Características generales y breve recuento histórico de la moneda

Para hablar de criptomonedas (CM), es prudente poner sobre el tapete el concepto general de la moneda y para comenzar recordemos que, históricamente, el dinero facilitó el intercambio comercial de una manera más segura y expedita que cuando, en las culturas primitivas, las transacciones de mercancías se realizaba a través del simple trueque.

El dinero surge en un proceso histórico de aprendizaje y revelación de la necesidad de contar con un instrumento que facilitara la realización de las transacciones económicas sin tener que recurrir al trueque simple de mercancías. Así, en una primera etapa, nos encontramos con el dinero-mercancía, representado por efectos que por si mismos ya tenían un gran valor para las sociedades, las pieles, el cobre, el oro, la plata, el hierro y otros elementos de valor como los diamantes.

Los inconvenientes que presentaba ese dinero-mercancía para su conservación, almacenamiento, cuidado, transporte y fraccionamiento, nos llevó a la moneda moderna que en realidad, bajo el denominado patrón oro, estaba constituido por un título expedido por una casa de moneda que representaba una determinada cantidad del metal precioso y que por lo tanto, al garantizar su emisor la convertibilidad en metal precioso, esa moneda fraccionable y portable podía utilizarse fácilmente como unidad de cuenta y medio de intercambio aceptado y reconocido por todos los agentes económicos, características que unidas al elemento de confianza, llevan a la moneda a constituirse en un instrumento de depósito de valor.

El hecho de que solamente los Estados, en el ejercicio de un monopolio legal y soberano, sean los únicos que pueden emitir dinero y por lo tanto, los particulares no puedan crearlo a su voluntad, lo convierte en un bien no solamente escaso, o como los economistas suelen llamar, en un bien económico y no libre que, por su propia naturaleza, lo han llevado a ser aceptado por los particulares como el instrumento de intercambio, por excelencia, a su vez, creado, controlado y fiscalizado por los Estados, a diferencia de lo que hoy ocurre con las denominadas criptomonedas (CM) como más adelante se examina.

En su origen, el papel moneda surgió como un título valor que contenía la obligación del emisor de entregar una cantidad de metal precioso a su poseedor e históricamente, el patrón oro se constituyó en la base del sistema monetario internacional durante el siglo XIX. Sin embargo, esta situación duró hasta la primera guerra mundial, cuando los países beligerantes, con una inmensa necesidad de recursos para financiar su participación en el conflicto, imprimieron dinero muy por encima de sus reservas en metal precioso, acabándose el respaldo puramente en oro y la garantía del dinero comenzó a sustentarse en la seguridad que el Estado suministraba, obviamente, fundamentado en su soberanía, legalidad y poder coactivo, manteniendo todas sus características fundamentales y especialmente la de servir como medio de intercambio, con capacidad de servir de instrumento para comprar bienes y pagar obligaciones.

Posteriormente, se presentaron otros eventos de importancia que, igualmente, afectaron la sostenibilidad del patrón oro puro, entre los que podrían mencionarse los siguientes:

  • El manejo monetario y cambiario de los Estados Unidos durante la gran depresión del año 1929 que, buscaba que los precios y salarios no disminuyeran sustancialmente, ante la caída de la demanda global, optándose por una devaluación de la tasa de cambio, abandonando el patrón oro, para alentar así las exportaciones.
  • El hecho de que Gran Bretaña, símbolo de permanencia, estabilidad y solidez del sistema del patrón oro en el siglo XIX, decidiera igualmente su abolición en 1931.
  • Las decisiones asumidas en la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas de 1944, conocida como los acuerdos de Bretton Woods, cuando con la segunda guerra mundial Estados Unidos de América se constituyeron claramente como la primera economía del mundo, decidiéndose allí que el dólar americano sería la divisa internacional, garantizada por la FED como autoridad que afirmaría el sostenimiento del patrón oro de esa moneda.
  • Igualmente, desde el Acuerdo Bretton Woods, como una medida de estabilidad monetaria, cuando un país presenta déficit en su balanza de pagos, debe financiarlo mediante el uso de sus reservas internacionales o en su defecto a través de financiación obtenida con el Fondo Monetario Internacional.
  • El patrón oro sobre la divisa americana, en los términos acordados en Bretton Woods, se mantuvo hasta el año 1971, cuando nuevamente producto de una guerra, esta vez la de Vietnam, Estados Unidos optó por emitir millones de dólares para financiar el conflicto, situación que unida al hecho de que esa potencia económica por primera vez en el siglo XX registrara un déficit en su balanza comercial, confinó a los países europeos a sustituir en sus reservas dólares por marcos alemanes y oro.

