¿Os podéis imaginar tener plena libertad para elegir cuándo y cuántos días libres tendréis? Pues ya es una realidad que grandes firmas como Netflix, General Electric, Evernote o la consultora Grant Thornton han puesto en práctica, vacaciones ilimitadas para sus empleados.

La clave está en que la posibilidad sólo podrá disfrutarse si cumplen con toda la carga de trabajo que se les asigne. Además no se busca que realicen las tareas rápidamente, sino con un compromiso por la excelencia.

Para el éxito de esta iniciativa las empresas deben mejorar su organización y planificación estableciendo objetivos de grupo que permita la coordinación entre los profesionales y no surjan problemas. Tiene que quedar claro cúal es la misión concreta de cada trabajador además de una comunicación fluida gracias a herramientas de colaboración que permitan informar de datos relevantes cuando un empleado no esté presente en una reunión de trabajo porque haya cumplido sus objetivos y se encuentre ausente.

¿Cuáles son los beneficios?

Es obvio que estas retribuciones en forma de tiempo libre crean una cultura de la confianza muy distinta de la que estamos habituados donde se cuestiona la responsabilidad de los empleados ante estas libertades. La mayoría de empresas suele cumplir estrictos planes de vacaciones porque creen que los empleados se aprovecharán de estos permisos creando un ambiente controlado que nada tiene que ver con las nuevas políticas en dirección de equipos.

Estas empresas confirman los muchos efectos positivos en el funcionamiento y en la productividad que esta medida tiene tanto en los empleados como para la propia empresa.

Por ejemplo, las compañías se ahorran el pago de los días libres que los empleados no disfrutan y retienen al talento al crear un sentimiento de lealtad de los empleados hacia la firma por este gesto de confianza. Además al tener lo empleados más tiempo libre trabajan de forma más creativa y productiva al estar más motivados con su entorno laboral.

Pero no todo es color de rosa y ya hay firmas que han fracasado al poner en marcha este tipo de iniciativas, como la plataforma de crowdfunding Kickstarter. Esta medida hizo que su plantilla trabajase aún más días al no saber con claridad que tiempo debían trabajar y cúal no, por lo que el entorno se volvió más competitivo con presiones entre los propios miembros del equipo. Obviamente la compañía no supo implantar esta falta de normas olvidándose de trasladar a la plantilla un liderazgo orientado a resultados no al tiempo que se pasasen en la oficina.

En una economía de participación como la actual, donde los profesionales deben ser medidos por lo que aportan, estas iniciativas parecen ser el futuro aunque suponemos que con matices adaptándose a cada cultura empresarial según el país. ¿Lo véis posible en vuestra empresa?

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