.

En otro video, publicado por las autoridades en la región de Leningradsky, cerca de San Petersburgo, los agentes empuñando sombrillas alardeaban sobre haber “liquidado” 19 toneladas de duraznos.

En este muestran como la fruta, la cual según dicen tenía documentos fraudulentos, es aplastada hasta hacerla pulpa bien entrada la noche, aun ante los fuertes truenos y relámpagos azotan el área del vertedero.

Dado que Rusia se encuentra sumida en una crisis económica, las imágenes han provocado una fuerte reacción, especialmente porque la prohibición de comida occidental ha dado lugar a altos precios en los supermercados a lo largo del país.

Muchos rusos se oponen rotundamente a todo ese desperdicio: recientemente cientos de miles de personas firmaron una petición en contra de la destrucción de alimentos. En este se solicita que cualquier producto incautado sea distribuido entre los necesitados, pensionados y desempleados.

Sin embargo, las autoridades que por lo general son sensibles a la protesta pública, siguen resueltas; en todo caso, han aumentado sus esfuerzos.

La historia de la prohibición, edictos y ofensivas contra los quesos como el brie, el Edam y el Camembert podrían parecer propicias para bromas, pero en Rusia no es un asunto de risas —las autoridades están llevando a cabo su “guerra contra el queso”— y escogieron otros alimentos… de hecho, muy en serio.

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