En estas circunstancias, Gran Bretaña y Francia solicitaron a los Estados Unidos la conversión en oro de sus reservas en dólares, llegándose así a la decisión del Presidente Richard Nixon de declarar el shock económico, devaluando su moneda para favorecer sus exportaciones y declarando unilateralmente la cancelación del Acuerdo Bretton Woods, derogando el patrón oro que obligaba la conversión del dólar al metal precioso, convirtiendo el dólar en una moneda fiduciaria. Estas situaciones llevaron a las principales potencias económicas a salirse del sistema del patrón oro y optar por el de tipo de cambios fluctuantes, sistema que ha venido siendo adoptado por un gran número de economías menos fuertes en el mundo.

El dinero fiduciario, esto es, el que fundamenta su valor en la confianza de los agentes económicos en el emisor y no en la convertibilidad o respaldo en los metales preciosos, actualmente es el sistema que impera en el mundo y además del dólar estadounidense, el euro y las demás monedas de reserva han adoptado este sistema.

A partir de todos los anteriores eventos, la capacidad de depósito de valor del papel moneda emitido bajo el monopolio de las bancas centrales de los distintos países, ya no dependía justa y exclusivamente de las reservas en metales preciosos del banco emisor, sino primordialmente de la seguridad y solvencia que cada Estado deriva del manejo de su política monetaria, fiscal, cambiaria y económica en general.

Como se analiza en los siguientes apartes, en el caso de las criptomonedas, al ser descentralizadas y anónimas, esto es, sin la intervención de un Estado soberano en su creación, no hay un responsable que garantice la seguridad y estabilidad de esos activos de concepción tecnológica innovadora y aunque algunas veces muy rentables, son sobretodo un esquema altamente especulativo, sin control estatal y por ende bastante peligrosos para los participantes con interés de ahorrar e invertir.

Por otra parte, no debe desconocerse que en el caso de las monedas de curso legal, las actuaciones de cada Estado, están circunscritas, generalmente, dentro de las garantías funcionales y de control derivadas de la división de poderes, para reglar, entre otros asuntos, la emisión monetaria, el uso obligado de la moneda local en el comercio nacional o, incluso, en algunos casos, el control de cambios para las transacciones internacionales de bienes y capitales, instrumentos de política que hacen parte de herramientas con las que se concretiza el poder coercitivo del Estado en materia económica y que a la vez, desde la perspectiva de los particulares, contribuye a construir y sostener la seguridad y credibilidad en la moneda emitida por cada estado.

La dimensión política, económica y normativa del dinero de curso legal en todos los países, es de tal magnitud que por ejemplo, en Colombia, la Constitución Política, la Carta Suprema que rige al país, en su artículo 371, entre otros asuntos, preceptúa que, “El Banco de la República ejercerá las funciones de banca central. (…) Serán funciones básicas del Banco de la República: regular la moneda, los cambios internacionales y el crédito; emitir la moneda legal; administrar las reservas internacionales; ser prestamista de última instancia y banquero de los establecimientos de crédito; y servir como agente fiscal del gobierno. Todas ellas se ejercerán en coordinación con la política económica general. (…)”

A su vez, el artículo 372 de la Carta Magna Colombiana, señala que:  “El Estado, por intermedio del Banco de la República, velará por el mantenimiento de la capacidad adquisitiva de la moneda. El Banco no podrá establecer cupos de crédito, ni otorgar garantías a favor de particulares, salvo cuando se trate de intermediación de crédito externo para su colocación por medio de los establecimientos de crédito, o de apoyos transitorios de liquidez para los mismos. Las operaciones de financiamiento a favor del Estado requerirán la aprobación unánime de la junta directiva, a menos que se trate de operaciones de mercado abierto. El legislador, en ningún caso, podrá ordenar cupos de crédito a favor del Estado o de los particulares.”

La transcripción normativa anterior, es un ejemplo de la importancia que los Estados modernos le dan al control de la creación de dinero, las políticas monetaria y cambiaria. Es así como, en el caso Colombiano, se ha establecido a nivel constitucional y legal, un esquema de equilibrio de poderes que busca proteger al más alto nivel el valor del dinero, así el poder ejecutivo y su política fiscal, debe actuar en concordancia con las directrices monetarias de la Junta Directiva del Banco de la República, ente autonomo que actúa como primera autoridad monetaria cambiaria y crediticia, cuyo propósito fundamental es mantener la capacidad adquisitiva de la moneda, dentro del contexto macroeconómico de la política monetaria del país. Igualmente, el Banco de la República, banco central del país, se encuentra bajo la inspección y vigilancia del Presidente de la República, quien delega dichas funciones en la Superintendencia Financiera y, asimismo, el Banco Central es vigilado, por la Contraloría General de la República, cuando actúa como agente fiscal del gobierno.

