La brutal tortura animal detrás del milenario negocio de la bilis de oso

Generalmente imaginamos a los osos llevando la vida salvaje en su hábitat natural: los bosques. Sin embargo, no todas las especies tienen la misma suerte. En algunos países asiáticos hay granjas donde estos animales viven confinados e inmovilizados en pequeñas jaulas, punzados con un catéter que extrae la sustancia que muchos desean: la bilis.

Una empresa farmacéutica china anunció hace dos años el desarrollo de una alternativa sintética a la amarillenta sustancia con el objetivo de terminar con estas “granjas”. De ser cierto, estaría terminando con una práctica llevada a cabo durante varios siglos.

La historia de la bilis de oso

Los primeros registros de esta práctica aparecen, según los libros de historia, en Tan Ban Cao (659 a.C). Pese a lo que terminó convirtiéndose, su propósito original buscaba supuestamente la supervivencia de los osos salvajes. La bilis de oso la llevan consumiendo en China a lo largo de más de 1.000 años. Pero antes de que aparecieran tales granjas, quienes se dedicaban a conseguirla, simplemente ingresaban al bosque, sacrificaban a un oso, y procedían a arrancarle la vesícula biliar con el “valioso” líquido en su interior.

Pero como era de esperarse, con el transcurso de los años comenzó la desaparición de la especie. Una historia similar a la de muchos otros animales vinculados al comercio de medicinas chinas, como las tortugas asiáticas, los tigres o los rinocerontes de Sumatra.

Un oso negro asiático monta en un camión a un santuario en Vietnam. Fue rescatado de una granja ilegal de bilis.

La bilis de oso en la actualidad

El ácido ursodesoxicólico es el principal componente de la bilis del oso (de hecho, es la única especie que lo produce en volúmenes significativos). Una sustancia que, aunque algunos estudios han demostrado su eficacia contra ciertas dolencias de tipo hepático, es formulada por la medicina tradicional china para numerosos trastornos de salud que van desde el dolor de garganta hasta el cáncer.

Actualmente existen dos formas de obtener la bilis de oso: matando a estos animales en su hábitat natural y arrancar su vesícula biliar, o desplazarse a las ya mencionadas granjas de bilis de oso (aunque el término ‘fábricas’ puede ser más adecuado) donde efectúan el drenaje repetido y permanente en las vesículas biliares de los osos confinados.

Esta segunda opción es lo más parecido a una ‘casa del terror’. Así lo ha descrito varias organizaciones y periodistas: los animales viven sedientos y hambrientos todo el tiempo, reciben poca (o ninguna) atención veterinaria, y básicamente sufren torturas durante toda su existencia.

Un trabajador se prepara para drenar la bilis de un oso en una granja en China, que tiene más instalaciones de este tipo que cualquier otro país.

El más perjudicado de esta cruel práctica es el oso tibetano (Ursus thibetanus), llamado también oso negro asiático u oso del Himalaya. Miles de ellos pasan su vida en pequeñas jaulas bajo constante angustia y dolor.

Respecto a la metodología, se usan varios procedimientos brutales para exprimir los catéteres que se oxidan en la bilis, que incluyen chaquetas metálicas con púas en la parte del cuello, bombas medicinales y/o orificios en sus vientres expuestos a infecciones.

Los animales se mantienen encerrados en “jaulas de aplastamiento”, diseñadas para que los osos no se puedan mover. Para ordeñar o extraer la bilis a diario, los trabajadores hacen aberturas o heridas permanentes en la vesícula biliar de los osos. Suelen ser drogados con ketamina, y emplean catéteres o agujas que empujan en sus vientres buscando la vesícula biliar.

Una vida miserable

Parte de los osos llegan a las granjas desde cachorros y nunca son liberados. Si viven lo suficiente, considerando que los tiempos de vida en cautiverio son reducidos, su bilis puede ser extraída durante décadas. Sin embargo, luego de 10 a 20 años, generalmente los osos bajan la producción a tal punto que ya no alcanzan a cubrir sus gastos de comida y alojamiento. Así entonces, después de vivir torturados, a la mayoría los matan y posteriormente son vendidas las partes de su cuerpo.

Trabajador extrayendo la bilis de oso en una granja en China.

Por esta razón, cientos de protectores de los derechos animales han reclamado que las mencionadas condiciones provocan un inconcebible daño psicológico a los osos. Incluso, se ha escuchado sobre la historia de una madre que pudo escapar de la jaula mientras ordeñaban a su cachorro.

Al encontrar el cachorro, la osa lo sofocó hasta quitarle la vida. Enseguida, la madre comenzó a golpear su cabeza contra la pared hasta morir desangrada. Otros activistas informaron que muchos osos se resisten a alimentarse hasta que obviamente decaen y mueren.

Un oso en una granja propiedad de Guizhentang Pharmaceutical, que fabrica tónicos a partir de la bilis del oso. Credit Mu Chen / European Pressphoto Agency

Los especialistas estiman que en total hay poco más de 10 mil animales en las granjas de bilis. La mayoría se ubican en China, aunque también se conoce de estas instalaciones en Laos, Birmania, Corea del Sur y Vietnam.

Históricamente los mejores clientes del cruel negocio han sido Asia, Estados Unidos y Canadá. Un precio por kilo que supera los 500 euros (en el mercado mayorista), es el que mantiene a miles de osos encerrados y torturados brutalmente cada día. Una miserable vida para que algunos humanos consigan un menjunje que, seguramente, no produce ni siquiera el efecto esperado.

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