La asombrosa historia del viaje más largo de la historia en avión: 64 días sin tocar tierra
Imagen: Wikimedia Commons

En la historia nadie ha logrado nada igual. Fueron 64 días sin tocar la tierra lo que ha sido el vuelo más extenso en un avión. Fue en 1959 cuando dos pilotos consiguieron la hazaña, aún inimaginable por muchos. Seguro todavía consideras que viajes de al menos 10 horas es demasiado y agotador, incluso junto al “jet lag”.

Hasta ese momento, era impensable hablar de días en el aire, sino apenas de horas como unidad de medida, luego que en 1922 los tenientes John Macready y el teniente Oakley Kelly establecieran la marca de resistencia de 35 horas con 18 minutos y 30 segundos en vuelo, entre los días 5 y 6 del mes de octubre, a bordo de un Fokker T-2. Referencia que ahora sirve para valorar lo conseguido durante la insospechada e increíble misión de Bob Timm y John Cook, 37 años más tarde.

Antes de esa hazaña, los siguientes en incluirse en la historia fueron Fred y Al Key, quienes lograron sobrevolar Meridian, Mississippi por más de 27 días, marca registrada entre junio y julio de 1935 en 653 horas con 34 minutos. Ambos tripularon un Curtiss J-1, que al igual que el Fokkert T-2 es de cabina grande, incluso mayor que el Cessna 172 que conserva el record.

Desde entonces muchos lo intentaron, hasta que Timm y Cook, desde el hotel La Hacienda de Las Vegas, se tomaron en serio formar parte de la historia de la aviación para realizar su gran vuelo.

Imagen: Casino Hacienda (Wikimedia Commons)

El vuelo más largo de la historia

La idea llegó a los oídos indicados. El mecánico Bob Timm, quien trabajaba reparando las máquinas tragaperras del casino en La Hacienda, en medio de conversaciones con otros empleados, le comentó al dueño, Warren “Doc” Bailey, algo que este hábil hombre de negocios no desaprovecharía como una gran oportunidad de darle publicidad a lo que a principios del año 1958 fue el primer hotel-casino familiar de Las Vegas.

Timm, quien además de mecánico era un veterano de la Segunda Guerra Mundial, en la que pilotó bombarderos, le pide patrocinar lo que vaticinaba sería el más grande vuelo de resistencia. El presupuesto no tardó en aprobarse: 100 mil dólares. Su acompañante para llevar a cabo la misión sería el piloto de Alamo Aviation en Las Vegas y mecánico de aviones de 33 años, John Wayne Cook.

Animado por la publicidad para su casino y con la idea de que la noticia del evento llegaría a oído de los medios de comunicación de toda la nación, Bailey resolvió pintar y rotular el nombre de su hotel en un Cessna 172 para el show. En busca de una mayor credibilidad para ganar audiencia, logró contratar al famoso comentarista de radio para la época Preston Foster, quien dirigió toda la operación de vuelo desde tierra.

Imagen: piloto Bob Timm (County Airports)

Creado en 1956, monomotor con las alas  ala sobre el techo y capacidad para cuatro tripulantes, el Cessna 172 se convertiría luego en la aeronave más fabricada en el mundo, además de convertirse en la más popular para sesiones de entrenamientos. Por la forma de la popa y la caída de su tren de aterrizaje era casi idéntico al Cessna 170.

El avión sufrió algunos cambios. Con la complicidad de Cook, Timm y Bailey se modificó la versión del fuselaje con un tiempo total de 1.500 horas. El motor Continental se mantuvo, se amplió el tanque para 360 litros de combustible, se instalaron dos sistemas de aceite y filtros, para permitir que el avión pudiera repostarse sin que el motor dejase de trabajar.

Reabastecimiento del Cessna 172 (Wikimedia Commons)

En el interior, solo el asiento del pilo permaneció intacto. La cabina fue desalojada para colocar un colchón y un pequeño baño. La instaló una puerta lateral para permitir que el copiloto pudiera recibir las provisiones desde abajo durante un vuelo raso, sin tocar la pista.

Los reabastecimientos fueron maniobras bastantes complicadas, tanto el combustible como con las provisiones de la cabina, que se llevaban a cabo dos veces al día. El vuelo debía ser a la misma velocidad sobre un vehículo, desde donde conectaban una manguera para bombear el combustible. El procedimiento que repetían para proporcionar el agua y los alimentos, directamente desde el mismo camión.

Imagen: WC

Por fin llegó el 4 de diciembre de 1958. Se tenía la aprobación de la FAA para despegar con pesos superiores al mínimo autorizado para el despegue. Permanecer en vuelo por al menos 64 días 22 horas, 19 minutos y cinco segundos fue la pauta fijada para Timm y Cook al elevar el Cessna del McCarran Field en Las Vegas.

Higiene y comida: toda una complicación

Para los repostajes, se apartaba un largo tramo sin curvas de la carretera en el desierto de Blythe en California. Un camión Ford Thunderbird convertible fue especialmente modificado. Provisto de un tanque y una bomba para elevar el combustible al avión y una variedad de ganchos para sostener la nave mientras sobrevolaba sobre él.

De la alimentación se encargaban los cocineros de La Hacienda. La preparación era muy meticulosa para evitar que la tripulación se enfermase. Las comidas eran saludables y los vegetales muy frescos, pero servirla no era nada elegante. Como todo se enviaba en termos a través de las cuerdas, la comida debía picarse en pequeños trozos para que cupiera en el recipiente.

La higiene también pasó a segundo plano. Para poder bañarse, cada dos días Timm y Cook eran provistos de apenas un litro de agua, jabón y una toalla. Generalmente sobrevolaban las áreas desérticas de los alrededores de Yuma en Arizona y Blythe en California, pero para obtener atención publicitaria por parte de los medios, en ocasiones pasaban por el lado oeste de Van Nuys y Los Ángeles.

Imagen: Pikabu

Todo el esfuerzo de la hazaña tuvo un costo para los pilotos. Estar tanto tiempo sentados sin ejercicio, más el ruido del motor tan cerca y constantemente, llevó a la pérdida de sueño para ambos, lo que dificultaba su descanso, de acuerdo con lo descrito en el diario que llevaba Cook para registrar la experiencia.

Cada cuatro horas se turnaban el mando del  avión para descansar, pero aun así les era difícil conciliar el sueño. Hasta que por un lapso de dos horas, ambos se quedaron dormidos. Por suerte, el piloto automático estaba activado.

Bob y Jhon fueron muy meticulosos en los días finales del viaje. Revisaban cada procedimiento con detenimiento para no cometer errores que pusieran en riesgo la misión de conseguir el record de resistencia. Ambos discutían cada decisión antes de proceder y cada uno evaluaba el trabajo del otro para estar seguros.

Panel de instrumentos de un Cessna 172 (Wikimedia Commons)

Ya habían superado el record de 50 días y a medida pasaba el tiempo, querían seguir alargando la gesta lo más que pudieran hasta conseguirlo por dos semanas. Tripular el Cesna 172 ya se tornaba peligroso. El motor empezaba a subir la presión y perdía potencia que convertía en un riesgo volver a repostar, además del reporte de fallas con la bomba eléctrica de combustible, el tacómetro, el generador y el calentador.

John Cook, Bob Timm, Actor Preston Foster y el dueño de Hacienda Doc Bayley (County Airports).

En total fueron 64 días y 22 horas. Esa fue la marca conseguida el 7 de febrero de 1959, cuando el viaje más largo de la historia en avión culminó para volver a descender sobre McCarran Field. Definitivamente fue un vuelo épico.

Fuente: County Airports

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