Ahora bien, en los primeros párrafos se hizo referencia a las que podrían llamarse las principales características o propiedades que generalmente se le atribuyen a la moneda: servir como unidad de cuenta, medio de cambio y depósito de valor.

Sin embargo, pueden enumerarse otras cuantas características no menos interesantes, en términos generales no aplicables a la criptomonedas (CM), entre las que se podrían destacar las siguientes:

  1. Su valor cuenta con una aceptación universal entre los distintos agentes económicos,
  2. Su oferta depende de cada Estado, ya que dentro de su territorio tienen el monopolio soberano de la emisión de su moneda.
  3. Su importancia es de tal magnitud, que la posibilidad de creación de dinero es un instrumento soberano de política económica que afecta directamente toda la economía del país y en el caso de las llamadas divisas, como el dólar americano, incluso llega repercutir grandemente sobre la economía mundial.
  4. El mercado de dinero, esto es su oferta y demanda, son factores relevantes, junto a otras variables macroeconómicas que pueden ser orientadas y dirigidas por el Estado, aspectos todos que explican el comportamiento de los precios y por ende de los fenómenos inflacionarios de las distintas economías.
  5. Al tener un respaldo legal y una aceptación universal por parte de los agentes económicos, el dinero puede ser utilizado para realizar cualquier operación económica.

Características generales de las criptomonedas

Las denominadas criptomonedas, podrían definirse como “monedas virtuales” que son transadas a través de una red informática descentralizada, peer to peer, es decir, de par a par, de igual a igual, fundado bajo los principios de la criptografía, integrando al usuario dentro del proceso de emisión y asentamiento de las transacciones, bajo un sistema, valga decirlo, particularmente innovador.

Con su calificativo de “monedas descentralizadas”, se está significando que no son emitidas ni pertenecen a ningún Estado y por ejemplo, en el caso del Bitcoin, la más conocida, es claro que no tiene un control real por parte de ningún Estado y por lo tanto, no podría ser vigilada ni intervenida, manteniendo sus operaciones dentro del anonimato y la seguridad que su encriptación les permita, por lo que en la práctica sus transacciones actualmente se encuentra por fuera de cualquier posibilidad de ser controladas por alguna autoridad.

Las criptomonedas, no son de curso legal en los países y aunque hoy ya existen más de 1.000 denominaciones de criptomonedas, se podría decir que en términos generales todas son similares al bitcoin, la primera que fue implementada, contando con características como las siguientes:

  • Se establece un tope máximo de la oferta que se pondrá en circulación, pretendiendo con esto imitar la escases que es una de las características de los metales preciosos. En el caso del Bitcoin su oferta total es de 21 millones y actualmente ya se encuentran cerca 17 millones en circulación.
  • Igualmente, se adoptan mecanismos para que la creación de las nuevas unidades de la moneda sea gradual, a través de un sistema denominado minería que permite, a los llamados mineros que son participantes con una amplia capacidad computacional, la liberación de nuevas unidades de dinero, al competir entre ellos para romper cadenas de bloques cifrados (blockchain), mediante la resolución de complejos sistemas algorítmicos, para obtener como premio una nueva transacción que libera nuevas unidades de moneda a su favor. Este proceso corresponde a un sistema criptográfico altamente complejo que, en sus resultados frente a su mercado y precios, se asimilaría a los que se obtenían en el mundo real para los productos obtenidos en la minería de oro y otros metales preciosos bastante escasos.
  • Las operaciones se administran dentro de un gran libro de cuentas que enumera todas las transacciones desde su creación y puede ser consultado en línea por los integrantes de esa única cadena de registros públicos, donde los participantes funcionan a través de billeteras electrónicas que son creadas para realizar las transacciones en cualquier aparato que cuente con conexión a internet.
  • Para esto se utiliza el sistema que denominan blockchain, sistema descentralizado y altamente encriptado, donde se registran todas las transacciones, utilizando protocolos de seguridad, sin que exista ninguna intervención centralizada de una contraparte, como ocurre en las monedas de curso legal, a través de los bancos centrales de cada país, con la intermediación de la banca comercial.
  • Cualquier transacción puede buscarse en la red, incluyendo la dirección de correo electrónico de las cuentas del emisor y el receptor, junto con el monto de la transacción, pero protegiéndose siempre el anonimato de quienes realizan las operaciones.
  • A través del uso avanzado de la criptografía, técnica que protege la información mediante cifras, códigos y algoritmos matemáticos, se busca que las transacciones no sean violadas o falsificadas y además que se proteja su confidencialidad.
  • Buscando entender la forma en que operaria un participante en el mercado secundario del Bitcoin, podríamos decir que se inicia con la actividad de descargar y crear una billetera en línea, luego se realiza una transferencia con el dinero de curso legal en su país, creando directamente una cuenta de intercambio o ejecutando la transferencia a través de un agente o intermediario para adquirir la criptomoneda en su nombre y finalmente se proporciona la dirección de la billetera para recibir el bitcoin. A través de esa billetera digital, los participantes almacenan, envían o reciben la criptomoneda.
  • Las criptomonedas son fraccionadas y en el caso del Bitcoin se usan hasta 8 decimales.
  • Obviamente por su carácter descentralizado no existe ningún banco emisor y funcionan internacionalmente a través de la red internet.
  • Su tasa de cambio frente a las divisas aceptadas en el comercio mundial y a las monedas fiduciarias de curso legal es totalmente flotante y especulativa, dependiendo del mercado, es decir, el comportamiento de su oferta y demanda.

Controversia sobre la futura permanencia de las criptomonedas en las actuales condiciones

Para algunos, las criptomonedas (CM) cumplen con las funciones esenciales atribuidas a las monedas emitidas por cada Estado soberano en el mundo, como son las de servir como unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor, por lo que fácilmente en unos años podrían incluso sustituir o al menos operar en igualdad de condiciones con las monedas de curso legal y con las divisas aceptadas en el comercio internacional.

La anterior apreciación, a mi juicio es bastante cuestionable, pero intentemos ver con cierta apertura mental algunos elementos que nos ayuden a comprender lo que viene ocurriendo con este fenómeno que hoy despierta gran inquietud en todos los países.

Sobre su servicio como medio de pago, hay que comenzar por decir que las criptomonedas no han llegado al gran público y su uso se encuentra muy limitado a pesar del avance que puede reconocérsele en ese sentido, al ser ya aceptada por algunos comercios en el mundo, incluidas empresas importantes como Microsoft (Diciembre de 2014), Dell (julio de 2014), PayPal, TigerDirect, Newegg, Steam, Vitoria´s Secret y Subway. Sin embargo, sobre el caso de Microsoft que se había convertido en un emblema para los amigos de Bitcoin, en enero de 2018 apareció la noticia que el gigante tecnológico aparentemente dejó de aceptar pagos en la CM, siguiendo los pasos de la empresa de distribución digital Steam, quien había ya decido no recibir el Bitcoin, supuestamente por su alta volatilidad.

Asimismo, ya existe una red de ATMs para compra-ventas de bitcoins en los cinco continentes y unos pocos en algunos países de América Latina, incluida Colombia, aunque recientemente fue anunciado por la empresa estadounidense Athena Bitcoin, que proyecta traer 200 cajeros para latinoamérica en este 2018.

Otro aspecto relevante, ocurrió en abril de 2017, cuando la tercera economía del mundo, el Japón, otorgó a las CM la calidad de medio legal de pago, siendo el primer país en hacerlo, constituyéndose para los amigos de las CM, en el comienzo del camino para que otros países sigan esta conducta. Pero vale la pena recordar que en Australia, ya se había reglamentado desde el 2013 el uso del bitcoin y adicionalmente es aceptado por algunos minoristas para el pago de sus productos o servicios.

Ahora bien, aunque el bitcoin creado en 2008, cuya primera transacción se hizo el 3 de enero de 2009, no es en sentido riguroso una moneda, cabe anotar que es reconocido como medio de pago por unos pocos Estados, como el Japón y Australia.

Igualmente, la empresa prestadora del servicio de mensajería libre por internet Telegram Messenger a comienzos del 2018 anunció su interés de crear su propia criptomoneda, para buscar que sus usuarios pudieran pagar con esa moneda el costo de utilización de su plataforma. Otro caso similar fue el de Kodak, quien anunció el lanzamiento de su moneda Kodakcoin destinada a los fotógrafos, lo que muestra que el furor sigue caminando con las criptomonedas.

No obstante, situaciones como las acabadas de describir que estimulan la expectativa que algunos tienen sobre el progreso, permanencia y consolidación como medio de pago de las criptomonedas tanto para operaciones nacionales como internacionales, la realidad del contexto económico, legal y político no se presta para tanto optimismo, veamos algunos aspectos:

  • Las CM cuentan con redes de pago muy limitadas, frente a las inmensas redes que presenta la banca comercial y el comercio en general para las monedas de curso legal en los países.
  • Actualmente existen muchas CM, descentralizadas y basadas en el modelo cadena de bloques (blockchain), diseminando el interés existente por ellas y aunque hoy existen claras preferencias por algunas, como el Bitcoin, ethereum, ripple, dash y litecoin, posiblemente se seguirán sumando muchas más, situación que a la larga puede constituirse en otro problema más para su permanencia y credibilidad.
  • El valor de las CM presentan un claro comportamiento de burbujas, entre otras razones, porque son claramente especulativas, con altísimos riesgos y una vez creadas bajo su complejo esquema de minería, en la actividad del mercado secundario su precio es extremadamente volátil y sensible a diversas circunstancias como por ejemplo la intervención normativa de los distintos Estados o la intromisión a sus sistemas de seguridad, como ya ha venido ocurriendo.
  • Al final de cuentas, es innegable que su precio es clara y altamente especulativo, no solo por las razones antes expuestas, sino porque además su valor no está atado a ningún bien real como ocurre con el mercado de las acciones que, si bien puede ser igualmente volátil y servir en algunos casos al interés de especuladores profesionales, al menos detrás de esos valores esta una empresa real que, mal o bien valorada, podrá ser siempre evaluada por el mercado a través de profesionales especializados.
  • En todo caso, considerando que las CM surgen de una creación hoy descentralizada y anónima, sin la intervención de ningún banco central o un Estado soberano y sin ningún tipo de control legal, sus precios no solamente son altamente especulativos y volátiles, sino que son totalmente impredecibles y por ende nunca existirán bases sustentables que garanticen que rendimientos anteriores sean la base de rendimientos futuros.
  • Las CM al no tener ninguna relación con ningún banco central, no tienen asegurada una relación comercial con la economía real e igualmente no participan del mercado financiero y de la posibilidad de obtener reconocimientos de tasas de interés, como las verdaderas monedas de curso legal emitidas por los bancos centrales.
  • Las CM al crearse, sin ningún control y reglamentación por parte de los Estados, constituyen un claro mecanismo que puede ser utilizado para favorecer la evasión fiscal, crear una cortina de humo al resultado económico de actos criminales y al lavado de activos proveniente de todo tipo de delitos como el narcotráfico, la corrupción y el terrorismo, situación que igualmente representa un alto riesgo para su permanencia, ya que podría llevar a su prohibición por parte de las autoridades estadounidenses y otros Estados, impidiendo así la conversión de las CM a dólares u otras divisas o monedas de curso legal.
  • Algunos países han comenzado a prohibir la utilización de ciertas CM, como es el caso de Rusia y China, donde su banco central acaba de anunciar medidas más fuertes, buscando abolir cualquier plataforma relacionada con el intercambio de monedas virtuales o los famosos ICO (Initial Coin Offering, por sus siglas en inglés – Recaudo de fondos en criptomonedas).
  • En la práctica, China bloqueará todos los sitios Web de intercambio de CM, en China o el extranjero e, igualmente, perseguirán a quienes, afuera de sus fronteras, ofrezcan servir de intermediarios a los chinos para la compra de bitcoins.
  • En Corea del Sur, a comienzos del 2018, se anunció que se pensaba prohibir todos los intercambios realizados con monedas virtuales, ocasionándose una gran inquietud en los seguidores de las llamadas divisas virtuales y, ante la reacción generada, el gobierno dijo que la decisión aún no estaba tomada, pero queda la expectativa de lo que finalmente pueda ocurrir.
  • En países como Bolivia y Ecuador se prohibió el uso y tenencia de CM y otros como Brasil, México, Francia, Suecia, Reino Unido y Colombia, entre otros, aunque un poco menos radicales, actúan explicando e informando los riesgos que conlleva la tenencia, transferencia e inversión en estos sistemas, reiterando generalmente que sus monedas de curso legal, son la única unidad monetaria y de cuenta en el país, como lo hizo Colombia e través de comunicados que viene emitiendo con cierta regularidad desde el 2014, el Banco de la República, junto con la prohibición para que los intermediarios del mercado cambiario, fundamentalmente los bancos comerciales, realicen operaciones con el Bitcoin.
  • Igualmente, la Superintendencia Financiera de Colombia viene reiterando desde el mismo 2014 lo indicado por el Banco de la República, anotando entre otros puntos que las CM “(…) no hacen parte de la infraestructura del mercado de valores colombiano, no constituyen una inversión válida para las entidades vigiladas, y tampoco sus operadores se encuentran autorizados para asesorar y/o gestionar operaciones sobre las mismas” (Carta Circular 52 de 2017).
  • Por otra parte, la actividad de minería para la creación de Bitcoins y otras criptomonedas, implica un consumo de energía cada vez más alto, constituyéndose para algunos en una verdadera amenaza ecológica.
  • Tal como se ha insistido en este artículo, la soberanía de los Estados y para este asunto el derecho soberano en que se respalda la creación monetaria, como una medida de política económica, estaría siendo fuertemente afectada al introducirse masivamente el uso y aceptación de las CM descentralizadas, perdiéndose la soberanía monetaria, como ha ocurrido con los países que han dolarizado sus economías, para enfrentar incontrolados procesos inflacionarios en sus monedas, buscando una estabilidad financiera y hacer frente a problemas de credibilidad en sus políticas monetarias.

En términos generales se podría decir que muy a pesar de tantos amigos de las CM, las apuestas optimistas sobre su futuro parecerían exageradas, toda vez que si se toma en cuenta el verdadero impacto que tendría su uso generalizado sobre el manejo económico de cada país y el mercado internacional, su futuro y permanencia en las condiciones actuales no está para nada asegurado.

Personalmente me inclino más por la posición del premio Nobel de Economía del 2001, el profesor Joseph Stigliz, quien refiriéndose al Bitcoin manifestara que esta moneda debería ser prohibida, entre otras razones, porque precisamente una de las principales funciones de los gobiernos es la de crear dinero y al ser una moneda descentralizada, esto es, no ser creada por ningún banco central, en ejercicio del poder soberano que se reconoce a los Estados, carece de cualquier control legal o supervisión.

Por lo tanto, el bitcoin,  como las demás CM, es fuente indiscutible de un importante potencial de operaciones sin control, favoreciendo la elusión, la evasión tributaria y, seguramente, como ya se anotó, el lavado de activos ligado a distintas actividades ilegales y criminales como el narcotráfico, el terrorismo y la misma corrupción, flagelos que golpean dramáticamente al mundo actual.

Para el profesor Stigliz, esta moneda no cumple ninguna función social útil y su precio se estaría fundamentando en lo que mañana podría llegar a ser, pero esa expectativa, claramente incierta, se extinguiría con una reglamentación fuerte en su contra, incluida su misma prohibición.

Como se ha insistido en este escrito, considerando su propia concepción y la falta de acciones efectivas por parte de la mayoría de los Estados, todas las criptomonedas (CM) están por fuera del control legal, permitiendo mantener en el anonimato a delincuentes y a los recursos obtenidos de distintas actividades criminales. De manera que, al no ejercerse ningún control en sus operaciones y menos en su proceso de conversión a divisas o a monedas de curso legal, se está abriendo una puerta inmensa al lavado de activos, tan fuerte o aún más poderosa que la que se encuentra en los denominados paraísos fiscales, dependiendo del crecimiento que este fenómeno pueda llegar a tener.

En las burbujas que comienzan a vislumbrarse en el mercado de las CM, como en otras, los primeros inversores están alcanzando rentabilidades altísimas, pero, desafortunadamente, quienes entran en las etapas de euforia, estimulados por importantes crecimientos de precios, con la ambición mantenerse en una curva de altos rendimientos, se enfrentarán fácilmente a abruptos desplomes en su valor, exponiéndose a sufrir cuantiosas pérdidas y una gran frustración.  Estas situaciones suelen encontrarse en los esquemas de las pirámides que son sostenidos testarudamente por sus interesados, porque aún cuando la debacle se vea venir, continúan vendiendo una perspectiva de continuidad desbordada de sus rentabilidades, buscando exprimir hasta la última gota, antes de que la burbuja se desinfle o en el peor de los casos se estalle y con certeza, quienes seguramente saldrán a tiempo, con grandes utilidades, serán sus propios creadores y algunos expertos que desde el comienzo tenían claro en cual proceso estaban metidos.

Posiblemente, la formación de burbujas de precios ya viene manifestándose con las CM, tal como podría desprenderse del comportamiento volátil y errático del precio del bitcoin que, aunque no tiene un precio oficial, como en el caso de las monedas fiduciarias como el dólar, el yuan o el euro,  su valor se debe verificar a través de algunos índices promedio de su precio que aparecen por internet. Así pues, con el propósito de ilustrar esta situación, podemos recordar que en 2017 su precio partió de US$1.012, registrando inmensas valorizaciones en ese último año, alcanzando un máximo de US$19.830 en diciembre de 2017 y hoy comenzando el mes de febrero de 2018, se está cotizando en menos de US8.100, registrando una pérdida cercana al 60% frente a sus topes de diciembre de 2017.

En todo caso, es muy difícil pronosticar por cuánto tiempo más podrá mantenerse la euforia de los mercados de las monedas virtuales o hasta qué valores podrían llegar sus cotizaciones, pero lo que es innegable es que cada vez más se salen de la lógica económica y la propia racionalidad de los mercados.

No obstante lo anterior, se continúan encontrando diferentes pronósticos que se me antojan desmedidos, donde se dice que el bitcoin llegará pronto a US$50.000, a US$100.000 en 5 años y mucho más. O comentarios como el realizado en 2013 por Peter Thiel, cofundador de PayPal, cuando dijo que el Bitcoin tenía potencial para cambiar el mundo y que podría tomar su lugar como moneda de reserva. En fin, tantas cosas más, como las apreciaciones que escuché en diciembre pasado por YouTube, en una entrevista realizada a un especialista francés, en la que entre otros muchos aspectos, dijo “ … el bitcoin es descentralizado y de alguna manera es la moneda del pueblo, todo es posible, el campo es inmenso y posiblemente un día se pueda dejar de funcionar con las monedas de deuda (las monedas locales de curso legal)…”.

Precisamente, esas expectativas no solamente sobre la evolución del precio del bitcoin, sino además sobre su permanencia en el mercado, incluso por encima de las monedas de curso legal de los distintos Estados, me parecen demasiado optimistas, al tener en cuenta que detrás de las CM no existe un respaldo real y cierto, ya que no se sustentan en ningún elemento sólido, como podría ser un activo real y, por el contrario, responden a una rentabilidad especulativa, cuyo fundamento medular no parece ser otro que la seguridad que les brinda el uso de un innovador método criptográfico, a través de un sistema basado en una cadena de bloques cifrados (blockchain) y complejos algoritmos.

En relación con lo anterior, sus sistemas podrían en cualquier momento ser vulnerados por “criminales cibernéticos”, o, simplemente, su permanencia tan tranquila, sin restricciones efectivas, en la mayoría de países,  podría verse dramáticamente afectada por reglamentaciones estrictas que limiten su operación o incluso las prohíban, normas que potencialmente pueden ser expedidas por las potencias económicas u otros países.

De manera que, es evidente que las CM se encuentran sometidas a eventualidades que, en caso de concretarse, llevarían a esas “burbujas cibernéticas” al más estruendoso estallido, con el agravante que no se contaría con una autoridad central que las controle y/o,  respalde a los participantes y/o, sostenga el sistema, pero, especialmente,  entendiendo su esquema de funcionamiento, sin ningún fundamento real de valor que lo sostenga, como ocurre en otros casos, como por ejemplo en las burbujas accionarias o inmobiliarias, en las que sus damnificados, al finalizar las crisis, en la mayoría de los casos, al menos, podrían esperar que en algún momento se inicie un proceso de recuperación en los precios de esos activos.

El valor de las CM es meramente especulativo, soportado, valga decirlo, en sistema realmente innovador, basado, según sus seguidores,  en características especiales y revolucionarias, como que el precio de estas monedas está sustentado en una escasez similar a las de los metales preciosos, la gradualidad perfectamente prevista para su proceso de creación, el límite en su oferta previamente determinado, el anonimato de los participantes en el mercado, la credibilidad de sus sistemas de encriptación y seguridad, todo esto acompañada de su independencia frente a las autoridades en sus procesos de emisión y registro de movimientos, entre otros tantos refinamientos que según sus defensores, las hacen mejores que las de las monedas de curso legal, emitidas bajo el control de las autoridades monetarias de los distintos Estados del planeta.

Es indudable que las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones, nos han llevado y lo continuarán haciendo, hacia los canales virtuales de pago y el comercio electrónico de bienes y servicios.  Ciertamente, su construcción seguirá consolidándose, pero con divisas y monedas de curso legal, creadas aún con esas nuevas tecnologías o por otras que brinden mayor seguridad, pero, insisto, por los Estados soberanos, ya sea individualmente como hoy normalmente ocurre o en incluso mediante asociaciones políticas de algunos Estados, asunto que es muy diferente a que las llamadas criptomonedas (CM), descentralizadas y sin ningún control legal, logren ser el medio de pago de la economía internacional o sustituyan a las monedas de curso legal de los países, posibilidad que hoy es irreal teniendo en cuenta no solo el funcionamiento del sistema monetario internacional, sino el monopolio normativo que respalda a las monedas de curso legal, las que veo más fortaleciéndose que debilitándose, frente a las CM descentralizadas, dentro de las legislaciones de los distintos Estados.

De todas formas, nada es definitivo, pero considero que hoy, por sus connotaciones sobre el derecho soberano de los distintos Estados en el proceso de creación de sus monedas, monopolio que hace parte de las políticas monetaria y económicas en general de todos los países, es difícil esperar que las CM entren a sustituir realmente como medios de pago y reserva de valor a las divisas actuales y a las monedas de curso legal en los países.

Intentando ser de mente abierta frente a esta problemática, retomemos un asunto ya mencionado tímidamente en este escrito, examinemos una posibilidad que suena un tanto estrambótica y es que el Bitcoin y las demás criptomonedas (CM), además de los riesgos que soportan en relación con la seguridad de sus sistemas como ya ha ocurrido y las normas que surjan contrarias a sus intereses, tengan adicionalmente que enfrentar la posibilidad de competir con una moneda que se constituya con esquemas mejorados, similares a los de las CM, pero adaptados a los controles y necesidades de creación monetaria de los Estados, pero obviamente con el respaldo de un banco central o incluso de una comunidad de bancos centrales, pertenecientes a economías importantes, situación que en caso de suceder, no solo dejaría por fuera a las CM descentralizadas, sino que modificaría el sistema monetario internacional y las convenciones que actualmente lo rigen.

Pero volviendo a lo que actualmente ocurre,  es un hecho que, aunque altamente especulativas y peligrosas para los ahorradores e inversionistas, el bitcoin y las demás CM, hoy son una realidad económica y por lo tanto, dentro de probables reglamentaciones, podrían ser consideradas como una mercancía o un activo que incrementa los patrimonios y por tanto su actividad de minería y su simple posesión, deberían estar en la mira de las autoridades de impuestos, al ser susceptibles de ser gravadas como ganancia de capital y acrecentamiento patrimonial. Asimismo, se presentan interesantes retos para los Estados frente a la necesidad de intervenir esos mercados, para combatir distintos ilícitos que se pueden estar favoreciendo de su opacidad, incluida la lucha contra el lavado de activos y el terrorismo.

En el punto de la tributación de las operaciones con criptomonedas (CM) se abre otra importante discusión que seguramente será respondida por los distintos Estados, siguiendo sus propios intereses de regulación, llegando incluso hasta la misma prohibición, circunstancia que podría darse con facilidad en caso de comprobarse que se han constituido en importantes mecanismos de favorecimiento del crimen organizado.

De la misma forma, un aspecto muy importante que surge de esta problemática, es el impulso que se viene observando en los denominados ICO (Initial Coin Offering – Oferta Inicial de Monedas), por sus siglas en inglés, como mecanismos de recaudo de fondos sustentados en los nuevos blockchain del sistema de las monedas virtuales, ya que igualmente es un fenómeno que hace que los llamados bonos inteligentes que surgen de este concepto,  sean un factor adicional que requiere ser estudiado y analizado con premura por los distintos Estados, toda vez que se necesita  indudablemente la intervención de las distintas autoridades de los países para proteger los recursos de los potenciales inversionistas.

Para intentar explicar mejor el concepto de oferta inicial de monedas (ICO), podría entenderse como la preventa de una nueva moneda virtual a través de una campaña de recaudo de fondos de otras CM. Así la primera ICO importante fue la del Ethereum en el año 2014, cuando el equipo que estaba lanzando Ethereum buscó y logró financiar el desarrollo de su nuevo esquema blockchain, mediante el intercambio de la futura moneda Ethereum por Bitcoins.

A manera de conclusión, frente al fenómeno de las CM se podrían recordar algunos aspectos mencionados a lo largo del escrito, empezando con un examen sobre las características que se le reconocen a la moneda. En primer lugar, aunque una CM cumpliría con la función de unidad de medida de valor, esta característica se queda débilmente allí, porque su constitución como medio de pago general, reconocido y aceptado por los agentes económicos, es realmente muy limitada frente a la que en la actualidad presentan las monedas fiduciarias de curso legal y las divisas utilizadas en el mercado internacional.

Lo precedentemente anotado, ocurre, precisamente, por todos los factores de riesgo comentados, como por ejemplo la inestabilidad en su valor, la potencial vulnerabilidad de su seguridad en el campo cibernético, el riesgo que conlleva el anonimato de sus participantes sin el control de las autoridades, su evidente debilidad de respaldo al no contar con un ente conocido, notable y de peso que responda por las fallas en sus esquemas de creación y transacción, paradójicamente, tanto la ausencia de reglamentación como  la posibilidad de implementarse una normativización que podría llegar hasta su prohibición generalizada, son aspectos que no solamente ponen en grave duda su capacidad como un activo adecuado de medio de pago, sino como depósito de valor, dada su demostrada alta volatilidad y el contexto especulativo en que se desenvuelven, situaciones que generan una clara tendencia a la formación de burbujas especulativas que, al desinflarse o estallarse, dejarán a sus participantes sin ningún activo real de respaldo, que al menos les permita mantener la esperanza de alguna recuperación como ocurre en los mercados accionarios e inmobiliarios.

Por lo anterior, a pesar de las críticas y la necesidad de mejores manejos en muchas de las políticas que soportan la credibilidad de las monedas fiduciarias, emitidas por los bancos centrales y respaldadas por los distintos Estados,  es evidente que las monedas de curso legal en los países y las divisas hoy aceptadas en las transacciones internacionales, son claramente más fuertes que las criptomonedas.

Finalmente, no es de esperarse la aceptación generalizada de las CM por parte de las potencias económicas, por lo que podrían venir regulaciones fuertes en el tratamiento jurídico de estos activos, ya que al final los países buscarán proteger los intereses de sus economías, incluida la estabilidad financiera que podría verse afectada por la volatilidad observada en el valor del bitcoin y otras CM, circunstancias que están por venir y que seguramente repercutirán en el curso, credibilidad y permanencia de estos nuevos activos especulativos en todo el planeta.

José Alfredo Moncayo Arenas

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